Claire bajó la mirada.
—Son tuyos, Ethan.
Cuatro palabras.
Y el mundo que había reconstruido durante un año se derrumbó.
Mi madre soltó un sollozo.
Yo apenas podía respirar.
—¿Los dos?
Claire asintió.
—Gemelos. Noah y Ellie.
Me arrodillé frente al banco.
—¿Por qué no me lo dijiste?
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Porque cuando descubrí que estaba embarazada, ya habías firmado el divorcio.
—Eso no responde mi pregunta.
Claire miró a mi madre.
Algo en su expresión hizo que Margaret palideciera.
—Claire —susurró mamá—. No.
La miré.
—¿Qué significa eso?
Claire abrió su viejo bolso y sacó un sobre arrugado.
Dentro había una carta.
Mi firma aparecía al final.
Claire: no vuelvas a buscarme. Si el bebé es mío, tampoco quiero saberlo. Mi nueva vida no tiene lugar para ninguno de los dos.
Sentí náuseas.
—Yo nunca escribí esto.
—Lo sé ahora.
Levanté la cabeza.
—¿Ahora?
Claire sacó su teléfono.
—Hace tres semanas encontré una copia de seguridad de nuestros antiguos mensajes. Descubrí que muchos de los que supuestamente me enviaste nunca existieron.
Me puse de pie lentamente.
—¿Quién te dio esa carta?
Claire no respondió.
Miró a mi madre.
Yo también.
Margaret comenzó a llorar.
—Ethan, tienes que entender…
Retrocedí.
—¿Fuiste tú?
—Estabas empezando tu empresa. Claire estaba embarazada, ustedes discutían constantemente… pensé que un hijo te destruiría.
Claire soltó una risa rota.
—No fueron solo cartas.
Mi madre cerró los ojos.
Claire continuó.
—Alguien llamó a mi médico haciéndose pasar por tu madre. Cancelaron mi seguro. Después perdí el apartamento porque el propietario recibió una notificación diciendo que yo abandonaría la ciudad.
La miré horrorizado.
—¿Por eso estás aquí?
—No exactamente.
Su respuesta me inquietó todavía más.
—Entonces dime qué pasó.
Claire abrazó a los gemelos.
—Hace dos meses alguien empezó a seguirnos.
Mi sangre se heló.
—¿Quién?
—No lo sé. Cambié tres veces de alojamiento. Cada vez nos encontraba.
Sacó una fotografía.
Mostraba un automóvil negro estacionado frente al último refugio donde había vivido.
Amplié la imagen.
El conductor apenas era visible.
Pero reconocí el vehículo.
—Ese auto pertenece a mi empresa.
Claire asintió.
—Por eso no vine a buscarte.
Mi teléfono vibró.
Era mi jefe de seguridad.
Contesté.
—Señor Carter, encontramos la información que pidió sobre su ex esposa.
—Habla.
Hubo una pausa.
—Hay un problema. Según nuestros registros internos, alguien lleva casi un año recibiendo informes sobre la ubicación de Claire y los bebés.
Miré a mi madre.
Ella negó desesperadamente.
—Yo no hice eso.
—¿Quién autorizó los informes? —pregunté.
—Aparece su firma, señor.
Sentí que el aire desaparecía.
—Imposible.
—También pensamos eso. Por eso revisamos el original.
Su voz se volvió más grave.
—La autorización fue creada tres meses antes de que usted y Claire se divorciaran.
Miré a mi ex esposa.
Claire estaba temblando.
—Ethan —susurró—, hay algo más que todavía no te he contado.
Señaló a Noah.
—Cuando nació, los médicos encontraron una anomalía genética.
—¿Qué anomalía?
Sus ojos se llenaron de miedo.
—Una que también apareció en el hombre que solicitó en secreto una prueba de paternidad antes de que los gemelos nacieran.
Sentí un escalofrío.
—¿Quién?
Claire me entregó el último documento.
Leí el nombre.
Y por primera vez entendí por qué había pasado un año escondiéndose.
El hombre que había estado buscando a mis hijos llevaba mi apellido.
Pero no era yo.
