Alejandro dejó caer la demanda sobre la cama.
—Esto es ridículo.
Miró a su madre con una mezcla de molestia y desconcierto.
—¿De verdad se fue por una llamada?
Teresa lo observó en silencio durante unos segundos.
Luego negó lentamente con la cabeza.
—No se fue por una llamada.
Se fue por todas las que nunca contestaste.
Aquellas palabras quedaron suspendidas en la habitación.
Por primera vez, Alejandro pareció incómodo.
—Mamá, no exageres.
Estaba cerrando el negocio más importante de mi carrera.
—Y Mariana estaba luchando por no morir.
El silencio volvió a instalarse.
Teresa abrió el cajón de la mesa de noche.
Sacó un pequeño cuaderno azul.
—Esto lo dejó para ti.
Alejandro lo tomó con indiferencia.
Pensó que encontraría una carta llena de reproches.
Pero era un diario.
La primera página estaba fechada seis meses atrás.
“Hoy el médico confirmó que serán trillizos. Alejandro sonrió durante cinco minutos. Después contestó otra llamada de trabajo.”
Pasó la hoja.
“Semana veinticuatro. El doctor dijo que debo guardar reposo. Alejandro canceló la cena porque apareció una reunión de último momento.”
Otra página.
“Semana veintiocho. Me preguntó si podía programar el nacimiento para después de la inauguración del hotel.”
La respiración de Alejandro comenzó a hacerse más lenta.
Cada página era una fotografía de un matrimonio que se había ido rompiendo sin que él quisiera verlo.
Hasta llegar a la última anotación.
“Si algún día lees esto, significa que entendí demasiado tarde que nunca competí contra otra mujer. Competí contra un hombre que siempre eligió cualquier cosa antes que a su familia.”
Alejandro cerró el cuaderno con fuerza.
—¿Dónde está?
—No pienso decírtelo.
—Es mi esposa.
—No.
Teresa lo corrigió con serenidad.
—Es la mujer que acabas de perder.
Antes de que pudiera responder, su teléfono vibró.
Era Julián, su asistente.
—Señor…
Tenemos un problema.
—¿Qué pasó?
—Los abogados de la señora Mariana notificaron oficialmente a la empresa.
Solicitan medidas cautelares.
Y…
Hizo una pausa.
—También piden una auditoría judicial completa de Grupo Serrano.
Alejandro frunció el ceño.
—¿Con qué fundamento?
—Dicen que poseen evidencia de operaciones financieras ocultas realizadas durante el matrimonio.
Él soltó una risa incrédula.
—Mariana no sabe nada de finanzas.
—Eso pensé yo.
Pero enviaron más de trescientas páginas de anexos.
Contratos.
Transferencias.
Correos electrónicos.
Y…
Julián respiró hondo.
—Un informe elaborado por un auditor forense.
Alejandro sintió un pequeño nudo en el estómago.
—Eso es imposible.
Nadie tiene acceso a esos archivos.
—Al parecer sí.
Porque identificaron incluso operaciones realizadas por sociedades en el extranjero.
La llamada terminó.
Alejandro permaneció inmóvil.
Durante años había creído que Mariana apenas prestaba atención cuando él hablaba de negocios.
No sabía que ella estudiaba cada documento que él dejaba sobre el escritorio.
Cada factura.
Cada contrato.
Cada balance.
Recordó entonces una escena ocurrida meses atrás.
Mariana le había preguntado casualmente:
—¿Por qué esta empresa factura desde una dirección diferente?
Él respondió sin darle importancia.
—Es un asunto fiscal.
Nunca imaginó que aquella pregunta sería el comienzo de una investigación silenciosa.
Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, Mariana sostenía a uno de los trillizos mientras Sofía Herrera extendía varios expedientes sobre la mesa.
—¿Estás completamente segura?
Mariana miró a sus tres hijos dormidos.
Después asintió.
—Sí.
No quiero destruirlo por venganza.
Quiero proteger a mis hijos.
Sofía abrió una carpeta marcada con una etiqueta roja.
—Entonces mañana presentaremos la prueba principal.

Mariana pasó lentamente la mano sobre la carpeta.
Dentro no había fotografías.
Ni mensajes románticos.
Ni pruebas de la infidelidad.
Había algo mucho más peligroso.
El documento original que demostraba que, dos meses antes del parto, Alejandro había transferido en secreto una parte sustancial de los activos de Grupo Serrano a una empresa administrada por Valeria Montiel… utilizando una autorización con una firma que Mariana jamás había estampado.