PARTE 2: CAYÓ LA MÁSCARA

Valeria soltó el segundo broche.

La parte superior del vestido se abrió lo suficiente para dejar visibles sus hombros y brazos.

Los murmullos murieron.

Sobre su piel había marcas que ningún maquillaje podía ocultar.

Andrés palideció.

—¿Qué demonios haces?

Valeria tomó el micrófono.

—Esto es lo que hizo el hombre que acaba de prometer protegerme.

Daniela se levantó inmediatamente.

—¡Está loca!

—Gracias por recordarme tu parte.

Valeria hizo una señal.

Las pantallas preparadas para mostrar fotografías románticas de los novios se encendieron.

Aparecieron transferencias.

Empresas fantasma.

Mensajes.

Y finalmente:

“Necesitamos quebrar a Valeria antes de la boda.”

Debajo aparecía el nombre de Daniela.

Los invitados comenzaron a sacar sus teléfonos.

Andrés intentó arrebatarle el micrófono.

Ernesto golpeó el suelo con su bastón.

—Ni la toques.

Andrés se quedó inmóvil.

—Ernesto, usted no entiende…

—Entiendo perfectamente.

El padre de Valeria caminó hacia el altar sin ayuda.

Daniela retrocedió.

—Se suponía que usted estaba enfermo.

Ernesto sonrió con frialdad.

—Eso creían ustedes.

Valeria levantó otra carpeta.

—También sabemos que pagaron al médico de mi padre para alterar su tratamiento y hacerlo parecer incapaz de dirigir la empresa.

Ahora Andrés miró a Daniela.

—Tú dijiste que no podrían demostrarlo.

Demasiado tarde.

Acababa de decirlo frente a cientos de personas.

Valeria casi sonrió.

—Gracias, Andrés.

Las puertas de la iglesia se abrieron.

Entraron varios agentes acompañados por Marisol Castañeda.

Andrés perdió finalmente la compostura.

—¡Esta boda todavía no ha terminado!

Valeria se quitó el anillo.

—Nunca empezó.

Lo dejó caer frente a él.

Entonces sacó su teléfono.

—Y hay algo más.

Andrés la miró con miedo.

Valeria mostró un documento firmado aquella misma mañana.

—Las acciones que esperabas controlar después de casarte conmigo ya no están disponibles.

—¿Qué hiciste?

—Mi padre y yo reorganizamos el fideicomiso.

Ernesto se colocó junto a su hija.

—Y hace dos horas el consejo suspendió todas las operaciones relacionadas con Grupo Beltrán mientras investigamos el fraude.

El rostro de Andrés se descompuso.

Había llegado al altar creyendo que saldría dueño de una fortuna.

Saldría investigado.

Mientras los agentes se acercaban, Daniela intentó marcharse entre los invitados.

Marisol bloqueó su camino.

—Señorita Rivas, usted también se queda.

Daniela miró desesperadamente a Andrés.

—¡Diles que fue idea tuya!

—¡Tú falsificaste los documentos!

En segundos comenzaron a destruirse mutuamente.

Valeria los observó sin decir nada.

Ya no necesitaba hacerlo.

Sus propias voces estaban terminando el trabajo.

Pero entonces Marisol se acercó y le entregó discretamente un teléfono.

—Valeria, encontramos algo esta mañana.

—¿Qué?

—Una transferencia que Andrés hizo al médico de tu padre.

—Eso ya lo sabemos.

—Esta no.

Valeria miró la pantalla.

La transferencia había ocurrido dos años antes.

Mucho antes del compromiso.

Mucho antes de que Andrés empezara a maltratarla.

Incluso antes de que ella creyera haberse enamorado de él.

Valeria levantó lentamente la mirada.

Marisol susurró:

—Andrés nunca se acercó a ti por casualidad.

Valeria miró al hombre con quien había estado a segundos de casarse.

Y comprendió la verdad.

La boda no era el comienzo de su plan.

Era el último paso.

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