PARTE 2: EL NOVIO PERFECTO

La sala quedó completamente inmóvil.

La novia miró la fotografía.

Luego al hombre que tenía delante.

Después volvió a mirar la pantalla.

Las tres imágenes mostraban exactamente el mismo rostro.

El mismo hombre.

El mismo traje elegante.

La misma sonrisa tranquila.

Solo cambiaban los nombres.

—No… —susurró ella—. Eso es imposible.

El hombre sonrió una vez más.

Pero esta vez no había calidez en aquella expresión.

Solo cálculo.

La capitana dio un paso adelante.

—Aleje las manos de la mesa.

Él obedeció lentamente.

Sin discutir.

Como si hubiera previsto aquel momento.

Uno de los agentes esposó sus muñecas.

La novia seguía inmóvil.

—¿Quién eres?

Él la miró por primera vez desde que llegaron los policías.

—Alguien que estuvo a punto de darte una vida perfecta.

Ella retrocedió horrorizada.

—¡No te conozco!

La capitana tomó la palabra.

—Eso es exactamente lo que creemos.

Todos giramos hacia ella.

Abrió otra carpeta.

—Su verdadero nombre no es David Chen.

Tampoco es Wei Lin.

Ni Hao Zhang.

Cada matrimonio fue registrado con una identidad diferente.

El hombre permanecía en silencio.

El técnico seguía analizando la caja de tinta.

De pronto levantó la vista.

—Capitana…

—¿Qué ocurre?

—Encontré otra sustancia.

Su expresión se volvió mucho más seria.

—No solo provoca pérdida de conciencia.

También contiene un compuesto que acelera la absorción por contacto.

Miró directamente a la novia.

—Con la cantidad utilizada aquí…

Hizo una pausa.

—Habría perdido el conocimiento antes de abandonar el edificio.

La joven comenzó a llorar.

—¿Y después?

Nadie respondió enseguida.

Finalmente la capitana habló.

—Eso intentamos descubrir desde hace dos años.

El silencio volvió a llenar la oficina.

Uno de los agentes recibió una llamada por radio.

Escuchó unos segundos.

Después caminó rápidamente hacia la capitana.

—Encontramos el vehículo.

Ella levantó la cabeza.

—¿Dónde?

—En el estacionamiento subterráneo.

El agente respiró hondo.

—Hay una ambulancia privada con placas falsas.

Todos sentimos un escalofrío.

La capitana miró al detenido.

—¿Planeabas sacarla del Registro Civil fingiendo una emergencia médica?

Él sonrió levemente.

No respondió.

Aquella sonrisa fue suficiente.

Los agentes salieron corriendo hacia el estacionamiento.

Mientras tanto, el técnico seguía revisando la caja de madera.

La abrió completamente.

Introdujo una pequeña cámara flexible en el doble fondo.

Su rostro cambió.

—Aquí hay algo más.

Extrajo un diminuto compartimento oculto.

Dentro aparecieron tres objetos.

Un anillo de matrimonio.

Un pendiente de diamantes.

Y una memoria microSD.

La capitana tomó la tarjeta con extremo cuidado.

—Llévenla al laboratorio inmediatamente.

Uno de los especialistas insertó la memoria en un lector portátil.

Aparecieron decenas de carpetas.

Cada una llevaba el nombre de una mujer.

Fotografías.

Copias de pasaportes.

Contratos.

Análisis médicos.

Y videos.

La novia llevó una mano a la boca.

—¿Eso… qué es?

Nadie contestó.

Porque el primer video acababa de comenzar.

En la pantalla aparecía una mujer con vestido de novia.

Sonreía frente a una mesa de Registro Civil.

Exactamente igual que unos minutos antes.

Después colocaba su huella sobre un documento.

Dos minutos más tarde comenzaba a tambalearse.

El hombre la sostenía con aparente preocupación.

Los empleados pensaban que se había desmayado por los nervios.

Él la sacaba del edificio abrazándola.

El video terminaba allí.

El siguiente mostraba exactamente la misma escena.

Y el siguiente.

Y otro más.

La capitana cerró lentamente la computadora.

—Ya sabemos cómo desaparecían.

La novia rompió a llorar.

Yo seguía inmóvil detrás de mi escritorio.

Pensando que, si hubiera ignorado aquel olor por miedo a equivocarme…

Ella habría sido la cuarta.

En ese instante sonó el teléfono de la capitana.

Contestó.

Escuchó apenas unos segundos.

Su expresión cambió de inmediato.

—¿Está seguro?

Colgó lentamente.

Nos miró a todos.

—Acaban de identificar la ambulancia.

Hizo una pausa.

—No pertenece a ninguna empresa médica.

Los documentos encontrados dentro indican que fue adaptada como laboratorio móvil.

Uno de los agentes preguntó en voz baja.

—¿Laboratorio para qué?

La capitana abrió el último informe recibido desde la central.

Leyó una sola línea.

Después levantó la vista hacia el detenido.

—Las tres mujeres desaparecidas nunca fueron vendidas.

Nunca pidieron rescate.

Nunca abandonaron el país.

Respiró profundamente.

—Todo indica que fueron utilizadas para obtener muestras biológicas compatibles con un paciente extremadamente rico.

La oficina quedó en silencio absoluto.

Pero el detenido, que no había pronunciado una sola palabra desde que fue esposado…

Sonrió por primera vez con auténtica satisfacción.

Y dijo una única frase.

—Llegaron demasiado tarde.

Porque la cuarta receptora… ya recibió el trasplante esta mañana.

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