PARTE 2: EL DÍA QUE DEJÉ DE SOPORTARLO

—El juego ha terminado.

Mis palabras cayeron sobre el salón como una sentencia.

Hasta unos minutos antes, Gu Huai y Jiang Rong estaban convencidos de que yo seguía siendo aquella mujer dócil que había soportado tres años de desprecios en silencio.

Ahora, más de cien hombres vestidos de negro rodeaban la mansión.

Mi hermano Shen Jue permanecía frente a mí.

Y nadie se atrevía a reír.

Jiang Rong fue la primera en reaccionar.

—¿Quién… quién eres tú?

Shen Jue ni siquiera la miró.

Se agachó frente a An An y examinó cuidadosamente su pequeña mano.

—An An, ¿te duele?

Mi hija asintió con los ojos húmedos.

—Un poquito.

La expresión de mi hermano se endureció.

Después levantó la cabeza.

—¿Quién la empujó?

An An miró tímidamente hacia Jiang Rong.

Ese pequeño gesto fue suficiente.

—Fue un accidente —se apresuró a decir Gu Huai—. Mi madre no quiso…

—Yo estaba allí.

Lo interrumpí.

—No fue ningún accidente.

Gu Huai me miró furioso.

—Shen Nian, somos marido y mujer. ¿De verdad quieres convertir un problema familiar en semejante espectáculo?

Lo observé en silencio.

Hasta aquel instante todavía creía que tenía derecho a hablarme de familia.

—Cuando tu madre llamó bastarda a nuestra hija, no dijiste nada.

—Cuando cayó al suelo, tampoco.

—Pero cuando le eché vino encima a tu madre, inmediatamente viniste a defenderla.

Cada frase hizo que su rostro perdiera un poco más de color.

—Así que no, Gu Huai.

Apreté suavemente la mano de An An.

—Tú dejaste de ser mi familia antes que yo.

Shen Jue hizo una señal.

Un hombre avanzó y colocó varias carpetas sobre la mesa.

Gu Huai frunció el ceño.

—¿Qué es eso?

Tomé la primera.

—El acuerdo de divorcio.

Su expresión cambió inmediatamente.

—No aceptaré.

—No necesito que lo aceptes esta noche.

Dejé otra carpeta delante de él.

—Y esto contiene la documentación de las inversiones que el Grupo Shen realizó en empresas vinculadas a la familia Gu durante los últimos tres años.

Jiang Rong soltó una carcajada nerviosa.

—¿Grupo Shen? ¿Qué tiene que ver contigo?

Mi hermano finalmente la miró.

—Ella es mi hermana menor.

El silencio fue absoluto.

El rostro de Jiang Rong quedó rígido.

Gu Huai me observó como si acabara de conocerme.

—¿Tú eres…?

—Sí.

No necesitaba explicar nada más.

Durante tres años, ellos habían pensado que yo provenía de una familia común porque nunca utilizaba mi apellido para conseguir privilegios.

Habían confundido discreción con pobreza.

Paciencia con debilidad.

Y silencio con miedo.

Jiang Rong negó repetidamente con la cabeza.

—Imposible.

Shen Jue sonrió sin humor.

—¿Quieres que llame personalmente al consejo del Grupo Shen?

Ella dejó de hablar.

Gu Huai avanzó hacia mí.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Aquella pregunta casi consiguió hacerme reír.

—¿Habrías tratado mejor a An An si hubieras sabido quién era mi hermano?

Él se quedó callado.

—Entonces me alegro de no habértelo dicho.

Porque su silencio acababa de responderme.

Shen Jue ordenó que llevaran a An An a una clínica privada para revisar su mano.

Yo estaba a punto de seguirla cuando Gu Huai me sujetó del brazo.

—Nian Nian.

Me detuve.

Era la primera vez en mucho tiempo que pronunciaba mi nombre con tanta suavidad.

—Podemos hablar.

Aparté su mano.

—Tuvimos tres años para hacerlo.

—Puedo arreglarlo.

—No.

Miré hacia Jiang Rong.

—Hay cosas que se rompen demasiado.

Después me marché.

Aquella noche no regresé a la habitación matrimonial.

Tampoco llevé conmigo las joyas que la familia Gu me había regalado.

Solo recogí mis documentos, algunas fotografías y la pequeña manta con la que An An dormía desde bebé.

Cuando salimos de la mansión, mi hija estaba en brazos de Shen Jue.

—Mamá…

—¿Sí?

—¿Ya no tenemos casa?

Me agaché frente a ella.

Sentí que el corazón se me apretaba.

—Claro que tenemos.

—¿Dónde?

Le acaricié el cabello.

—Donde nadie vuelva a hacerte sentir que no perteneces.

Tres días después, Gu Huai apareció frente a la residencia de mi familia.

Había esperado durante horas.

Cuando salí, parecía no haber dormido.

—Mi madre quiere disculparse.

—No me interesa.

—Entonces déjame ver a An An.

—Cuando corresponda, hablaremos de ella por las vías adecuadas.

Su rostro se tensó.

—¿De verdad vas a divorciarte?

—Sí.

—¿Después de tres años?

Lo miré fijamente.

—Precisamente porque fueron tres años.

Por primera vez, bajó la cabeza.

—Cometí un error.

—No fue uno.

Di un paso hacia él.

—Fueron cientos de pequeñas decisiones en las que siempre elegiste mirar hacia otro lado.

Gu Huai cerró los ojos.

Yo me marché sin esperar respuesta.

Creí que finalmente había terminado.

Pero esa misma tarde, Shen Jue entró en mi habitación con una expresión extraña.

Llevaba una carpeta que yo nunca había visto.

—Nian Nian, hay algo que debes saber.

—¿Sobre Gu Huai?

Mi hermano negó lentamente.

—Sobre An An.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué ocurre?

Shen Jue colocó la carpeta frente a mí.

—Mientras revisábamos los documentos médicos por la herida de su mano, encontramos una irregularidad en un registro antiguo.

Abrí la carpeta.

Había un documento fechado tres años atrás.

El día del nacimiento de An An.

Seguí leyendo.

Y mis dedos empezaron a temblar.

Porque junto al nombre de mi hija aparecía una anotación que jamás debería haber estado allí.

Levanté la cabeza.

—Hermano… ¿qué significa esto?

Shen Jue me sostuvo la mirada.

—Significa que lo ocurrido en la mansión de los Gu no comenzó aquella noche.

Hizo una pausa.

—Comenzó el mismo día en que nació An An.

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