No colgué de inmediato.
Durante varios segundos permanecí mirando el cristal de la habitación mientras Lily respiraba con dificultad bajo el efecto de los sedantes.
Aquella niña había sido la razón por la que enterré al Coronel Fantasma.
Y ahora era la razón por la que estaba dispuesto a desenterrarlo.
—Señor —dijo Reyes con voz firme—. Todos seguimos localizables.
—¿Cuánto tiempo?
—Treinta minutos.
Asentí sin darme cuenta de que él no podía verme.
—No quiero venganzas.
Hubo un breve silencio.
—Quiero la verdad.
—Entendido.
—Y una cosa más.
—Diga.
—Todo dentro de la ley.
Reyes soltó una respiración lenta.
—Eso hará las cosas más difíciles.
—Nunca dije que fueran fáciles.
Colgué.
Cinco minutos después entró la detective asignada por la policía municipal.
No era la investigadora del campus.
Era una mujer de unos cincuenta años llamada Susan Harper.
Traía un expediente muy delgado.
Demasiado delgado.
—Coronel Walker…
—Solo Daniel.
Ella negó suavemente.
—Leí su historial militar antes de venir.
No respondí.
—Sé quién fue usted.
La observé con atención.
No parecía comprada.
Parecía cansada.
—¿Qué encontró?
Susan abrió la carpeta.
—Los tres estudiantes declararon exactamente lo mismo.
—¿Qué dijeron?
—Que nunca vieron a su hija.
Levanté una ceja.
—Los tres usaron las mismas cuarenta y dos palabras.
Ella deslizó tres hojas sobre la mesa.
Las declaraciones eran idénticas.
Incluso los errores de puntuación coincidían.
—Las escribieron para ellos.
Susan asintió.
—Eso pienso.
Entonces dejó otra fotografía frente a mí.
Era el estacionamiento del edificio de ciencias.
Vacío.
—Las cámaras dejaron de grabar exactamente a las diez cuarenta y ocho.
—¿Y volvieron?
—A las once cincuenta y tres.
Miré la hora.
Lily había sido encontrada a las once cuarenta y siete.
Cinco minutos antes de que el sistema regresara.
Demasiada precisión.
Mi teléfono vibró.
Un mensaje.
Reyes.
“Chen ya está dentro del servidor universitario.”
Cinco segundos después llegó otro.
“Las cámaras nunca fallaron.”
Respiré despacio.
Susan seguía observándome.
—¿Qué ocurre?
Guardé el teléfono.
—Alguien borró las grabaciones.
Ella cerró los ojos.
—Lo imaginaba.
Antes de que pudiera responder, otro mensaje apareció.
“Encontramos cuatro copias de seguridad.”
Después otro.
“Una fue descargada hace tres horas desde la oficina del rector.”
Luego otro.
“Destino final: despacho jurídico Whitmore & Associates.”
Susan leyó mi expresión.
—Encontró algo.
—Tal vez.
Mi teléfono volvió a vibrar.
Esta vez era Kane.
Solo escribió una línea.
“Los tres muchachos no actuaron solos.”
Sentí un escalofrío.
“Hay un cuarto hombre.”
“Adulto.”
“Entró al campus treinta y siete minutos antes del ataque.”
“Salió doce minutos después.”
“Conduce un SUV registrado a nombre de Cole Construction.”
Levanté lentamente la vista.
La detective seguía esperando.
—Detective Harper…
—¿Sí?
—¿Qué pasaría si esto nunca hubiera sido una pelea entre estudiantes?
Ella frunció el ceño.
—¿Qué está insinuando?
Antes de responder llegó el último mensaje.
Una fotografía.
Un hombre de traje descendiendo del SUV.
Al ampliar la imagen sentí cómo todo el cuerpo se tensaba.
No era un guardaespaldas.
No era un abogado.
Lo conocía.
Había servido conmigo veinte años atrás.

Era un antiguo oficial de inteligencia militar.
Un hombre que jamás debía aparecer trabajando para una familia como los Whitmore.
Y debajo de la fotografía, Reyes escribió solo cinco palabras:
“Esto acaba de cambiar todo.”