Llegué al despacho de mi abogado veinte minutos después.
Michael Grant no me ofreció asiento.
Solo cerró la puerta y dejó una carpeta sobre la mesa.
—Antes de hacer cualquier estupidez con la custodia, necesitas ver esto.
La abrí.
Había estados bancarios.
Facturas.
Transferencias.
Fotografías mías con Vanessa.
—Ya sabemos que Claire descubrió la aventura.
Michael negó con la cabeza.
—Esto no se trata de la aventura.
Pasó varias páginas.
Entonces vi una transferencia de 480.000 dólares.
Mi firma aparecía al final.
—¿Qué es esto?
—Dinero retirado de Carter Holdings hace cuatro meses.
Fruncí el ceño.
—Yo no autoricé esa transferencia.
—Sí la autorizaste.
Michael deslizó otro documento hacia mí.
Reconocí mi firma.
Y entonces lo recordé.
Vanessa había entrado en mi oficina con varios papeles.
“Solo son documentos rutinarios.”
Yo estaba hablando por teléfono.
Firmé sin leer.
Sentí frío.
—¿Dónde terminó el dinero?
—En una empresa llamada VCC Consulting.
Las iniciales me golpearon inmediatamente.
Vanessa Claire Cole.
—No.
—Hay más.
Michael abrió el historial.
No había sido una transferencia.
Habían sido siete.
Más de dos millones de dólares.
Todas aprobadas con mis credenciales.
Todas terminaban en compañías relacionadas con Vanessa.
—Claire encontró esto hace tres semanas.
Me puse de pie.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque vino aquí.
Lo miré fijamente.
—¿Mi esposa vino a verte?
—No como tu abogado.
Michael hizo una pausa.
—Vino acompañada del suyo.
Sentí que el estómago se me hundía.
Claire no estaba preparando una discusión.
Estaba preparando una guerra.
—¿Dónde está Noah?
—A salvo.
—Quiero verlo.
—Entonces deja de mentir.
Me quedé callado.
Michael empujó otra carpeta hacia mí.
PETICIÓN DE DIVORCIO.
Debajo había una solicitud de custodia temporal.
Y después, una auditoría forense.
—Vanessa no solo estaba durmiendo contigo —dijo Michael—. Estaba utilizando tu acceso a la empresa.
Saqué el teléfono.
La llamé.
Número desconectado.
Entonces recordé algo.
Vanessa había dicho que viajaría a Londres aquella mañana.
Corrí al banco.
Demasiado tarde.
Una de las cuentas corporativas había recibido una solicitud de transferencia internacional por ocho millones.
La operación estaba retenida.
Claire la había bloqueado cuarenta y ocho horas antes.
Mi esposa había protegido mi empresa mientras yo estaba en un hotel engañándola.
Me quedé mirando la pantalla.
Entonces llegó un mensaje de un número desconocido.
Era Claire.
Por primera vez desde que desapareció.
“Noah está bien.”
Casi se me doblaron las rodillas.
Escribí inmediatamente.
“Necesito verlos.”
Aparecieron los tres puntos.
Desaparecieron.
Volvieron.
Finalmente llegó su respuesta.
“Noah no es la razón por la que debes preocuparte esta noche.”
Debajo había una fotografía.
Vanessa entrando en mi despacho privado.
No estaba sola.
El hombre junto a ella era Daniel Mercer.
Mi director financiero.
Y también mi mejor amigo desde la universidad.
La fecha de la imagen era de once meses atrás.
Mucho antes de que comenzara mi aventura con Vanessa.
Entonces Claire envió un audio.
La voz de Daniel llenó mi teléfono.
—Cuando Carter firme los últimos documentos, Vanessa se queda con él hasta que terminemos.
Luego habló Vanessa.
—¿Y Claire?
Daniel se rio.
—Cuando nazca el bebé, conseguiremos que parezca que ella fue quien robó el dinero.
Se me detuvo el corazón.
Pero la grabación continuó.
—¿Y después? —preguntó Vanessa.
Daniel respondió con una frase que convirtió mi miedo en terror.
—Después hacemos la prueba de ADN y Carter descubre quién es realmente el padre de Noah.
