PARTE 2 — ESTA VEZ, ELLA ELIGIÓ

Miré las dos mitades del contrato sobre la cama.

Durante meses, aquel documento había decidido mi futuro.

Ahora no significaba nada.

—Quiero quedarme con ella —dije.

Adrian cerró los ojos un instante.

—Entonces se queda contigo.

No hubo discusión.

No hubo amenazas.

Aquello me sorprendió más que cualquier declaración de amor.

—¿Y Melbourne?

—También vas.

Lo miré confundida.

Adrian acarició con un dedo la diminuta mano de nuestra hija.

—No tienes que elegir entre ser su madre y tener una vida.

Sentí que las lágrimas volvían.

—No puedes resolver todo con dinero.

—Lo sé.

Su voz se volvió más baja.

—Ese ha sido mi problema toda la vida.

Tres semanas después, recibí el alta.

Mi beca seguía esperando.

También mi plaza en Melbourne.

Pero antes de marcharme, fui a visitar a mi padre.

Cuando puse a la bebé en sus brazos, lloró.

—¿Cómo se llama?

Miré a Adrian.

Nunca habíamos hablado de aquello.

—Amelia —respondí.

Mi padre sonrió.

Entonces Adrian recibió una llamada.

Su expresión cambió.

—¿Qué ocurre?

Salió de la habitación.

Lo seguí.

—Adrian.

Él permaneció en silencio.

—Dímelo.

Finalmente me mostró el teléfono.

Su abuelo había solicitado una prueba de ADN.

—¿Por qué?

Adrian apretó la mandíbula.

—Dice que Amelia no puede ser una Cole.

Sentí frío.

—¿Está acusándome de algo?

—Sí.

Dos días después llegaron los resultados.

Adrian abrió el sobre delante de mí.

Leyó una vez.

Luego otra.

Su rostro perdió todo color.

—¿Qué dice?

Me entregó el documento.

PATERNIDAD BIOLÓGICA: EXCLUIDA.

El mundo pareció detenerse.

—Eso es imposible.

Adrian no habló.

—Nunca estuve con nadie más.

—Te creo.

Aquellas dos palabras me hicieron llorar.

Pero si Adrian no era el padre, solo quedaba una explicación.

La clínica.

Regresamos inmediatamente.

El director médico intentó hablar de errores administrativos.

Adrian dejó el informe sobre su escritorio.

—Quiero saber qué ocurrió.

El hombre palideció.

Entonces una enfermera comenzó a llorar.

—No fue un error.

Todos la miramos.

—Recibimos instrucciones para cambiar la muestra.

Adrian se puso de pie.

—¿De quién?

La mujer tardó varios segundos en responder.

—De su abuelo.

Sentí que se me cerraba la garganta.

Pero todavía faltaba lo peor.

—¿Entonces quién es el padre de Amelia?

La enfermera me miró.

—Eso es lo que intentamos averiguar.

Abrió un registro antiguo.

Había un nombre escrito junto al código de la muestra.

Cuando Adrian lo leyó, tuvo que apoyarse contra la mesa.

Yo conocía ese nombre.

También él.

Pertenecía al hermano mayor de Adrian.

El hombre que toda la familia Cole llevaba siete años creyendo muerto.

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