PARTE 2: CUANDO JULIAN QUISO RETIRAR EL DIVORCIO, YO YA HABÍA ELEGIDO IRME

A la mañana siguiente de su regreso, Julian encontró un sobre sobre la mesa.

Lo abrió.

Dentro estaba el acuerdo de divorcio preparado por mi abogada.

—¿Qué es esto?

—Lo que pediste.

Su mandíbula se tensó.

—Claire, estaba enfadado.

—Las otras dos veces también.

Julian guardó silencio.

Yo continué doblando ropa dentro de una caja.

—La primera vez dijiste divorcio porque discutimos por Olivia. La segunda porque te pedí que dejaras de acompañarla a eventos privados. La tercera porque mi accidente te hizo perder tiempo mientras ella estaba hospitalizada.

Lo miré.

—Tres veces son suficientes para entender el mensaje.

Julian dejó los documentos sobre la mesa.

—No voy a firmarlos.

Aquello sí me sorprendió.

—Tú pediste el divorcio.

—Y ahora digo que no.

Sonreí ligeramente.

—El matrimonio no funciona así.

Su teléfono sonó.

En la pantalla apareció un nombre.

Olivia.

Los dos lo vimos.

Julian rechazó la llamada.

Un segundo después volvió a sonar.

La rechazó otra vez.

—¿Por qué no contestas? —pregunté.

—Porque estoy hablando contigo.

Qué extraño.

Durante años había querido escuchar exactamente eso.

Ahora no significaba nada.

—Contesta, Julian. Quizá te necesita.

—Claire…

—No te estoy poniendo a prueba.

Tomé otra caja.

—De verdad ya no me importa.

Esas palabras parecieron afectarlo más que cualquier pelea.

Tres días después, Olivia apareció personalmente.

Todavía caminaba con dificultad.

Cuando me vio preparando cajas, abrió mucho los ojos.

—Claire, ¿te vas?

—Sí.

Olivia miró a Julian.

—¿Por mi culpa?

No respondí.

Julian sí.

—Esto no tiene nada que ver contigo.

Entonces Olivia hizo algo inesperado.

Sacó su teléfono.

—Quizá sí.

Nos mostró varios mensajes.

Eran conversaciones entre ella y el asistente de Julian.

Olivia había sabido de mi accidente antes de que Julian llegara al hospital.

También sabía que Sophia había exagerado mi estado.

Pero en lugar de aclararlo, había enviado mensajes insistiendo en que su propia situación era crítica.

Julian leyó en silencio.

—¿Por qué hiciste esto?

Olivia empezó a llorar.

—Porque siempre volvías con ella.

La habitación quedó helada.

—Pensé que si Claire seguía haciendo escenas terminarías cansándote.

La miré.

Por fin tenía la confirmación que durante años había buscado.

Curiosamente, no sentí satisfacción.

Julian parecía devastado.

—¿También provocaste los rumores sobre nosotros?

Olivia no contestó.

Eso fue suficiente.

Él cerró los ojos.

Después me miró.

—Claire, yo no sabía.

—Lo sé.

—Entonces podemos arreglarlo.

Negué.

—No entiendes.

Me acerqué lentamente.

—Olivia pudo manipular situaciones porque tú le diste un lugar desde el que hacerlo. Cada vez que dudaste entre creerme a mí o protegerla a ella, elegiste protegerla.

Julian palideció.

—Cometí errores.

—Sí.

Tomé mi maleta.

—Y yo cometí el mío durante años: creer que soportarlos demostraría cuánto te amaba.

Esa tarde me mudé.

Julian terminó firmando semanas después.

No porque quisiera.

Porque finalmente comprendió que yo no estaba utilizando el divorcio para conseguir su atención.

Realmente me iba.

Seis meses más tarde nos encontramos por casualidad en un evento empresarial.

Julian estaba solo.

Olivia ya no trabajaba en ningún proyecto relacionado con Cole Group.

Se acercó.

—Claire.

—Hola, Julian.

Me observó durante unos segundos.

—Pareces feliz.

—Lo estoy.

—¿Hay alguien más?

Sonreí.

—Siempre haces la pregunta equivocada.

Frunció el ceño.

—¿Cuál debería hacer?

Lo miré por última vez.

—Si aprendí a ser feliz sin ti.

No respondió.

Tampoco hacía falta.

Me alejé.

Durante años creí que perder a Julian sería lo peor que podía ocurrirme.

Al final descubrí que lo peor había sido perderme a mí misma intentando conservarlo.

Y aquella tercera petición de divorcio, la que él pronunció esperando que volviera a suplicarle, terminó convirtiéndose en el único regalo que todavía podía darme:

la oportunidad de marcharme primero.

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