PARTE 2: El archivo que Daniel no podía borrar

Nadie habló durante varios segundos.

Daniel fue el primero en reaccionar.

—Clara, estás alterada. No sabes lo que estás diciendo.

Abrí la laptop.

—Entonces será fácil demostrar que estoy equivocada.

El director general, Marcus Hale, miró a Daniel.

—¿Qué registros?

—Nada importante —respondió él demasiado rápido—. Mi esposa trabaja en sistemas. Está mezclando problemas personales con información de la empresa.

—Exesposa —corregí.

Valeria levantó la cabeza.

Daniel me fulminó con la mirada.

—Todavía estamos casados.

—Temporalmente.

La jefa de Recursos Humanos cerró la puerta de la sala de juntas.

—Entremos.

Daniel intentó detenerme.

—No tienes autorización para mostrar archivos internos.

Sonreí.

—Yo diseñé el sistema de auditoría que los conserva.

Eso lo silenció.

Dentro conecté mi laptop a la pantalla.

Primero aparecieron las facturas.

Hoteles.

Restaurantes.

Billetes de avión.

Supuestas reuniones con clientes.

—Estas cuarenta y tres operaciones fueron aprobadas por Daniel durante los últimos catorce meses.

Marcus frunció el ceño.

—¿Y cuál es el problema?

Abrí otra columna.

—Los clientes nunca estuvieron allí.

Después mostré las reservas reales.

Mismas fechas.

Mismos hoteles.

Dos huéspedes.

Daniel Mitchell.

Valeria Stone.

Valeria se levantó.

—Esto es una violación de mi privacidad.

—No.

La miré.

—Esto es contabilidad corporativa.

Pasé al siguiente archivo.

—Y aquí empiezan los problemas serios.

Había siete facturas duplicadas.

La empresa pagaba una.

La segunda cantidad terminaba en una consultora llamada VS Strategic.

Marcus preguntó:

—¿Quién es el propietario?

Miré a Valeria.

—Adivina.

Ella empezó a llorar.

Daniel golpeó la mesa.

—¡Basta!

El director general ni siquiera lo miró.

—Siéntate.

Daniel obedeció.

Por primera vez comprendí que estaba asustado.

No por perderme.

Por perder su carrera.

Pero todavía guardaba algo peor.

—Hace seis meses detecté irregularidades —continué—. Pensé que eran errores del sistema.

Abrí los registros de acceso.

—Entonces descubrí que alguien entraba en mi cuenta administrativa después de medianoche.

Marcus se inclinó hacia la pantalla.

—¿Desde qué dispositivo?

—El portátil de Daniel.

Valeria dejó de llorar.

Daniel palideció.

—Compartimos casa. Pude usar su ordenador alguna vez.

—Precisamente por eso no denuncié nada todavía.

Lo miré.

—Hasta que encontré esto.

Mostré una solicitud de eliminación masiva.

Daniel había intentado borrar ciento diecisiete registros financieros tres días antes del viaje a la playa.

Marcus se levantó.

—Seguridad.

—Espera —dijo Daniel—. Puedo explicarlo.

—Espero que puedas.

Dos hombres aparecieron en la puerta.

Valeria agarró el brazo de Daniel.

—Diles la verdad.

Él se volvió hacia ella.

—Cállate.

—¡Dijiste que Clara nunca revisaría esos archivos!

Todo el mundo quedó inmóvil.

Daniel cerró los ojos.

Valeria comprendió demasiado tarde lo que acababa de admitir.

Yo cerré la laptop.

—Gracias, Valeria.

Marcus ordenó bloquear inmediatamente sus accesos.

Entonces Daniel me miró.

—¿Esto querías?

—No.

Me levanté.

—Yo quería un marido que no se acostara con mi mejor amiga mientras intentaba robar a su empresa.

Salí.

Pensé que había terminado.

Me equivocaba.

Apenas llegué al ascensor, Marcus salió detrás de mí.

—Clara.

Su expresión había cambiado.

—Necesito que vuelvas.

—¿Por qué?

—Auditoría acaba de revisar VS Strategic.

Regresé.

En la pantalla aparecía una lista de transferencias.

Esperaba encontrar dinero robado.

Lo encontré.

Pero también apareció mi nombre.

CLARA MITCHELL.

Beneficiaria autorizada.

—¿Qué demonios es esto?

Daniel parecía tan sorprendido como yo.

Valeria no.

La miré.

—¿Por qué estoy ahí?

No respondió.

Marcus abrió el documento original de constitución.

VS Strategic había sido creada cuatro años antes.

Un año antes de que comenzaran las transferencias.

La firma de Valeria aparecía como administradora.

Debajo había otra.

La mía.

—Yo nunca firmé eso.

Daniel susurró:

—Clara…

—No me mires. Esa firma es falsa.

La asesora legal amplió el documento.

—Probablemente.

Después abrió el archivo adjunto.

Una copia de mi documento de identidad.

Mi dirección.

Mi número fiscal.

Todo correcto.

Excepto una cosa.

La copia había sido certificada.

Por un abogado que conocía perfectamente.

—No puede ser.

Era mi padre.

Valeria comenzó a llorar de verdad.

—Yo le dije que esto terminaría mal.

Daniel la miró.

—¿Le dijiste a quién?

Ella se tapó la boca.

—Valeria.

Me acerqué.

—¿Mi padre sabía de esta empresa?

—Clara, yo no puedo…

—Habla.

Entonces sonó mi teléfono.

Mi madre.

Contesté.

—Mamá.

No escuché un saludo.

Solo su respiración agitada.

—Clara, tienes que venir.

—¿Qué ocurre?

—Tu padre acaba de admitir algo.

Miré nuevamente su firma en la pantalla.

—¿Sobre VS Strategic?

Silencio.

—¿Cómo sabes ese nombre?

Sentí frío.

—Mamá, ¿qué hizo papá?

Ella empezó a llorar.

—Dice que Daniel nunca fue quien debía casarse contigo.

Mi corazón se detuvo.

—¿Qué significa eso?

—No lo sé. Encontré una carpeta escondida en su despacho.

Escuché papeles.

—Hay fotografías tuyas, contratos, transferencias…

Hizo una pausa.

—Y un acuerdo firmado hace tres años.

Tres años.

Exactamente cuando Daniel y yo nos casamos.

—¿Entre quiénes?

Mi madre tardó varios segundos en responder.

—Entre tu padre y Valeria.

Levanté la mirada.

Valeria estaba blanca.

Pero mi madre todavía no había terminado.

—Clara, el documento dice que Valeria debía acercarse a Daniel después de vuestra boda.

Sentí que el suelo desaparecía.

—¿Por qué?

Mi madre comenzó a leer.

Entonces se quedó completamente callada.

—Mamá.

—Hay una cláusula final.

—Léela.

Su voz salió apenas como un susurro.

—Dice que cuando consiguiera separar a Daniel de ti, Valeria recibiría el control de VS Strategic.

Miré a la mujer que durante años había llamado mi mejor amiga.

—¿Mi padre te pagó para destruir mi matrimonio?

Valeria cerró los ojos.

Y negó lentamente.

—No, Clara.

Cuando volvió a mirarme, estaba llorando.

—Tu padre me pagó para conseguir que Daniel se alejara de ti antes de que descubrieras quién era realmente tu marido.

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