Adrian permaneció inmóvil mientras el vehículo se alejaba.
El sonido del motor desapareció, pero él seguía mirando la calle como si pudiera despertar de una pesadilla.
Su teléfono volvió a sonar.
Era Vanessa.
Contestó automáticamente.
—¿Ya terminaste? —preguntó ella con entusiasmo—. Mamá ya eligió nuestra villa en Emerald Bay. También quiere reservar el salón para anunciar el embarazo.
Adrian no respondió.
—¿Adrian?
Él tragó saliva.
—Creo… creo que cometí un error.
Mientras tanto, Marcus me entregó una carpeta de cuero negro.
—Señora Sinclair, el consejo está reunido desde hace dos horas.
Abrí el expediente.
El primer documento llevaba un título sencillo.
Adquisición de Blake Industries.
El segundo.
Informe financiero confidencial.
Pasé las páginas lentamente.
La sonrisa apareció sin que pudiera evitarlo.
Durante tres años, Blake Industries había presumido beneficios históricos.
En realidad, llevaba dieciocho meses sobreviviendo gracias a créditos puente, refinanciaciones y contratos que yo había conseguido personalmente.
Después del divorcio, tres bancos ya habían suspendido nuevas líneas de financiación.
Dos proveedores internacionales acababan de cancelar suministros.
Y el principal proyecto inmobiliario dependía de una sola firma.
La mía.
Marcus habló con calma.
—Si usted no interviene, la empresa será insolvente en menos de treinta días.
Cerré la carpeta.
—¿Cuánto cuesta comprarla?
—Mucho menos de lo que vale.
Miré por la ventana.
—Esperaremos.
Marcus comprendió inmediatamente.
—Quiere que el precio siga cayendo.
Asentí.
—Todavía no ha aprendido nada.
Al mismo tiempo, Adrian llegó a la mansión de su madre.
Doña Patricia abrió la puerta sonriendo.
—¡Por fin! Vanessa está arriba viendo los planos de la casa nueva.
Él permaneció inmóvil.
—Mamá…
—¿Qué pasa?
—Elena pertenece al Grupo Sinclair.
La sonrisa desapareció.
—¿Qué acabas de decir?
Vanessa bajó las escaleras justo en ese momento.
—¿Quién pertenece a qué?
Adrian dejó caer las llaves sobre la mesa.
—Era la heredera del Grupo Sinclair.
Las dos mujeres quedaron completamente paralizadas.
Después Patricia soltó una carcajada.
—No seas ridículo.
—Es verdad.
Sacó el teléfono y mostró la fotografía que había tomado a escondidas del director legal inclinándose ante mí.
Vanessa comenzó a ponerse pálida.
Patricia negó con la cabeza.
—Eso cambia nada.
—¿Nada?
Adrian casi gritó.
—¡Ellos están comprando nuestra empresa!
El salón quedó en silencio.
Esa misma tarde entré por primera vez en la sede central del Grupo Sinclair después de tres años.
Los empleados se levantaron al mismo tiempo.
—Bienvenida, señora Sinclair.
Caminé directamente hacia la sala del consejo.
Doce directores esperaban de pie.
El presidente ejecutivo sonrió.
—Por fin ha regresado.
Tomé asiento en la cabecera.
—Empecemos.
El director financiero proyectó varios gráficos.
—Nuestra oferta por Blake Industries puede ejecutarse en cualquier momento.
—¿Situación actual?
—Liquidez crítica.
—¿Deudas?
—Más de lo que el mercado imagina.
—¿Valor real?
—Cayendo cada hora.
Los consejeros esperaban mi decisión.
Cerré la carpeta lentamente.
—No compraremos todavía.
Todos se miraron entre sí.
—¿Señora?
—Quiero que crean que todavía pueden salvarse.
Marcus sonrió discretamente.
Ya entendía el plan.
Cuando alguien todavía conserva esperanza…
Siempre comete errores más caros.
Esa noche, Adrian reunió de urgencia a toda la dirección de Blake Industries.
Los ejecutivos hablaban nerviosos.
—El Banco Oriental acaba de congelar un crédito.
—El proveedor francés exige pago anticipado.
—Los auditores piden explicaciones.
Adrian golpeó la mesa.
—¡Todo se resolverá!
En ese momento, la secretaria entró corriendo.
—Director Blake…
—¿Qué ocurre ahora?
La mujer respiraba con dificultad.
—La señorita Vanessa está aquí.
Dice que necesita hablar con usted inmediatamente.
Vanessa irrumpió llorando.
Traía varios sobres médicos en la mano.
—Adrian…
Él corrió hacia ella.
—¿Qué pasó?
Vanessa rompió a llorar.
—El hospital… el hospital volvió a hacer las pruebas.
Le entregó el informe.
Adrian leyó la primera página.
Su expresión cambió por completo.
Levantó lentamente la vista.
—¿Qué significa esto?
Vanessa dio un paso atrás.

—Yo…
Adrian apretó el informe con tanta fuerza que el papel comenzó a romperse.
Porque el resultado del laboratorio era claro.
La prueba genética demostraba que el bebé que esperaba Vanessa… no era hijo suyo.