PARTE 2: EL ACUERDO QUE YA NO EXISTÍA

Nadie respondió.

El silencio dentro de la habitación fue absoluto.

Don Ernesto observó a Sebastián como si intentara convencerse de que había escuchado mal.

—¿Su… hijo?

Sebastián tomó con cuidado a Emiliano en brazos.

El bebé abrió lentamente los ojos y sujetó uno de sus dedos.

Una sonrisa, apenas perceptible, apareció en el rostro del empresario.

—Hola, campeón.

Llegué un poco tarde.

Pero ya estoy aquí.


Valeria lo observó sin decir una palabra.

Habían acordado mantener el embarazo en absoluta reserva hasta resolver varios asuntos que comprometían la seguridad de su familia y de las empresas involucradas.

Nadie fuera de un reducido grupo de abogados conocía la verdad.

Ni siquiera los Castañeda.


Elvira fue la primera en reaccionar.

—Sebastián…

Debe tratarse de un malentendido.

Nosotros no sabíamos…

Él levantó una mano.

—No.

Lo que ustedes no hicieron fue preguntar.

Eso es muy diferente.


Uno de los abogados abrió una carpeta.

—Señor Castañeda, antes de continuar cualquier conversación relacionada con acciones societarias, queremos dejar constancia de un hecho.

La señora Valeria Castañeda comparecerá únicamente acompañada por su representación legal.

Cualquier documento presentado hoy carece de efectos mientras ella no decida revisarlo libremente.


Don Ernesto endureció el rostro.

—Esto es un asunto familiar.

Sebastián respondió con absoluta tranquilidad.

—Hace unos minutos dejaron claro que ya no la consideran familia.

Así que ahora es un asunto jurídico.


Elvira intentó recuperar la compostura.

—Nosotros solo queríamos ayudarla.

Sebastián miró la carpeta color marfil sobre la cama.

—¿Ayudarla?

¿Presentándole un contrato de cesión de acciones pocas horas después de un parto?

Ningún asesor serio recomendaría eso.


Los dos abogados intercambiaron una mirada.

Uno de ellos pidió revisar el documento.

Después de leer varias páginas levantó la vista.

—La valoración utilizada corresponde a estados financieros anteriores.

No incorpora varios activos recientemente adjudicados a la compañía.

Será necesario verificar la metodología empleada.


Mauricio, que acababa de llegar al hospital al enterarse de la presencia de Sebastián, entró apresuradamente.

—¿Qué está pasando?

Al ver al inversionista, intentó sonreír.

—Sebastián.

Qué sorpresa encontrarlo aquí.

Él no respondió al saludo.

Solo hizo una pregunta.

—¿Desde cuándo sabías que pretendían traer este contrato al hospital?

Mauricio dudó apenas un instante.

—Solo iba a explicarle una propuesta.


Sebastián volvió a mirar el documento.

—Curiosamente, esa misma propuesta estaba programada para discutirse mañana en nuestras oficinas.

Con una diferencia.

Mi equipo acababa de recomendar suspender cualquier negociación relacionada con Castañeda Infraestructura.


Don Ernesto sintió un vacío en el estómago.

—¿Suspender?

—Temporalmente.

Hasta concluir una revisión de gobierno corporativo.


Aquellas palabras cambiaron por completo el ambiente de la habitación.

El proyecto de Los Cabos dependía en gran parte del financiamiento comprometido por Alcázar Capital.

Sin él, la operación podía retrasarse de forma significativa.


Valeria permanecía en silencio.

Sebastián se acercó nuevamente a su cama.

—¿Cómo estás?

—Cansada.

Pero tranquila.

Él tomó su mano.

—Eso es suficiente por hoy.

Lo demás puede esperar.


Cuando los Castañeda abandonaron finalmente la habitación, Mauricio se volvió hacia su padre.

—¿Desde cuándo conoce a Valeria?

Don Ernesto negó lentamente con la cabeza.

No tenía respuesta.


Esa misma tarde, uno de los abogados de Sebastián recibió una llamada.

Era el equipo de auditoría que llevaba varias semanas revisando documentación financiera de Castañeda Infraestructura.

—Encontramos algo importante.

No está relacionado con la inversión.

Está relacionado con la contabilidad histórica.


Horas después, el abogado llegó al hospital con una nueva carpeta.

—Valeria…

Creo que deberías ver esto.

Dentro había copias de antiguos reportes internos.

Muchos llevaban su firma como auditora.

Pero uno de ellos aparecía modificado.

En la versión archivada por la empresa, las observaciones críticas sobre varios proveedores habían desaparecido por completo.

El documento conservaba su firma.

Pero el contenido ya no era el mismo.

Al pie del expediente aparecía una nota incorporada años después por un sistema de control documental:

“Versión sustituida por autorización de Dirección General.”

Valeria levantó lentamente la vista.

No solo habían ignorado las irregularidades que denunció antes de renunciar.

Alguien también había alterado oficialmente los informes que ella misma había elaborado.

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