PARTE 2: CUANDO DEJÉ DE ESPERARLO

A la mañana siguiente, Adrian hizo algo que habría esperado durante tres años.

Publicó una fotografía de nuestro certificado de matrimonio.

La acompañó con cuatro palabras:

Lena Miller, mi esposa.

Mis compañeros comenzaron a escribirme inmediatamente.

Felicitaciones.

Preguntas.

Mensajes sorprendidos.

Yo observé la publicación durante unos segundos.

No sentí felicidad.

Solo cansancio.

Cuando llegué a la oficina, Adrian me esperaba frente al ascensor.

—Ya lo hice.

Lo dijo como si acabara de resolver nuestro matrimonio.

—Lo vi.

—Entonces deja de estar enfadada.

Lo miré.

—No estoy enfadada.

Aquello pareció asustarlo más.

Antes de que pudiera responder, Claire apareció detrás de él.

Sus ojos estaban rojos.

—Adrian, ¿podemos hablar?

Él la siguió instintivamente.

Solo necesitó tres pasos para olvidar que yo estaba allí.

Sonreí.

Eso era exactamente lo que necesitaba ver.

A mediodía recibí un correo de Recursos Humanos.

Habían abierto una revisión sobre mi contratación.

Alguien había denunciado que conseguí mi puesto gracias a mi relación secreta con Adrian.

La denuncia había sido presentada aquella mañana.

Adjuntaba nuestro certificado matrimonial.

Sentí que se me helaban las manos.

Solo tres personas tenían aquella copia digital.

Adrian.

Yo.

Y el abogado que había registrado nuestro matrimonio.

Entré directamente en su oficina.

—¿Le enviaste nuestro certificado a alguien?

Adrian frunció el ceño.

—No.

—Entonces tenemos un problema.

Le mostré el correo.

Su expresión cambió.

—Esto puede costarte el trabajo.

—Lo sé.

—Hablaré con Recursos Humanos.

—No.

Cerré su portátil.

—Por primera vez, voy a resolver algo sin esconderme detrás de ti.

La investigación duró dos días.

Mis evaluaciones demostraban que había sido contratada antes de que Adrian tuviera influencia sobre mi departamento.

La denuncia no prosperó.

Pero descubrieron algo más.

El archivo enviado a Recursos Humanos no era la copia que Adrian había publicado.

Contenía una página adicional.

Una cláusula patrimonial.

Mi firma aparecía debajo.

Yo nunca la había firmado.

El abogado examinó el documento.

—Lena, esto no pertenece a su certificado original.

La cláusula establecía que determinadas participaciones adquiridas durante el matrimonio podían quedar bajo administración conjunta.

Adrian se quedó blanco.

—¿Qué participaciones?

Entonces entendí por qué aquella denuncia había aparecido justo después de hacer público nuestro matrimonio.

No intentaban únicamente destruir mi carrera.

Alguien necesitaba demostrar oficialmente que Adrian y yo seguíamos casados.

Mi teléfono vibró.

Era mi madre.

No hablábamos desde hacía casi un año.

Contesté.

—Lena, necesito que vengas inmediatamente.

—¿Qué ocurre?

—Tu abuelo murió esta mañana.

Me quedé inmóvil.

Ella continuó:

—Y te dejó sus acciones.

—¿Acciones de qué?

Hubo un silencio extraño.

—De Miller Technologies.

Miré a Adrian.

Su familia había fundado Miller Technologies.

La empresa donde ambos trabajábamos.

—Mamá, mi abuelo no era un Miller.

—No.

Su voz tembló.

—Pero fue uno de los inversionistas originales.

Sentí que el suelo desaparecía.

—¿Cuánto dejó?

—El veintisiete por ciento.

Adrian escuchó.

Su rostro perdió todo color.

Con esa participación, yo podía convertirme en la segunda accionista individual más importante de la compañía.

Entonces mi madre dijo algo peor.

—Lena, alguien intentó modificar el fideicomiso hace tres meses.

—¿Quién?

—No lo sabemos.

—¿Qué querían cambiar?

—El beneficiario.

Apreté el teléfono.

—¿Por quién?

Mi madre respiró profundamente.

—Por tu esposo.

Miré a Adrian.

Él negó inmediatamente.

—Lena, yo no sabía nada de esas acciones.

Quise creerle.

Entonces la puerta se abrió.

Claire estaba allí.

Llevaba una carpeta en la mano.

Y cuando vio los documentos sobre el escritorio, susurró:

—Adrian, te dije que debíamos conseguir el divorcio antes de que ella descubriera la herencia.

El silencio fue absoluto.

Adrian giró lentamente hacia ella.

—¿Qué acabas de decir?

Claire palideció.

Y comprendí algo que cambió todas mis preguntas.

Quizá Adrian no me había mantenido oculta porque se avergonzara de mí.

Quizá alguien necesitaba que nuestro matrimonio existiera legalmente…

pero permaneciera invisible hasta que mi abuelo muriera.

CONTINUARÁ EN LA PARTE 3…

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