Parte 2: El escritorio vacío

A las dos y cuarenta y cinco de la tarde.

Un Mercedes-Maybach negro se detuvo lentamente frente al edificio del Grupo Gu.

La lluvia había cesado.

El suelo todavía brillaba bajo la luz del sol de la tarde.

Gu Xing descendió del automóvil acompañado por varios directivos. Vestía un traje azul oscuro perfectamente planchado y caminaba con la misma serenidad que había hecho de él el presidente más joven del grupo.

Nadie imaginaba que apenas veinticuatro horas antes había firmado su divorcio.

Para él…

Aquello ya era un asunto terminado.

—¿Está preparado el informe del tercer trimestre? —preguntó mientras entraba al vestíbulo.

—Sí, presidente Gu.

—¿Y la reunión con el departamento financiero?

—Empieza dentro de cuarenta minutos.

Asintió sin detener el paso.

Cuando las puertas del ascensor comenzaron a cerrarse, una secretaria comentó sonriendo:

—Presidente Gu, la señorita Lin seguramente ya dejó listo todo el material de la reunión.

Gu Xing respondió casi por instinto.

—Ella nunca olvida esos detalles.

La frase salió de forma completamente natural.

Solo unos segundos después frunció ligeramente el ceño.

Como si acabara de recordar algo.

Pero el ascensor ya seguía subiendo.

Piso cuarenta y dos.

Las puertas se abrieron.

Todos los empleados se pusieron de pie.

—Buenas tardes, presidente Gu.

Él respondió con un leve movimiento de cabeza y caminó directamente hacia la oficina principal.

Sin embargo…

Después de apenas dos pasos…

Se detuvo.

Frente al enorme ventanal permanecía el escritorio de su asistente.

El escritorio de Lin Zhao.

Estaba impecablemente ordenado.

Los dos monitores permanecían apagados.

No había taza.

No había documentos.

No había agenda.

Tampoco estaba la pequeña sansevieria que llevaba seis años ocupando la esquina derecha.

Todo parecía demasiado limpio.

Demasiado silencioso.

Gu Xing permaneció observándolo unos segundos.

Luego preguntó con absoluta normalidad:

—¿Dónde está Lin Zhao?

Nadie respondió inmediatamente.

Los empleados comenzaron a intercambiar miradas.

La secretaria bajó discretamente la cabeza.

Finalmente apareció el director de Recursos Humanos, Liu Ming.

Su rostro había perdido completamente el color.

—Presidente Gu…

Gu Xing volvió a preguntar.

Esta vez con un tono ligeramente más frío.

—He preguntado dónde está.

Liu Ming tragó saliva.

—La… la señorita Lin terminó ayer todo el procedimiento de renuncia.

Silencio.

Durante varios segundos no se escuchó absolutamente nada.

Los trabajadores apenas respiraban.

Gu Xing permaneció inmóvil.

Su expresión seguía siendo tranquila.

Demasiado tranquila.

—¿Renuncia?

—Sí.

Liu Ming entregó cuidadosamente una carpeta.

—Todos los documentos fueron firmados ayer por la tarde. La renuncia fue aprobada esta misma mañana. El sistema ya canceló su acceso al edificio.

Gu Xing abrió lentamente la carpeta.

En la primera hoja aparecía una frase escrita con letra perfectamente ordenada.

“Por motivos personales, presento formalmente mi renuncia.”

Debajo…

La firma.

Lin Zhao.

La misma caligrafía que había visto durante seis años en miles de contratos, informes y documentos.

Por alguna razón…

Aquellas dos palabras parecían extrañamente desconocidas.

Pasó otra página.

Inventario de entrega.

Tarjeta de acceso devuelta.

Ordenador revisado.

Archivos personales eliminados.

Documentación entregada.

Cada procedimiento estaba completo.

No había dejado absolutamente ningún asunto pendiente.

Era como si…

Hubiera preparado aquella despedida desde hacía mucho tiempo.

Gu Xing levantó lentamente la vista.

—¿Quién autorizó esto?

Liu Ming respondió con sinceridad.

—Presidente Gu… la señorita Lin dijo expresamente que no era necesario consultarle.

Las cejas de Gu Xing se fruncieron por primera vez.

—¿Y ustedes aceptaron?

—Ella cumplía todos los requisitos legales para renunciar.

Nadie se atrevió a añadir una palabra más.

Porque todos sabían perfectamente una cosa.

Durante seis años…

Lin Zhao no había sido únicamente la asistente del presidente.

Era la persona que conocía cada proyecto importante del Grupo Gu.

Controlaba las agendas.

Los contratos.

Las reuniones.

Las negociaciones internacionales.

Las relaciones con bancos.

Los expedientes confidenciales.

Era, prácticamente, la segunda memoria de toda la empresa.

Perderla…

No era una simple baja laboral.

Era perder el eje invisible que mantenía funcionando la oficina presidencial.

Gu Xing dejó lentamente la carpeta sobre el escritorio vacío.

Miró alrededor.

Todo permanecía exactamente igual…

Excepto por una ausencia.

Solo entonces descubrió algo que jamás había notado en seis años.

El silencio.

Antes, cada mañana, siempre escuchaba la voz de Lin Zhao respondiendo llamadas.

El sonido de su teclado.

El aroma del café recién preparado.

Los pasos suaves cuando entraba para recordarle una reunión.

Nunca había prestado atención.

Porque daba por hecho que todo aquello siempre estaría allí.

Hasta ese momento.

—¿Quién organizará ahora mi agenda? —preguntó finalmente.

La secretaria respondió con cautela.

—De momento… la repartiremos entre varios asistentes.

Gu Xing no contestó.

Entró en su despacho.

Cerró la puerta.

Cinco minutos después.

Pulsó el intercomunicador.

—Que venga Lin Zhao.

Al otro lado reinó un incómodo silencio.

La secretaria respondió con voz temblorosa.

—Presidente Gu…

—La señorita Lin ya no trabaja aquí.

Solo entonces…

Dentro del despacho, Gu Xing permaneció inmóvil mirando la puerta durante largo rato.

Era la primera vez desde el divorcio que comprendía una realidad muy sencilla.

Lin Zhao no solo había abandonado su matrimonio.

También había desaparecido completamente de su vida.

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