PART 2 — EL NOMBRE BAJO LA TINTA

El almirante se detuvo frente a mí.

Brock seguía suspendido en mi agarre, con la furia convertida en desconcierto.

El almirante me saludó.

—Capitana Hayes, usted tiene el mando.

Lo solté. Brock cayó sobre las botas y perdió el equilibrio.

Nadie en la formación se movió.

El almirante se volvió hacia él.

—Comandante Sullivan, queda relevado mientras se investiga su conducta. Entregue su arma y su identificación.

—Esto es absurdo —protestó Brock—. Ella es una observadora administrativa.

—Ya no —respondió el almirante.

El sargento mayor Reed se acercó y me entregó una carpeta sellada.

—La autorización llegó hace diez minutos, señora.

Abrí la primera página. El ejercicio conjunto había sido suspendido. La nueva prioridad era determinar quién había filtrado las rutas y los horarios de las unidades participantes.

—¿Por eso me asignaron aquí? —pregunté.

—Su presencia debía mantenerse confidencial —dijo el almirante—. Hasta que encontráramos al responsable.

Brock miró la carpeta.

Su desconcierto desapareció.

—Así que es cierto —murmuró—. Usted es la capitana de Blackglass.

Reed palideció.

Ese nombre no aparecía en ningún registro público. Ni siquiera figuraba en la parte visible de mi historial.

—¿Quién se lo dijo? —pregunté.

Brock sonrió, pero ya no parecía divertido.

—El mismo hombre que me dijo que usted vendría.

El murmullo recorrió las filas.

El almirante indicó a dos oficiales que lo escoltaran. Brock no opuso resistencia. Antes de marcharse, se inclinó hacia mí.

—Si abre el archivo completo, descubrirá por qué la mandaron aquí.

—Eso es precisamente lo que pienso hacer.

—No encontrará una filtración —susurró—. Encontrará una orden.

Los oficiales lo apartaron.

Reed abrió la carpeta sellada y me mostró la página siguiente. Había una lista de operaciones, nombres tachados y una autorización firmada tres días antes por alguien de alto rango.

Reconocí la firma.

Sentí que el campo de desfile se inclinaba bajo mis pies.

No era la de Brock.

Era la del almirante que acababa de saludarme.

El hombre miró la página y dejó de hablar.

Entonces las radios de toda la base crepitaron al mismo tiempo.

Una voz desconocida dijo mi nombre y añadió:

—Capitana Hayes, el archivo ya está en manos del enemigo.

read the entire Part 3 below.

Related Posts

PART 2 — LA INVITADA QUE NADIE MIRÓ

Eleanor dejó las manos sobre los apoyabrazos y contempló el salón. —Desde aquí puedo ver quién sonríe de verdad y quién solo está esperando su turno para…

PART 2 — EL DINERO QUE NO PODÍA LLEVARSE

El abogado contestó a la primera llamada. —¿Ya salió de la casa? —preguntó. —Sí. Está en Logan con Sienna. —Entonces no toques nada más. El banco ya…

PART 2 — EL NOMBRE EN LA ESCRITURA

El notario contestó al segundo timbrazo. —Señor Ramírez, soy Mariana Ortega. Necesito detener la firma de mañana. Hubo un silencio breve. —¿Ocurrió algo? —La escritura no refleja…

PART 2 — LA MERCANCÍA

Elena me empujó hacia el pasillo de servicio y cerró la puerta a mis espaldas. —No mires atrás —susurró—. Sigue caminando como si trabajaras aquí. Me puse…

PART 2 — EL NOVIO QUE SE QUEDÓ INMÓVIL

Un murmullo recorrió el patio. Entonces los sedanes negros se detuvieron frente a la entrada. Alexander bajó del primero con un traje oscuro y el mismo reloj…

PART 2 — LOS AHORROS NO ERAN SUYOS

Daniel seguía esperando que yo gritara. En lugar de eso, saqué una carpeta de mi bolso y la puse sobre la mesa. —Aquí están los extractos bancarios…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *