PARTE 2: EL DINERO QUE ADRIAN USÓ PARA CASARSE CON OTRA MUJER FUE LO ÚLTIMO QUE NECESITÉ PARA DEJAR DE AMARLO

Adrian miró el saldo de la cuenta y respondió con una tranquilidad que todavía recuerdo.

—Se lo presté a Chloe.

—¿Ciento diecisiete mil dólares?

—Su familia exigía una dote para aceptar el matrimonio. Cuando todo termine, nos lo devolverá.

Nos.

Miré a Chloe instalada en nuestra sala, usando joyas compradas con el dinero que yo había ahorrado para nuestra boda.

Y algo dentro de mí simplemente se apagó.

—Entiendo.

Adrian pareció aliviado.

Siempre había sido así.

Yo gritaba, lloraba, discutía… y finalmente entendía.

Aquella noche preparé la cena.

Incluso hice la sopa favorita de Chloe.

Adrian me observó varias veces.

—Sabía que entrarías en razón.

Sonreí.

—Claro.

A las cuatro de la madrugada empaqué una sola maleta.

Dejé mi llave sobre la mesa.

También los 347 dólares.

No quería nada que pudiera obligarme a regresar.

Cuando Adrian despertó, yo ya estaba en un tren rumbo al norte.

Cambiar de unidad fue difícil.

Cambiar de número, fácil.

Olvidarlo tomó años.


Ahora, siete años después, estábamos sentados uno al lado del otro coordinando un ejercicio militar conjunto.

Cuando terminó la reunión, todos salieron demasiado rápido.

Daniel fue el último.

Antes de cerrar la puerta me lanzó una mirada de disculpa.

Traidor.

Adrian y yo quedamos solos.

—¿Por qué nunca respondiste mis cartas?

Levanté la vista.

—¿Me escribiste?

Su expresión se endureció.

—Ciento cuarenta y seis.

—No recibí ninguna.

Se quedó inmóvil.

Entonces comprendí.

Mi traslado había pasado primero por la antigua oficina administrativa.

La misma donde Chloe trabajaba.

Adrian también pareció llegar a esa conclusión.

Pero ya no importaba.

Se acercó.

—Me divorcié once días después de que te marcharas.

—Bien.

—Te busqué.

—Bien.

—Devolví cada dólar a la cuenta.

—Bien.

Finalmente perdió la paciencia.

—¡Elena, deja de decir “bien”!

Lo miré con calma.

El hombre que durante ocho años había pedido tiempo ahora parecía desesperado porque yo no le entregaba ni cinco minutos.

—¿Qué quieres que diga?

Su voz bajó.

—Que todavía tengo una oportunidad.

Negué.

—No.

Adrian palideció.

—No fue un matrimonio real.

Casi sonreí.

—Eso mismo dijiste aquella noche.

Me levanté.

—Pero mientras yo era tu novia, otra mujer tenía legalmente tu apellido, vivía en nuestra casa y llevaba el anillo que tú nunca quisiste darme.

Él apretó los puños.

—Cometí el peor error de mi vida.

—Lo sé.

—Entonces déjame arreglarlo.

—No puedes.

Tomé mi carpeta.

—Porque sigues pensando que el problema fue Chloe.

Me detuve frente a él.

—El problema fuiste tú.

—Yo te pedí que me eligieras noventa y nueve veces. No necesitaba que me buscaras durante siete años después.

Mi voz no tembló.

—Necesitaba que me eligieras una sola vez cuando todavía estaba allí.

Adrian bajó la cabeza.

Por primera vez, el general al que todos temían parecía no tener ninguna orden capaz de salvarlo.

Antes de salir, escuché:

—Elena.

Me volví.

Sacó algo del bolsillo interior del uniforme.

Una pequeña caja vieja.

Dentro había un anillo.

—Lo compré once días después de que te fueras.

Sus ojos estaban rojos.

—Nunca pensé dárselo a nadie más.

Lo miré durante unos segundos.

Siete años atrás habría dado cualquier cosa por aquella caja.

Ahora solo sentía tristeza por la mujer que había esperado tanto para verla.

Cerré suavemente la tapa.

—Entonces guárdalo como recuerdo.

—¿De qué?

Abrí la puerta.

—De que algunas personas pueden esperarte durante años…

Lo miré por última vez.

—pero no para siempre.

Y me fui.

No hubo propuesta número cien.

Porque después de noventa y nueve rechazos, finalmente había aprendido que el amor no consiste en convencer a alguien de que te elija.

Y Adrian, siete años demasiado tarde, también lo aprendió.

Related Posts

PARTE 2: LA VERDADERA DUEÑA

A las nueve menos cinco entré en la sala de juntas de Aurora Furniture. Ethan ya estaba sentado en la cabecera. Ava ocupaba la silla a su…

PARTE 2: MI VERDADERO APELLIDO

A las ocho de la noche, una fila de autos de lujo rodeaba la entrada del Grand Pinnacle. Spencer llegó primero con Cassandra del brazo. Ella llevaba…

PARTE 2: LA SEGUNDA TRAICIÓN

Llegué al despacho de mi abogado veinte minutos después. Daniel no me ofreció café. Ni siquiera me pidió que me sentara. Simplemente giró su computadora hacia mí….

PARTE 2: EL PRECIO DE PERDERME

—Podemos hablar —dije—. Pero eso no significa que vaya a regresar. Richard Shaw bajó la mirada. Era extraño verlo así. Durante quince años había hablado conmigo desde…

PARTE 2: CUANTO MÁS INTENTÓ MIA QUITARME, MÁS TERMINÓ PONIENDO A MI NOMBRE

La ambulancia llegó quince minutos después. Mia insistió en que estaba bien. Yo insistí más. —Por favor, hagan todas las pruebas necesarias. Su corazón siempre ha sido…

PARTE 2: LA CAJA ROJA NO ERA UN REGALO… ERA LA RAZÓN POR LA QUE GENE PODÍA PERDERLO TODO

Gene abrió la caja. Primero frunció el ceño. Después gritó. —¡¿QUÉ DEMONIOS ES ESTO?! Dentro no había joyas. Había una pequeña llave plateada y una tarjeta doblada….

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *