Esperé hasta que las risas se alejaron de la escalera.
Luego me desabroché el broche y encontré el interruptor diminuto que mi padre me había enseñado a usar. Lo presioné una vez.
No hubo alarma.
Solo una vibración breve contra mi palma.
La señal había salido.
Me refugié en el camarote y cerré la puerta sin hacer ruido. El mareo me doblaba las rodillas, pero no podía permitirme dormir. Busqué en el bolso el frasco de pastillas y lo vacié sobre la cama.
Las tabletas blancas no tenían etiqueta.
Guardé una en un pañuelo. Después abrí la aplicación de notas y escribí todo lo que recordaba: las dosis, la sopa, la hora del plan, los nombres de mis padres y la mención del poder notarial.
El teléfono vibró.
Un mensaje de mi padre apareció en la pantalla:
«Señal recibida. No te enfrentes a ellos. Estamos localizando el yate».
Me cubrí la boca para contener un sollozo.
Entonces escuché pasos en el pasillo.
—¿Grace? —llamó Flynn—. ¿Estás ahí?
Apagué la pantalla y me metí en el baño. La puerta del camarote se abrió.
—Amor, ¿dónde estás?
Su voz sonaba preocupada. Dulce. La misma voz con la que me había prometido una vida juntos.
Esperé hasta oírlo acercarse al baño.
Entonces salí por la otra puerta, que daba al corredor de servicio, y llegué a la pequeña zona de lavandería. Desde allí podía ver parte de la cubierta inferior.
Flynn estaba hablando con sus padres.
—No la encuentro —dijo—. Si tomó las pastillas, no puede haber llegado lejos.
Aidan levantó su copa.
—Entonces búscala antes de que despierte del todo.
Fiona miró hacia el pasillo.
—¿Y si alguien descubre lo del poder?
Flynn bajó la voz.
—Nadie lo descubrirá. El documento ya está registrado.
Una puerta se cerró detrás de mí.
Me giré.
El capitán del yate estaba allí, inmóvil, con una mano extendida.
Por un instante pensé que venía a atraparme.
Pero puso algo en mi palma: una llave y una tarjeta de memoria.
—Su padre me contrató para protegerla —susurró—. No sabía que su marido también lo había hecho.
Miré la tarjeta.
—¿Qué hay aquí?
El capitán tragó saliva.
—La cámara del comedor grabó quién puso las pastillas en su bebida.
Entonces, desde la cubierta, oí la voz de Flynn:
—¡Ya sé que estás despierta, Grace!
read the entire Part 3 below.