PARTE 2: LA FOTO DE HACE SIETE AÑOS

Adrian tomó la fotografía con cuidado.

—Ese hombre es mi hermano.

Sentí que el aire desaparecía del pasillo.

Julian Kane.

El hombre del que me había enamorado siete años atrás.

Y el hombre que desapareció antes de que pudiera decirle que estaba embarazada.

—Mia —dije—, vuelve a mi oficina, cariño.

Cuando estuvimos solos, Adrian cerró la puerta.

—¿Julian es su padre?

Asentí.

—Nunca respondió mis llamadas. Dos semanas después me dijeron que se había marchado a Europa.

Adrian se quedó inmóvil.

—Julian murió hace seis años.

Lo miré fijamente.

—¿Qué?

—Un accidente en Suiza.

Las piernas casi me fallaron.

Durante años había pensado que Julian simplemente nos había abandonado.

—Nunca lo supe.

—Porque no sabíamos que tú existías.

Adrian volvió a mirar la fotografía.

—¿Intentaste contactarlo?

Saqué mi teléfono y busqué una vieja carpeta que jamás había tenido valor para borrar.

Correos.

Mensajes.

Incluso una fotografía de la prueba de embarazo.

Adrian leyó las fechas.

Su expresión se endureció.

—Estos mensajes fueron enviados antes de su muerte.

—Nunca respondió.

—Porque alguien bloqueó tu dirección.

Mi estómago se cerró.

—¿Cómo puedes saberlo?

—Yo administré sus cuentas después del accidente. Había filtros creados manualmente para determinados contactos.

—¿Quién tenía acceso?

Adrian no respondió.

Eso fue suficiente.

Dos días después me llamó a su oficina.

Había encontrado algo.

Julian había creado un fideicomiso meses antes de morir.

Si tenía descendientes, sus acciones en Kane Holdings pasarían a ellos.

Si no los tenía, regresarían al patrimonio familiar.

—Mia es heredera —dijo Adrian.

—No me importa el dinero.

—A alguien sí.

Colocó otro documento frente a mí.

Seis años atrás alguien había presentado una declaración afirmando que Julian murió sin hijos conocidos.

La firma del testigo pertenecía a:

Victoria Kane.

La madre de Adrian y Julian.

Sentí frío.

—¿Tu madre sabía de mí?

—Eso necesito averiguar.

Esa noche Adrian fue a verla.

Regresó tres horas después con una pequeña caja.

Dentro había cartas.

Todas dirigidas a mí.

Todas escritas por Julian.

Ninguna había sido enviada.

Abrí la primera con manos temblorosas.

Claire, recibí tu mensaje. Si el bebé es mío, quiero volver inmediatamente.

Me tapé la boca.

Julian sí había sabido de Mia.

Otra carta decía:

Mi madre insiste en que espere hasta resolver el problema del fideicomiso. No entiendo por qué está tan asustada.

La última estaba fechada cuatro días antes de su muerte.

Solo tenía una frase subrayada:

Si me ocurre algo, Adrian debe encontrar a Claire y proteger a nuestra hija.

Adrian apartó la mirada.

—Nunca vi esto.

Entonces Mia entró corriendo con Gerald entre los brazos.

—Mami, encontré algo dentro del elefante.

Me quedé congelada.

Gerald había pertenecido a Julian.

Me lo regaló semanas antes de desaparecer.

Mia sacó del peluche una pequeña llave metálica.

Adrian la reconoció inmediatamente.

—Es de las antiguas cajas privadas de Kane Holdings.

Al día siguiente abrimos la caja correspondiente.

Dentro había una prueba de paternidad prenatal.

Julian Kane: 99,99 %.

Y debajo, un documento firmado por Julian transfiriendo parte de sus acciones a su hija aún no nacida.

Pero Adrian dejó de respirar cuando vio la fecha de registro.

—Esto fue presentado hace tres meses.

—¿Cómo?

Julian llevaba muerto seis años.

Adrian señaló la firma electrónica del representante que había reactivado el documento.

No era Julian.

Era Victoria Kane.

Su madre había pasado seis años fingiendo que Mia no existía.

Y tres meses atrás, en secreto, había comenzado a devolverle su herencia.

Entonces Adrian encontró una nota adjunta:

Adrian descubrirá pronto quién es Mia. Cuando ocurra, no dejes que pregunte primero por Julian.

Debajo había otra línea.

Haz que pregunte por qué Blackwell & Reed contrató a Claire exactamente siete años después de conocerla.

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