Parte 2: El bebé de Vivian no era hijo de Lucas

Cuando aterricé en Dali, tenía cuarenta y tres llamadas perdidas.

No todas eran de Lucas.

Su madre había llamado once veces.

Su socio, ocho.

Incluso Vivian había intentado contactarme.

No devolví ninguna.

Compré una nueva tarjeta SIM y envié el número únicamente a mi abogado, Daniel Mercer.

Su respuesta llegó inmediatamente.

Lucas recibió la demanda. Hay un problema. Llámame.

Lo hice desde el taxi.

—¿Qué problema?

—La venta del apartamento.

Mi estómago se tensó.

—Era propiedad conjunta. Transferí su mitad.

—No es eso.

Daniel guardó silencio.

—Lucas afirma que nunca quiso divorciarse.

Miré por la ventana.

—Tengo mensajes donde promete divorciarse de mí cuando nazca el bebé.

—Lo sé. Ya los vi.

—Entonces…

—Nora, Lucas dice que el bebé no es suyo.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué?

—Y afirma que tú interpretaste mal aquella fotografía.

Solté una carcajada.

—También interpreté mal seis meses de mensajes, supongo.

—No estoy diciendo que sea inocente.

La voz de Daniel se endureció.

—Estoy diciendo que hay algo raro.


Dos horas después estaba sentada frente al lago Erhai.

Había imaginado que sentiría libertad.

En cambio, sentía agotamiento.

Abrí las capturas nuevamente.

Cuando nazca el bebé, me divorciaré.

Eso había escrito Lucas.

No decía:

nuestro bebé.

Nunca.

Revisé otros mensajes.

Lucas preguntaba:

¿Cómo salió la consulta?

¿Necesitas dinero?

¿El bebé está bien?

Pero jamás:

mi hijo.

Sentí frío.

Entonces recibí un correo.

De Vivian.

Asunto:

ANTES DE QUE ME ODIES MÁS.

No quería abrirlo.

Lo hice.

Había un único archivo adjunto.

Un certificado de nacimiento.

Nombre del bebé:

Elliot Song.

Madre:

Vivian Song.

Padre:

El espacio estaba vacío.

Debajo, Vivian había escrito:

Lucas no es el padre. Pregúntale por qué estuvo realmente en el hospital.


Llamé a Daniel.

—Averigua quién es el padre.

—Ya lo estoy haciendo.

—¿Y Lucas?

—Está intentando localizarte.

—Que siga intentándolo.

—Nora…

—¿Qué?

—Esta mañana suspendió todas sus reuniones y entregó temporalmente la dirección de la empresa a su vicepresidente.

Eso sí me sorprendió.

Lucas había ido a trabajar con cuarenta grados de fiebre.

—¿Por qué?

—Dice que va a encontrarte.

Cerré los ojos.

—Siete años tuvo para encontrarme mientras dormía a su lado.

Colgué.


Aquella noche apareció otra pieza.

Daniel me envió el registro mercantil de una empresa llamada Song Medical Technologies.

El principal inversionista no era Lucas.

Era su hermano mayor.

Adrian Hart.

Adrian había muerto hacía nueve meses.

Accidente automovilístico.

Entonces entendí por qué Vivian había regresado al país.

Pero no entendía a Lucas.

Hasta que Daniel llamó.

—El bebé nació prematuro.

—¿Y?

—La fecha estimada de concepción coincide con la última semana en que Adrian estuvo vivo.

Me levanté lentamente.

—¿Estás diciendo que…?

—Todavía no afirmo nada.

—Daniel.

—Es muy posible que Elliot sea hijo de Adrian.

Me quedé mirando el lago oscuro.

Eso explicaba la sala de parto.

La preocupación.

Quizá incluso la ternura.

Pero no explicaba los mensajes.

Ella solo es como una ama de llaves.

Aquello no necesitaba prueba de ADN.


Tres días después, Lucas consiguió mi nuevo número.

No pregunté cómo.

Su primer mensaje decía:

Elliot es hijo de Adrian.

El segundo:

Vivian me hizo prometer que no se lo diría a nadie hasta resolver la herencia.

Después:

Pero los mensajes son reales. No voy a mentirte sobre eso.

Por primera vez, seguí leyendo.

Te traicioné aunque no me acostara con ella.

Permití que volviera a ocupar un lugar en mi vida que pertenecía a nuestro matrimonio.

Y dije cosas sobre ti que no tienen perdón.

Eso me dolió más de lo esperado.

Porque no estaba intentando convencerme de que yo había imaginado todo.

Sabía exactamente qué había hecho.

Entonces llegó el último mensaje.

Pero hay algo que Vivian tampoco sabe. Adrian me dejó una grabación antes de morir. Habla de ella. Y de ti.

Fruncí el ceño.

¿De mí?

Nunca había tenido una relación cercana con Adrian.

Lo había visto quizá veinte veces.

Lucas envió un archivo de audio.

No lo abrí inmediatamente.

Después escuché la voz de un hombre muerto.

—Lucas, si estás oyendo esto, probablemente ya no estoy.

Sentí un escalofrío.

—Vivian está embarazada. El bebé es mío.

Pausa.

—Pero no confíes en ella cuando regrese.

Me incorporé.

—Descubrí que lleva meses sacando información de la empresa. No sé para quién trabaja.

Otra pausa.

—Y hay algo peor.

La voz de Adrian se volvió más baja.

—Nora encontró una irregularidad hace años sin darse cuenta de lo que había descubierto.

Dejé de respirar.

—Si Vivian descubre que Nora conserva aquellos documentos, irá tras ella.

El audio terminó.

Me quedé inmóvil.

¿Qué documentos?

Entonces recordé nuestro primer apartamento.

Las noches ayudando a Lucas con propuestas y archivos de inversionistas.

Yo había guardado copias de todo.

Incluso después de mudarnos.

Abrí mi computadora.

Busqué una carpeta antigua.

HART — 2019.

Había cientos de documentos.

Contratos.

Facturas.

Presentaciones.

Y un archivo que yo no recordaba haber creado.

V.S. — NO ELIMINAR.

Lo abrí.

Era una transferencia de hacía siete años.

Tres millones de dólares enviados a una sociedad extranjera.

Autorizada por Adrian.

Beneficiario final:

VIVIAN SONG.

Pero la fecha hizo que mi sangre se congelara.

La transferencia había ocurrido seis meses antes de que Vivian supuestamente conociera a Adrian.

Entonces apareció una notificación.

Alguien intentaba acceder remotamente a mi almacenamiento.

Ubicación del intento:

Dali, Yunnan.

No desde la ciudad que acababa de abandonar.

Desde donde yo estaba.

Miré lentamente hacia la ventana de mi habitación.

Abajo, frente al hotel, había un automóvil negro.

Y junto a él estaba una mujer.

Vivian.

No Lucas.

Vivian me había encontrado primero.

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