Julian no aplaudió cuando llegué al escenario.
Simplemente me miró.
Su rostro había perdido todo el color.
Malcolm me entregó el micrófono.
—Gracias.
Observé el salón.
Doscientos empleados esperaban.
Algunos parecían sorprendidos.
Otros miraban a Julian.
—Northstar no adquirió Aurelia para destruirla —dije—. La adquirimos porque creemos que esta empresa todavía merece un futuro.
Los aplausos comenzaron.
Julian seguía inmóvil.
—Pero salvar una empresa también significa descubrir qué la estaba hundiendo.
El silencio regresó.
El abogado general apareció junto al escenario con una carpeta.
Entonces Julian reaccionó.
—Audrey.
Pronunció mi nombre como una advertencia.
Lo miré.
—¿Sí?
—Necesitamos hablar.
—Hace diez minutos querías que me fuera a casa.
Varias personas bajaron la mirada para esconder sonrisas.
Camilla intentó alejarse discretamente.
—Señorita Price —dijo el abogado—, por favor permanezca aquí.
Se detuvo.
Julian subió un escalón.
—Audrey, sea lo que sea que estés intentando demostrar, podemos solucionarlo en privado.
—Esto no tiene nada que ver con nuestro matrimonio.
Hice una señal al contador forense.
En las pantallas apareció una serie de transferencias.
Pagos a consultoras.
Facturas duplicadas.
Contratos autorizados por Julian.
Y una empresa llamada CP Strategic Communications.
Las iniciales hicieron que todos miraran a Camilla.
—Durante seis semanas —continué—, una auditoría independiente ha revisado varios millones en pagos sospechosos.
Camilla palideció.
—Yo no sé nada de eso.
Julian habló inmediatamente.
—Son gastos legítimos.
—Perfecto.
Sonreí.
—Entonces no tendrás ningún problema explicándolos.
Malcolm tomó el micrófono.
—Con efecto inmediato, Julian Vance queda suspendido de sus funciones mientras continúa la investigación.
El salón quedó completamente quieto.
Julian me miró como si acabara de abofetearlo.
—Soy tu marido.
—Correcto.
Saqué un sobre de mi bolso.
—Eso también podemos solucionarlo.
Se lo entregué.
Julian vio el nombre del despacho de abogados.
Su expresión cambió.
—No.
—Son documentos de divorcio.
Camilla dio un paso atrás.
De repente ya no parecía tan interesada en permanecer junto a él.
Julian bajó la voz.
—Audrey, estás enfadada por Camilla.
Miré los pendientes de diamantes que llevaba.
—No.
Después miré mi hombro.
—Camilla solo consiguió que dejara de ignorar quién eres.
Él intentó acercarse.
Dos miembros de seguridad se interpusieron.
Aquello pareció destruir algo dentro de él.
El hombre que diez minutos antes me había ordenado abandonar la fiesta ahora necesitaba permiso para acercarse a mí dentro de la empresa que creía controlar.
—¿Desde cuándo eres propietaria de Northstar? —preguntó.
—Desde que mi madre murió.
Sus ojos se abrieron.
—Entonces todo este tiempo…
—Todo este tiempo pudiste haber preguntado quién era tu esposa.
Le devolví el micrófono a Malcolm.
Antes de bajar del escenario, me detuve.
—Una última cosa.
Miré a los empleados.
—Nadie perderá su trabajo por los errores de unos pocos. Northstar mantendrá las operaciones y comenzará una nueva etapa para Aurelia.
Esta vez el aplauso fue ensordecedor.
Bajé.
Julian permanecía junto al escenario con los documentos del divorcio en una mano.
Camilla ya no estaba a su lado.
Había desaparecido entre la multitud.
Pasé junto a él.
—Audrey.
Me detuve.
—¿Qué?
Su voz salió casi irreconocible.
—¿Qué voy a hacer ahora?
Lo observé durante unos segundos.
Pensé en todas las noches que regresó oliendo al perfume de Camilla.
En mis pendientes sobre sus orejas.
En su mano golpeando mi hombro.
En aquellas palabras:
“Ella debe estar a mi lado esta noche.”
Sonreí.
—Pregúntale a ella.
Y seguí caminando.

Porque Julian había tenido razón en una cosa.
Camilla debía estar a su lado aquella noche.
Sobre todo ahora que él ya no tenía una empresa que ofrecerle, un ascenso que celebrar…
ni una esposa a la que mandar a casa.