Lucas no supo que había aceptado Harvard.
Durante las siguientes semanas, tampoco preguntó por qué había dejado de discutir.
Clara seguía buscándolo para comer, estudiar y entrenar.
Yo dejé de reclamar.
Cuando Lucas cancelaba nuestros planes porque Clara “necesitaba compañía”, simplemente respondía:
—Está bien.
Aquello pareció hacerlo feliz.
—Por fin estás madurando —me dijo una noche.
Casi sonreí.
No estaba madurando para él.
Estaba despidiéndome.
Organicé mi documentación, conseguí alojamiento y compré el billete sin contarle nada.
Tres días antes de marcharme, Clara organizó una fiesta.
Allí, delante de todos, se colgó del brazo de Lucas.
—Emma ya no se pone celosa. Creo que finalmente entendió que tú y yo somos inseparables.
Lucas me miró esperando mi reacción.
—Sí —respondí—. Lo entendí perfectamente.
Clara sonrió victoriosa.
Lucas no comprendió por qué aquellas palabras me salieron tan fáciles.
Hasta la mañana siguiente.
Le entregué una pequeña caja.
Dentro estaban las fotografías, los regalos y la pulsera que me había dado durante nuestro primer aniversario.
Su rostro cambió.
—¿Qué significa esto?
—Terminamos.
Se rio, convencido de que era otra discusión.
—Emma, basta.
—Me voy a Harvard.
El silencio fue absoluto.
—¿Cuándo?
—Mañana.
Lucas palideció.
—¿Mañana? ¿Y pensabas decírmelo ahora?
—Tú llevas meses enseñándome que Clara siempre será más importante.
Lo miré tranquilamente.
—Solo aprendí la lección.
Por primera vez, fue él quien intentó explicarse.
Dijo que Clara era únicamente su amiga.
Que nunca había querido perderme.
Que podía cambiar.
Pero ya no necesitaba que cambiara.
Al día siguiente fui al aeropuerto.
Lucas apareció cuando estaban anunciando mi embarque.
Llegó corriendo.
Solo.
—Emma, espera.
Me giré.
—Elegí mal —dijo, respirando con dificultad—. Lo sé ahora.
Negué suavemente.
—No, Lucas.
Apreté mi pasaporte.
—Elegiste muchas veces. Ese fue precisamente el problema.
Y crucé el control.
Meses después supe que Clara finalmente le confesó que llevaba años enamorada de él.
Lucas la rechazó.

Pero tampoco volvió conmigo.
Porque perderme no convirtió automáticamente a Lucas en alguien que mereciera recuperarme.
Y Harvard no fue el lugar donde escapé de él.
Fue el lugar donde finalmente dejé de esperar que alguien más me eligiera primero.