Derek sintió un escalofrío.
—¿Quién demonios es Calvin Rhodes para darte órdenes?
No respondí.
Solo mantuve el teléfono junto al oído.
La voz grave de Calvin sonó con absoluta serenidad.
—Marissa, necesito que pongas el altavoz.
Lo hice.
Toda la habitación quedó en silencio.
El monitor de Holly seguía marcando aquel ritmo lento que me recordaba por qué seguía de pie.
—Señor Rhodes —dijo Derek con una sonrisa forzada—. Esto es un asunto familiar.
—No —respondió Calvin—. Es un asunto fiduciario.
Vanessa frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Calvin continuó.
—Hace nueve años, cuando falleció la señora Eleanor Hayes, constituyó un fideicomiso irrevocable para su nieta Holly.
Derek dejó de sonreír.
—¿Qué?
—Los fondos para educación, salud y patrimonio pertenecen exclusivamente a Holly.
Mi esposo negó con la cabeza.
—Eso no puede ser.
—Marissa heredó ese dinero.
—Marissa heredó la administración.
La diferencia era enorme.
Calvin habló despacio.
—Ningún cónyuge tiene derecho sobre esos activos.
—Ningún tribunal puede dividirlos en un divorcio.
—Y cualquier intento de apropiación constituye fraude fiduciario.
Vanessa dio un paso atrás.
—Derek…
Él empezó a ponerse nervioso.
—Solo pregunté por el dinero.
—Nunca lo tomé.
Calvin respondió inmediatamente.
—No exactamente.
Escuché unas hojas moverse al otro lado de la línea.
—Hace cuarenta y ocho horas alguien presentó una solicitud electrónica para obtener acceso al fideicomiso utilizando las credenciales del señor Derek Collins.
Sentí cómo Derek dejaba de respirar.
Yo nunca le había contado aquello.
Porque nunca imaginé que intentaría tocar el dinero destinado a nuestra hija.
—Eso es imposible… —balbuceó.
—No.
Calvin fue implacable.
—Tenemos la dirección IP.
—La grabación de seguridad.
—Y la firma digital utilizada durante el intento.
Vanessa miró a Derek completamente pálida.
—¿Intentaste sacar el dinero?
Él no respondió.
El silencio fue suficiente.
Entonces Calvin añadió algo más.
—Después de recibir la alerta, activamos automáticamente la cláusula de protección.
—¿Qué cláusula?
—Todos los movimientos financieros vinculados al señor Collins fueron notificados a los abogados del fideicomiso y al consejo de administración de Collins Medical Holdings.
Derek abrió mucho los ojos.
—¿Mi empresa?
—Usted es director financiero.
—Intentar apropiarse del patrimonio protegido de una menor constituye una violación ética que su empresa está obligada a investigar.
El teléfono de Derek comenzó a vibrar.
Una llamada.
Luego otra.
Después otra más.
Sacó el móvil con manos temblorosas.
En la pantalla aparecía el nombre del presidente del consejo.
No contestó.
Sonó nuevamente.
Esta vez era el director jurídico.
Vanessa empezó a llorar.
—Derek…
—Dijiste que todo estaba bajo control.
Él seguía mirando el teléfono.
Como si pudiera detener el tiempo.
Entonces el doctor Patel abrió la puerta.
Traía una carpeta azul.
—Señora Collins.
Me giré inmediatamente.
—Conseguimos una plaza.
Mi corazón se detuvo.
—¿Dónde?
—En el ensayo clínico de Boston.
—El equipo aceptó revisar el caso de Holly esta misma noche.
Miré a mi hija.
Apreté suavemente su pequeña mano.
El doctor sonrió.
—Ahora tenemos una oportunidad.
Por primera vez en semanas sentí algo parecido a la esperanza.
Derek dio un paso hacia mí.
—Marissa…
Lo miré sin emoción.
—No vuelvas a pronunciar el nombre de nuestra hija.
Me acerqué a Holly.

Le acomodé el conejo de peluche entre los brazos.
Y mientras detrás de mí el teléfono de Derek seguía sonando sin descanso, comprendí que el hombre que acababa de renunciar a la vida de su hija por dinero…
Estaba a punto de perder mucho más que una cuenta bancaria.