Me quedé mirando aquella fotografía.
La mujer tenía mis ojos.
Mi nariz.
Incluso el pequeño lunar junto a la ceja.
—¿Quién es ella? —pregunté.
El señor Lu no respondió inmediatamente.
Nathan seguía sujetando mi manga.
—Papá —dijo de pronto—. Emma se parece a mamá.
El rostro del señor Lu se endureció.
—Nathan, ve con el mayordomo.
El niño negó con la cabeza.
—Quiero quedarme con Emma.
Aquella frase pareció afectarlo todavía más.
Finalmente, el hombre cerró la puerta.
—La mujer de la fotografía se llamaba Evelyn Su.
Mi corazón dio un vuelco.
—¿Su?
—Sí.
Sacó la fotografía de la pared.
—Era la madre de Nathan.
Miré nuevamente aquel rostro.
—¿Dónde está?
—Desapareció hace cuatro años.
—¿Desapareció?
—Poco después de que Nathan naciera.
El señor Lu me observó con una intensidad incómoda.
—Durante años creímos que había muerto.
—¿Y ahora?
Sus ojos se clavaron en los míos.
—Ahora aparece una mujer con su mismo apellido, prácticamente su mismo rostro y exactamente la formación médica que ella tenía.
Retrocedí.
—No sé nada de esa mujer.
—Entonces tendremos que averiguar por qué se parece tanto a usted.
Aquella misma tarde llamé a mi padre.
—Papá, ¿conoces a una mujer llamada Evelyn Su?
Silencio.
—¿Dónde escuchaste ese nombre?
La reacción fue demasiado rápida.
—Entonces sí la conoces.
—Emma, abandona ese trabajo.
Me incorporé.
—¿Por qué?
—¡Haz lo que te digo!
Y colgó.
Esa noche comprendí que mi parecido con Evelyn no era ninguna coincidencia.
Pero antes de poder investigar, recibí una llamada del hospital.
Mi madre había despertado.
Corrí hasta allí.
Cuando entré en su habitación, estaba débil, pero consciente.
Me senté junto a ella.
—Mamá, necesito preguntarte algo.
Le mostré la fotografía de Evelyn.
Su rostro perdió inmediatamente el color.
—¿Dónde encontraste eso?
—En casa de la familia Lu.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Emma…
—¿Quién es?
Mi madre cerró los ojos.
—Tu hermana mayor.
Sentí que el suelo desaparecía.
—¿Mi hermana?
—Evelyn nació antes que tú. Cuando eras pequeña, ocurrió algo dentro de nuestra familia. Tu padre decidió borrar prácticamente toda referencia a ella.
—¿Por qué?
Mi madre comenzó a llorar.
—Porque Evelyn descubrió algo que nunca debía descubrir.
Antes de que pudiera continuar, la puerta se abrió.
Mi padre estaba allí.
Y detrás de él aparecieron Vanessa y Ryan.
Vanessa me miró con desprecio.
—Así que aquí estabas.
Ryan frunció el ceño.
—Emma, regresa con nosotros. Tu padre dijo que estás trabajando como niñera.
Me puse de pie.
—Ya no tienes derecho a preguntarme nada.
Vanessa sonrió.
—No seas ridícula. ¿Crees que cuidar al hijo de algún rico te convierte en alguien importante?
Entonces una voz fría sonó detrás de ellos.
—Sí.
Todos se volvieron.
El señor Lu estaba en la puerta.
Nathan sostenía su mano.
Ryan palideció al reconocerlo.
—Señor Lu…
Mi padre también cambió de expresión.
El señor Lu ignoró a ambos.
Caminó hacia mi cama y colocó una carpeta frente a mí.
—Encontramos los registros que pidió mi abogado.
Mi padre dio un paso adelante.
—¡No tienes derecho!
Aquella reacción confirmó todo.
Abrí la carpeta.
Había documentos antiguos.
Fotografías.
Registros médicos.
Y una prueba que relacionaba a Evelyn conmigo.
Levanté lentamente la cabeza.
—Era realmente mi hermana.
Mi padre guardó silencio.
Entonces Nathan soltó la mano de su padre.
Caminó hacia mí.
Vanessa intentó apartarse cuando el niño pasó junto a ella.
Nathan llegó hasta mi silla y me abrazó.
Todos quedaron inmóviles.
El pequeño enterró el rostro contra mí.
—Mamá.
Sentí que se me detenía el corazón.
El señor Lu también quedó paralizado.
—Nathan —susurré—. Yo no soy tu mamá.
El niño apretó más los brazos.
—Lo sé.
Levantó los ojos.
—Pero tú me cuidas como ella.
No pude contener las lágrimas.
Y entonces comprendí algo.
No me estaban pagando setenta mil dólares porque aquel niño fuera difícil.
Me pagaban porque ninguna cantidad había conseguido devolverle la seguridad que había perdido.
Me arrodillé frente a él.
—No puedo reemplazar a tu mamá.
Nathan asintió.
—Entonces quédate como Emma.
Sonreí entre lágrimas.
—Eso sí puedo hacerlo.
Detrás de nosotros, mi padre intentó marcharse.
El señor Lu bloqueó la puerta.
—Todavía no.
Su voz se volvió helada.
—Su hija Evelyn desapareció cuatro años atrás.
Colocó otro documento sobre la mesa.

—Y parece que usted fue la última persona de su familia que la vio antes de desaparecer.
Mi padre palideció.
Vanessa dejó de sonreír.
Y yo comprendí que aquel empleo no había aparecido en mi vida para salvar únicamente a mi madre.
También me había llevado directamente hasta la verdad que mi familia llevaba cuatro años intentando enterrar.