PARTE 2 — EL NOVIO NO SABÍA TODA LA VERDAD

Gabriel no respondió de inmediato.

Escuchó a su hija llorar al otro lado de la llamada.

Detrás de ella se oían voces alteradas.

Alguien discutía con el administrador de la hacienda.

Otro exigía que regresara el grupo musical.

El fotógrafo ya estaba guardando sus cámaras.

—Papá, por favor…

La voz de Daniela se quebró.

—Todos nos están viendo.

Gabriel respiró hondo.

—Yo también fui visto hoy, hija.

Miró por la ventana de su casa.

—Solo que a mí me dejaron afuera.

Colgó.

No dijo una palabra más.


A la mañana siguiente, Rebeca llegó con varias carpetas.

—Revisé todos los pagos.

Las colocó sobre la mesa.

—Hay algo que no entiendo.

Gabriel levantó la vista.

—¿Qué pasa?

—Hace tres meses empezaron a aparecer facturas que usted nunca autorizó personalmente.

Él frunció el ceño.

—Pensé que Daniela las aprobaba.

—Sí.

Rebeca abrió otra carpeta.

—Pero muchas fueron modificadas después.

Sacó varias copias.

—El salón original era más económico.

También el banquete.

Y las flores.

Gabriel comenzó a revisar los documentos.

Cada cambio incrementaba el costo.

Miles de pesos.

Luego cientos de miles.

Hasta llegar a una diferencia enorme.

—¿Quién pidió todo esto?

Rebeca señaló una firma.

—Todas las solicitudes llevan la autorización de Daniela.

Gabriel guardó silencio.

No por el dinero.

Sino porque nunca imaginó que su hija hubiera ocultado tantos cambios.

En ese momento sonó el timbre.

Era Iván.

El novio.

Tenía el traje arrugado, los ojos rojos y una expresión completamente distinta a la de la noche anterior.

—¿Podemos hablar?

Gabriel lo dejó pasar.

Iván permaneció de pie.

—Vine a pedirle perdón.

Gabriel no respondió.

El joven respiró profundamente.

—Yo no sabía que le habían prohibido entrar.

Gabriel levantó lentamente la mirada.

—¿Qué?

—Cuando lo vi desde la entrada pensé que usted había decidido irse.

Sacó su teléfono.

—Anoche descubrí algo.

Buscó una conversación.

—Daniela me enseñó mensajes suyos durante meses.

Gabriel tomó el celular.

Las capturas mostraban supuestos mensajes donde él insultaba a Iván.

Lo llamaba interesado.

Manipulador.

Y aseguraba que nunca aceptaría el matrimonio.

Gabriel sintió un escalofrío.

—Yo jamás escribí esto.

Iván asintió lentamente.

—Ahora lo sé.

Sacó otro teléfono.

—Anoche revisé el celular de Daniela mientras dormía.

Abrió la conversación original.

No coincidía.

Los mensajes habían sido editados antes de enviárselos.

Algunos incluso nunca existieron.

Gabriel dejó el teléfono sobre la mesa.

—¿Por qué haría algo así?

Iván bajó la cabeza.

—Porque ella me dijo que usted quería cancelar la boda desde el principio.

Respiró con dificultad.

—Y a usted le dijo que yo quería alejarla de su familia.

El silencio llenó la sala.

Gabriel comprendió que llevaba meses viviendo dentro de una historia fabricada.

Entonces Iván añadió algo más.

—Hay otra cosa.

Sacó un sobre blanco.

—Anoche encontré esto entre los documentos de la boda.

Dentro había un contrato.

Gabriel reconoció inmediatamente el membrete.

Era de una empresa organizadora de eventos.

En la última página aparecía una cláusula resaltada.

“Por solicitud expresa de la contratante, el señor Gabriel Montes no podrá ingresar al evento bajo ninguna circunstancia. Cualquier incumplimiento generará una penalización económica.”

Debajo figuraba una única firma.

Daniela Montes.

Gabriel cerró los ojos.

No había sido una decisión tomada en un momento de enojo.

Había sido planeada con semanas de anticipación.

Iván permaneció en silencio unos segundos.

Luego dijo una frase que dejó a Gabriel completamente inmóvil.

—Hay algo que usted todavía no sabe.

Gabriel abrió los ojos.

—¿Qué cosa?

Iván tragó saliva.

—La persona que convenció a Daniela de hacer todo esto… no fui yo.

Hizo una pausa.

—Fue alguien que lleva años diciéndole que usted tuvo la culpa de la muerte de su mamá.

El rostro de Gabriel perdió todo el color.

Porque esa era una mentira que solo una persona en el mundo había repetido durante años.

La hermana mayor de Clara.

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