Esperé hasta que Dakota regresó acompañada por la jefa de cabina.
—Ahora puedes abrirlo —dijo.
Trinity cruzó los brazos.
—¿Qué clase de espectáculo es este?
Dakota ni siquiera la miró.
Rompí el sello.
La primera página llevaba el membrete de un despacho de abogados.
PETICIÓN DE DIVORCIO.
Sentí que el estómago se me hundía.
—Dakota…
—Sigue leyendo.
Había una solicitud de separación inmediata de bienes.
Una orden de preservación de registros financieros.
Y una notificación formal de auditoría relacionada con Bennett Aerospace, la empresa que había fundado nueve años atrás.
Trinity se inclinó hacia mí.
—¿Auditoría?
—No sé nada de esto.
Dakota soltó una pequeña risa.
—Esa es probablemente la primera verdad que has dicho hoy.
—¿Cuánto tiempo llevas preparando esto?
—Ocho meses.
Trinity palideció.
—¿Ocho meses?
Dakota finalmente la miró.
—Sé quién eres desde noviembre.
Trinity giró hacia mí.
—Me dijiste que estabais separados desde hacía un año.
No respondí.
Dakota continuó.
—También sé quién pagó vuestro hotel en París, las cenas en Miami y este viaje a Florencia.
—Yo.
—No.
Colocó una hoja sobre mi bandeja.
—Bennett Aerospace.
Reconocí inmediatamente los códigos contables.
Había cargado algunos gastos a la empresa.
Pero no todos aquellos.
—Yo nunca autoricé esto.
—Eso pensé.
Levanté la vista.
Esperaba odio.
Vi preocupación.
—¿Qué quieres decir?
Dakota bajó la voz.
—Alguien lleva dieciocho meses utilizando tus credenciales para sacar dinero de la empresa.
—¿Y creías que era yo?
—Descubrí que mentías sobre dónde dormías. Necesitaba averiguar sobre qué más mentías.
Aquello me dejó sin respuesta.
Mi teléfono vibró.
ACCESO CORPORATIVO SUSPENDIDO.
Después llegó otro mensaje.
REUNIÓN EXTRAORDINARIA DEL CONSEJO CONVOCADA.
Miré a Dakota.
—¿Tú hiciste esto?
—Entregué las pruebas.
—¿Qué pruebas?
—Pregúntale a Trinity por Mercer Strategic Consulting.
Trinity dejó de respirar.
Me volví hacia ella.
—¿Qué es Mercer Strategic?
—No tengo idea.
—Tu apellido es Mercer.
—Eso no demuestra nada.
Dakota sacó una última hoja.
—Trinity Mercer figura como administradora de la empresa.
Trinity se levantó.
—Necesito ir al baño.
Dakota bloqueó suavemente el pasillo con el carrito.
—Cuando se apague la señal del cinturón.
La mirada que intercambiaron me produjo un escalofrío.
Aquello no había empezado esa mañana.
Horas después aterrizamos en Florencia.
Trinity desapareció en cuanto llegamos a la terminal.
No contestó mis llamadas.
Dakota salió con la tripulación sin despedirse.
Entonces recibí una llamada de Ethan Cole, mi socio y director financiero.
—Miles, ¿dónde estás?
—Florencia.
Silencio.
—Dios mío.
—¿Qué ocurre?
—No utilices ninguna tarjeta de la empresa.
—Ya están bloqueadas.
—No es por eso.
Escuché papeles.
—Encontramos nueve millones de dólares desviados mediante empresas de consultoría.
—Dakota me habló de Mercer Strategic.
—Hay cuatro empresas más.
—¿Quién las controla?
—Eso estamos intentando averiguar.
Hizo una pausa.
—Una está registrada a nombre de Dakota.
Sentí que el suelo desaparecía.
—¿Qué?
—DKB Holdings.
Colgué y llamé inmediatamente a mi esposa.
Contestó al tercer tono.
—¿Creaste DKB Holdings?
—No.
—Está a tu nombre.
—Lo sé.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace seis semanas.
Me quedé callado.
—Miles, alguien falsificó mi firma.
—¿Por qué?
—Para que cuando descubrieran el dinero pareciera que yo te estaba robando.
Me senté en una banca del aeropuerto.
—Entonces Trinity…
—No sé cuánto sabe Trinity.
—Pero tú sabías que estaría en este vuelo.
—Sí.
—¿Cómo?
—Porque ella compró los billetes.
—Yo pagué los billetes.
—Mira el recibo real.
Abrí el correo de confirmación.
La reserva había sido procesada por una agencia corporativa.
Cuenta facturada:
DKB HOLDINGS.
Sentí náuseas.
—Me tendieron una trampa.
—A los dos.
Aquellas tres palabras cambiaron todo.
Dakota podía odiarme.
Podía divorciarse de mí.
Pero alguien había construido un fraude alrededor de nuestros nombres.
—¿Por qué Florencia?
—Eso todavía no lo sé.
Mi teléfono recibió otro archivo.
Era de Dakota.
—Ábrelo.
Lo hice.
Una póliza de seguro de vida.
Mi nombre aparecía como asegurado.
Veinticinco millones de dólares.
—Yo nunca contraté esto.
—Lo sé.
—¿Quién es el beneficiario?
Dakota guardó silencio.
Seguí bajando.
DKB Holdings.
La empresa falsa registrada a nombre de mi esposa.
Si yo moría, Dakota parecería beneficiarse.
—¿Cuándo se emitió?
—Hace seis semanas.
La misma semana en que Trinity me convenció de viajar a Italia.
Se me heló la sangre.
—Dakota…
—No vayas al hotel.
Demasiado tarde.
Mi equipaje ya había sido enviado allí.
Tomé un taxi.
Cuando llegué, encontré un sobre debajo de la puerta.
Dentro había una fotografía de Trinity besando a un hombre.
No era yo.
Era Ethan.
Mi socio.
Mi mejor amigo desde la universidad.
Debajo alguien había escrito:
“ELLA NUNCA FUE TU AMANTE. ERA TU VIGILANTE.”
Llamé a Ethan.
No respondió.
Entonces escuché tres golpes.
Me acerqué lentamente a la puerta.
—¿Quién es?
—Miles.
La voz era de Ethan.
Miré por la mirilla.
Estaba allí.
Y detrás de él estaba Trinity.
Llamé inmediatamente a Dakota.
—Están aquí.
—¿Quiénes?
—Ethan y Trinity.
Dakota dejó de respirar.
—No abras.
—Necesito respuestas.
—Miles, escúchame. Encontré algo más después de aterrizar.
—¿Qué?
—Los veinticinco millones no eran el objetivo principal.
Los golpes volvieron.
Más fuertes.
—Entonces ¿qué querían?
—Tus acciones.
Mi mano se quedó inmóvil sobre la cerradura.
Yo controlaba el 42% de Bennett Aerospace.
—Si mueres, pasan al fideicomiso matrimonial.
—Exactamente.
—Que controlarías tú.
—Eso querían que pareciera.
Entendí finalmente la estructura.
Matarme.
Culpar a Dakota.
Eliminarla después mediante una investigación.
Y dejar nuestras acciones atrapadas en un proceso donde alguien pudiera hacerse con el control.
—¿Quién?
—Encontré el documento que activa la transferencia si ambos quedamos incapacitados.
—¿A quién pasan?
Dakota tardó varios segundos en responder.
—A Ethan Cole.
Retrocedí de la puerta.
Entonces Trinity habló desde el pasillo.
—Miles, sabemos que estás hablando con Dakota.
Todo mi cuerpo se congeló.
¿Cómo podía saberlo?
Miré alrededor de la habitación.
Dakota susurró:
—Sal de ahí.
Vi una pequeña luz debajo del escritorio.
Un dispositivo.
Estaban escuchando la habitación.
Cogí mi chaqueta.
Entonces Ethan dijo desde fuera:
—No compliques esto, Miles. Solo queremos hablar.
Me dirigí hacia la salida de emergencia.
Pero Dakota habló otra vez.
—Espera.
—¿Qué?
—Acabo de recibir el informe completo de la auditoría.
Su respiración cambió.
—Miles, Ethan tampoco controla Mercer Strategic.
—Entonces ¿quién?
—La empresa pertenece a una sociedad creada hace veintisiete años.
—¿Por quién?
Silencio.
—Por tu padre.
Me quedé inmóvil.
—Mi padre murió hace quince años.
—Eso creías tú.
Los golpes cesaron.
Al otro lado de la puerta ya no se escuchaba nada.
Entonces Dakota dijo:
—Miles, encontré una fotografía tomada ayer en Florencia.
Mi teléfono vibró.
Abrí la imagen.
Ethan estaba sentado en un restaurante.
Trinity estaba frente a él.
Y entre ambos había un hombre de cabello gris.
Un hombre cuyo funeral yo había pagado quince años atrás.
Mi padre.
Debajo de la fotografía había una sola frase escrita por Dakota:
“Tu viaje a Florencia nunca fue una escapada romántica. Trinity te trajo aquí para entregarte a él.”
