PARTE 2: El hombre al que Marcus jamás debió menospreciar

—Señor Nathaniel Hayes.

El nombre de mi padre atravesó el salón.

Marcus se quedó inmóvil.

Beatrice miró a Richard Sterling y después a papá.

—¿Hay algún problema?

Richard pareció no escucharla.

—Señor Hayes, le debo una disculpa.

Papá permaneció sereno.

—No tiene que disculparse por decisiones que no tomó usted.

Aquello hizo que Marcus palideciera todavía más.

—Señor Sterling —intervino—, creo que existe una confusión. El padre de Valerie está jubilado.

Richard finalmente lo miró.

—¿Jubilado?

Soltó una risa breve.

—Marcus, Hayes Capital controla uno de los fondos privados más importantes con los que nuestra compañía está negociando.

El silencio fue absoluto.

Yo también miré a papá.

Nunca hablaba de sus inversiones.

Después de vender su primera empresa, había pasado años manteniéndose lejos de cámaras y titulares.

Beatrice intentó recuperar la compostura.

—Bueno, entonces somos prácticamente gente del mismo círculo.

Papá la miró.

—No.

Una sola palabra.

—Mi hija no pertenece a ningún círculo donde una familia considere su sueldo parte de la dote.

Beatrice enrojeció.

Marcus se volvió hacia mí.

—Valerie, podríamos hablar esto en privado.

Dejé el anillo sobre la mesa.

—Tuviste años para hablar conmigo en privado.

—Mi madre solo estaba explicando nuestras costumbres.

—Y tú me agarraste para obligarme a aceptarlas.

No levanté la voz.

No hacía falta.

Marcus miró desesperadamente a Richard.

—Señor Sterling, esto es un asunto familiar.

—Correcto —respondió Richard—. Por eso no voy a intervenir en su relación.

Marcus respiró aliviado.

Demasiado pronto.

Richard añadió:

—Pero mañana sí hablaré contigo sobre un asunto profesional.

—¿Cuál?

—La propuesta de adquisición Northbridge.

Marcus se quedó blanco.

Conocía aquel nombre.

Llevaba casi un año trabajando en esa operación.

Si salía adelante, podía convertirlo en vicepresidente.

Richard miró a mi padre.

—Hay algo que Marcus aparentemente desconoce.

Papá suspiró.

—Richard.

—Creo que debería saberlo.

Richard se volvió hacia Marcus.

—El propietario mayoritario de Northbridge es Hayes Capital.

Marcus me miró como si acabara de verme por primera vez.

—Valerie… ¿tú sabías esto?

—No.

Y era verdad.

Papá jamás había mezclado su dinero con mi relación.

Precisamente porque quería saber qué clase de hombre era Marcus cuando creyera que yo no podía ofrecerle nada.

Ahora teníamos la respuesta.

Beatrice cambió inmediatamente de tono.

—Nathaniel, creo que todo esto se ha malinterpretado.

—No me llame Nathaniel.

La sonrisa desapareció de su rostro.

Papá tomó su chaqueta.

—Valerie decide con quién se casa. Yo jamás compraría esa decisión.

Después miró el anillo sobre la mesa.

—Pero parece que ya decidió.

Marcus se acercó.

—Valerie, espera.

Retrocedí.

—La firma civil queda cancelada.

—¡No puedes destruir cuatro años por una discusión!

—No fueron tus palabras las que terminaron esto.

Lo miré directamente.

—Fue descubrir que estabas de acuerdo.

Salí del salón con mis padres.

Pensé que aquella era toda la historia.

Me equivocaba.

A la mañana siguiente Richard llamó personalmente.

—Valerie, necesito preguntarte algo.

—¿Qué ocurre?

—Marcus presentó hace seis semanas cierta documentación durante las negociaciones con Northbridge.

Sentí una inquietud inmediata.

—¿Qué documentación?

Hubo una pausa.

—Una declaración sobre activos que supuestamente quedarían bajo administración conjunta después de vuestro matrimonio.

Me quedé helada.

—Nunca firmé nada parecido.

—Eso temía.

Una hora después estaba en la oficina de mi padre.

Sobre la mesa había una copia.

Mi nombre aparecía junto al de Marcus.

Y debajo había una firma extraordinariamente parecida a la mía.

Pero el documento contenía algo que hizo que mi padre dejara de respirar.

Entre los bienes futuros declarados aparecía una participación de Hayes Capital que supuestamente recibiría al casarme.

—Papá, ¿qué significa esto?

Él no respondió inmediatamente.

Abrió su caja fuerte y sacó un sobre cerrado.

Mi nombre estaba escrito en él.

—Pensaba entregártelo después de tu boda.

Dentro había documentos de un fideicomiso creado por mi difunta abuela.

A los treinta años, yo recibiría una participación importante en Hayes Capital.

Cumplía treinta en dos meses.

Marcus había intentado comprometer como garantía un patrimonio que ni siquiera yo sabía que iba a heredar.

—¿Cómo podía saberlo? —susurré.

Papá levantó lentamente la mirada.

—Solo cuatro personas conocían este fideicomiso.

—¿Quiénes?

Mencionó al abogado familiar.

A mi madre.

A él mismo.

Después guardó silencio.

—¿Y la cuarta?

La expresión de mi padre cambió.

—Beatrice.

Sentí que el aire desaparecía.

—¿La madre de Marcus?

Papá asintió.

—Porque hace veintiocho años, antes de convertirse en Beatrice Hale…

Empujó hacia mí una fotografía antigua.

Mi abuela aparecía junto a una jovencísima Beatrice.

—Ella trabajaba para nuestra familia.

Y en el reverso de la fotografía mi abuela había escrito una advertencia:

“Si algún día Beatrice vuelve a acercarse a Valerie, no permitas que firme nada.”

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