PARTE 2: EL VUELO QUE MARCUS NUNCA DEBIÓ COMPRAR

El día de mi partida, Marcus salió de casa antes del amanecer.

—Tengo una reunión importante —dijo mientras se ajustaba el uniforme—. Cuando llegues a North City, avísame.

Lo observé desde la puerta.

—¿Hoy?

—Sí.

Evitó mis ojos.

Yo sabía perfectamente qué reunión tenía.

La familia Fu iba a encontrarse oficialmente con los Grant para anunciar su compromiso con Vanessa.

—Que te vaya bien —respondí.

Marcus se acercó y me besó la frente.

—Volveré antes de que regreses.

No lo corregí.

Porque yo no iba a regresar.

Dos horas después cerré la puerta del apartamento por última vez.

No dejé fotografías.

No dejé regalos.

Solo la llave sobre la mesa y una nota de cuatro palabras.

“Gracias por el boleto.”

Cuando mi avión aterrizó en North City, un vehículo militar esperaba junto a la terminal privada.

El coronel Harris descendió primero.

Al verme, se cuadró inmediatamente.

—Bienvenida a casa, mayor general Bennett.

Hacía años que nadie me llamaba así.

Respiré profundamente.

—Código 12138 se presenta para servicio.

Mi padre me esperaba en el cuartel general.

No me abrazó delante de los oficiales.

Solo levantó la mano y saludó.

Pero cuando entramos en su despacho y la puerta se cerró, me estrechó contra su pecho.

—Ya estás en casa.

Por primera vez desde el accidente, lloré.

No por Marcus.

Por mí.

Por todos los años durante los cuales había reducido mi vida para caber dentro de la suya.

Tres días después asumí oficialmente mi nuevo puesto.

A la misma hora, Marcus descubrió que yo había desaparecido.

Me llamó diecisiete veces.

No contesté.

Después llegaron los mensajes.

Ava, ¿dónde están tus cosas?

¿Qué significa la nota?

¿Por qué entregaste el apartamento?

Llámame.

Finalmente:

¿Me estás dejando?

Miré aquella pregunta durante varios segundos.

Respondí:

Sí.

Su llamada llegó inmediatamente.

La rechacé.

Entonces escribió:

Voy a North City.

Mi respuesta fue sencilla.

No vengas.

Aquella tarde Vanessa me envió una fotografía.

Ella llevaba un vestido blanco.

Marcus estaba a su lado.

Debajo escribió:

“Algunas personas deberían saber cuándo retirarse.”

No contesté.

Simplemente bloqueé el número.

Dos semanas después se celebró la conferencia conjunta de defensa regional.

Delegaciones de doce unidades llegaron a North City.

Yo debía presidir la sesión de coordinación.

Cuando revisé la lista de asistentes encontré un nombre conocido.

Teniente coronel Marcus Fu.

Me quedé mirando la hoja.

Mi ayudante preguntó:

—¿Algún problema, general?

—Ninguno.

Marcus llegó aquella mañana junto a Vanessa.

No me vio al principio.

Estaba hablando con varios oficiales cuando el salón quedó repentinamente en silencio.

—¡Atención!

Todos se pusieron de pie.

Las puertas se abrieron.

Entré con mi uniforme de gala.

Marcus levantó la cabeza.

Y dejó de respirar.

Vi cómo sus ojos bajaban lentamente hasta mis insignias.

Después volvió a mirarme a la cara.

Vanessa también me reconoció.

Su expresión se descompuso.

Caminé hasta la cabecera.

—Buenos días.

Decenas de oficiales respondieron al unísono.

—¡Buenos días, mayor general Bennett!

Marcus seguía inmóvil.

Durante años había creído que yo era una oficial corriente sin conexiones.

La mujer que necesitaba que él la protegiera.

La novia que algún día podía abandonar su carrera para seguirlo.

Nunca se preguntó por qué algunos generales veteranos me saludaban primero.

Nunca preguntó por qué mis traslados necesitaban autorizaciones de un nivel que no correspondía a mi supuesto rango.

Simplemente asumió que mi mundo era más pequeño que el suyo.

La reunión duró dos horas.

No lo miré más de lo necesario.

Cuando terminó, Marcus me esperaba en el pasillo.

—Ava.

Seguí caminando.

Me sujetó del brazo.

Dos miembros de seguridad avanzaron inmediatamente.

—¡Suelte a la general!

Marcus retiró la mano.

—Necesito hablar contigo.

—Teniente coronel Fu, estoy trabajando.

Aquello lo golpeó.

—¿Desde cuándo eres mayor general?

—Desde antes de conocerte.

—¿Y tu padre?

Una voz respondió detrás de mí.

—Su padre soy yo.

Marcus se giró.

El comandante general Bennett caminaba hacia nosotros.

El color desapareció de su rostro.

Se cuadró automáticamente.

—Señor.

Mi padre ni siquiera le devolvió el saludo inmediatamente.

—Así que usted es Marcus Fu.

—Sí, señor.

—He oído hablar bastante de usted.

Vanessa apareció en ese momento.

—Comandante Bennett.

Mi padre la miró.

—Jefa de Estado Mayor Grant.

Después observó a ambos.

—Felicidades por el compromiso.

Marcus reaccionó como si lo hubieran golpeado.

—No estamos comprometidos.

Vanessa palideció.

—Marcus.

—Nunca acepté formalmente.

Lo miré por primera vez.

—Entonces ¿qué estabas haciendo el día que me fui?

Silencio.

—Ava, puedo explicarlo.

—Tuviste oportunidades.

—Mi familia me presionó.

—Y tú me mentiste.

—Nunca dejé de amarte.

Negué lentamente.

—El problema no es a quién dices amar cuando tienes tiempo para pensarlo.

Recordé el accidente.

—Es a quién eliges cuando no tienes tiempo.

Marcus bajó la mirada.

Yo seguí caminando.

Pensé que aquello sería el final.

Me equivocaba.

Esa noche mi padre entró en mi despacho con una carpeta clasificada.

—Tenemos un problema.

—¿Qué ocurre?

La dejó frente a mí.

—La boda entre Fu y Grant no era solamente un acuerdo familiar.

Abrí el expediente.

Había transferencias bancarias.

Contratos militares.

Informes de adquisiciones.

Y nombres que reconocía.

La familia Grant aparecía repetidamente.

También la familia Fu.

—¿Qué es esto?

—Una investigación interna.

Mi padre señaló varios contratos.

—Durante cuatro años alguien ha manipulado licitaciones de suministros utilizando información reservada.

Sentí un escalofrío.

—¿Marcus?

—Todavía no lo sabemos.

Pasé otra página.

Entonces encontré mi antiguo código.

—¿Por qué aparezco yo?

Mi padre se quedó en silencio.

—Porque alguien utilizó tus credenciales después de que abandonaras North City.

—Eso es imposible.

—No.

Me mostró los registros.

Durante años se habían autorizado operaciones con mi identidad.

Si la investigación estallaba sin encontrar al responsable, las pruebas podían señalarme a mí.

—¿Quién tenía acceso?

Mi padre deslizó una fotografía hacia mí.

Marcus.

Vanessa.

Y un tercer hombre.

El padre de Marcus.

—Por eso querías que regresara —susurré.

Mi padre no respondió.

—La orden de traslado ya estaba preparada antes de que yo viniera.

Silencio.

Entonces comprendí.

—Tú sabías que algo estaba ocurriendo.

—Sospechaba.

—¿Y la boda?

—Creemos que pretendía unir formalmente a las dos familias antes de que comenzara la auditoría.

Mi teléfono vibró.

Marcus.

Esta vez contesté.

—¿Qué quieres?

Su respiración era agitada.

—Ava, escucha atentamente.

Miré a mi padre.

—Estoy escuchando.

—No confíes en nadie que conozca tu código antiguo.

Mi cuerpo se tensó.

—¿Cómo sabes lo del 12138?

Silencio.

Después Marcus pronunció algo que cambió por completo aquella historia.

—Porque llevo dos años investigando quién está utilizándolo.

Me levanté.

—¿Dos años?

—Sí.

—Entonces ¿por qué no me dijiste nada?

—Porque la orden era mantenerte fuera de North City a cualquier precio.

Miré a mi padre.

Él también había oído.

—¿Qué orden?

Marcus respiró profundamente.

—La razón por la que acepté acercarme a Vanessa.

Mi padre extendió la mano pidiendo el teléfono.

Pero antes de entregárselo escuché la última frase.

—Ava, la boda nunca fue para unir a los Fu con los Grant.

Marcus bajó la voz.

—Era el cebo para descubrir quién dentro del alto mando lleva años intentando incriminarte.

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