PARTE 2: EL ABUELO

No lloré al salir de la mansión.

Lily sí.

Su pequeña cara estaba hinchada.

Las marcas de los dedos de Chloe seguían impresas sobre sus mejillas.

Cada vez que el coche pasaba por un bache, ella se estremecía.

Le acaricié el cabello.

—Ya terminó, mi amor.

Ella levantó lentamente la vista.

—¿De verdad?

Sonreí.

—Nunca más volverán a tocarte.

El teléfono cifrado vibró.

Arthur.

—Señorita Sterling.

—Habla.

—Las primeras órdenes ya fueron ejecutadas.

Miré por la ventana.

—Continúa.

—Los bancos suspendieron las líneas de crédito del Grupo Thorne.

Tres fondos de inversión retiraron su apoyo.

Y la Bolsa recibió una notificación de auditoría extraordinaria.

Respiré con tranquilidad.

—¿Mi padre?

—Ya viene hacia Nueva York.

Colgué.

No necesitaba escuchar nada más.

Esa misma noche el Grand Aster brillaba como siempre.

Periodistas.

Políticos.

Magnates.

Modelos.

Los nombres más poderosos de la costa este caminaban sobre la alfombra roja.

Dentro del gran salón, David levantaba una copa de champán.

A su lado, Chloe sonreía con el vestido blanco que había comprado utilizando la tarjeta corporativa de la empresa.

La prensa los rodeaba.

—Señor Thorne.

¿Cómo se siente al anunciar oficialmente su compromiso?

David sonrió para las cámaras.

—Es una nueva etapa de mi vida.

Todos aplaudieron.

Nadie imaginaba que, en ese mismo instante, las acciones de su empresa acababan de desplomarse otro nueve por ciento.

Chloe tomó el micrófono.

—Esta noche también queremos presentar oficialmente a la niña que llevará nuestros anillos.

Miró alrededor.

Frunció el ceño.

—¿Dónde está Lily?

David sonrió con suficiencia.

—Mi exesposa terminará trayéndola.

Siempre vuelve.

No conocía a Catherine Sterling.

Solo conocía a Kate.

Cinco minutos después, las enormes puertas del salón se abrieron.

No entré primero.

Entró un hombre de más de setenta años.

Cabello completamente blanco.

Traje azul oscuro.

Bastón de ébano.

Todo el salón quedó en silencio.

Uno de los empresarios dejó caer su copa.

Un senador se puso inmediatamente de pie.

Alguien susurró:

—Es Richard Sterling.

El fundador de Sterling Global Holdings.

El hombre más rico del país.

David palideció.

Había intentado conseguir una reunión con él durante cinco años.

Nunca obtuvo respuesta.

Richard avanzó lentamente.

A su lado caminaba Arthur.

Y detrás…

íbamos Lily y yo.

Mi hija llevaba un pequeño vestido azul.

Las marcas de los golpes seguían visibles.

Richard caminó directamente hacia nosotros.

Se arrodilló con dificultad frente a Lily.

Le sonrió con una ternura que muy pocos conocían.

—Hola, pequeña.

Lily lo observó con curiosidad.

Después miró mi rostro.

—¿Mamá?

Asentí despacio.

—Puedes saludarlo.

Richard abrió los brazos.

Lily dudó unos segundos.

Después corrió hacia él.

Lo abrazó con todas sus fuerzas.

Y rompió a llorar.

Todo el salón observaba en absoluto silencio.

Entre sollozos, mi hija levantó un dedo tembloroso.

Señaló directamente a Chloe.

—Abuelo…

La palabra cayó como una bomba.

Los fotógrafos dejaron de disparar.

Los invitados comenzaron a murmurar.

David sintió que la sangre abandonaba su rostro.

Lily siguió hablando.

—Ella fue quien me pegó.

Richard no dijo una sola palabra.

Solo levantó lentamente la vista hacia Chloe.

Jamás había visto una mirada tan fría.

Chloe dio un paso atrás.

—Eso… eso no es cierto.

Lily escondió el rostro contra el pecho del anciano.

—Me pegó muchas veces.

Porque manché su vestido.

Richard acarició lentamente el cabello de su nieta.

Después habló.

Con una voz tranquila.

Mucho más aterradora que cualquier grito.

—Arthur.

—Sí, señor.

—¿Cuánto vale hoy el Grupo Thorne?

Arthur consultó una tableta.

—Después del cierre de los mercados…

…aproximadamente mil novecientos millones de dólares menos que esta mañana.

Richard asintió.

—Cómprenlo.

David abrió los ojos.

—¿Qué?

Richard ni siquiera lo miró.

—Quiero el control antes del amanecer.

David dio un paso adelante desesperado.

—Señor Sterling, creo que existe un malentendido…

Por primera vez Richard dirigió la mirada hacia él.

—No.

No existe ningún malentendido.

Existe un hombre que permitió que golpearan a su propia hija mientras permanecía observando.

Todo el salón quedó inmóvil.

Richard tomó nuevamente la mano de Lily.

—Y existe una niña que jamás volverá a tener miedo.

En ese instante, el teléfono de David comenzó a sonar sin descanso.

Director financiero.

Presidente del banco.

Consejo de administración.

Auditores.

Respondió la primera llamada.

Escuchó apenas diez segundos.

El teléfono cayó de su mano.

Su director financiero acababa de decir una frase que convirtió la gala en el funeral de su imperio.

—Señor Thorne…

…Sterling Global acaba de lanzar una oferta pública para adquirir el control absoluto de nuestra empresa.

Y los principales accionistas ya empezaron a venderles todas sus participaciones.

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