PARTE 2: La mentira que empezó antes del divorcio

Salí del restaurante sin coger siquiera el abrigo.

—¡Natalie!

Ella se detuvo.

Sus manos se cerraron alrededor del manillar del cochecito.

Cuando me acerqué, su expresión no mostró sorpresa.

Mostró miedo.

—Luca, vuelve dentro.

—Necesito preguntarte algo.

—No.

Miré a los gemelos.

El niño volvió la cabeza hacia mí.

Sentí un golpe en el pecho.

—¿Cuántos meses tienen?

Natalie cerró los ojos.

—No hagas esto.

—¿Cuántos?

—Diez.

Las fechas no encajaban.

Nos habíamos divorciado hacía casi cuatro años.

Solté el aire.

No podían ser míos.

Y aun así, algo seguía molestándome.

—El médico acaba de decirme que nunca tuve problemas de fertilidad.

Natalie abrió los ojos.

—¿Qué?

—Todas mis pruebas son normales.

Su rostro cambió lentamente.

—Siempre lo fueron.

Me quedé inmóvil.

—¿Cómo puedes saberlo?

Natalie miró hacia el restaurante.

Evelyn estaba detrás del cristal observándonos.

—Porque tus resultados originales también eran normales.

Sentí que el ruido de Chicago desaparecía.

—Eso no es posible.

—Sí lo es.

—Victor me enseñó los informes.

Al escuchar aquel nombre, Natalie palideció.

Victor Hale.

Mi mejor amigo desde la universidad.

Mi socio.

El hombre que había estado a mi lado durante todo nuestro matrimonio.

El hombre que me había repetido que Natalie ocultaba algo.

—Claro que fue Victor —susurró.

—¿Qué significa eso?

Natalie soltó una risa amarga.

—Significa que todavía no lo sabes.

—¿Saber qué?

Antes de responder, el bebé empezó a llorar.

Natalie lo tomó en brazos.

Cuando la manta se deslizó, vi una pequeña marca bajo su oreja.

Una media luna.

La misma marca que tenía mi padre.

La misma que tenía yo.

Mi estómago se cerró.

—Natalie…

Ella volvió a cubrirlo.

—No son tuyos.

—Entonces explícame eso.

—No puedo hacerlo aquí.

En ese momento Evelyn salió del restaurante.

—Luca, ¿qué está pasando?

Natalie se quedó rígida.

Evelyn miró a los bebés.

Después a Natalie.

—Así que tú eres su ex mujer.

Natalie no respondió.

Pero cuando Evelyn mencionó a Victor, algo cambió.

—Victor dijo que ella tenía problemas médicos —explicó Evelyn.

Natalie la miró fijamente.

—¿Victor te dijo eso?

—Sí.

—¿Cuándo?

Evelyn dudó.

—Cuando Luca y yo empezamos a intentar tener hijos.

Natalie palideció todavía más.

—Luca, tienes que revisar tus expedientes médicos.

—Acabo de hacerlo.

—No los actuales.

Se acercó un paso.

—Los de nuestro matrimonio.

Aquella misma tarde llamé a la clínica donde Natalie y yo habíamos recibido tratamiento.

La clínica había cerrado, pero sus archivos habían sido transferidos.

Después de horas de llamadas conseguí una copia.

Me senté en mi despacho y abrí los documentos.

Mis resultados originales eran normales.

Natalie también aparecía como fértil.

Me quedé mirando la pantalla.

Durante dos años nos habían dicho que había una incompatibilidad inexplicable.

Pero aquellos informes decían otra cosa.

Había una nota añadida posteriormente.

“Recomendación externa: suspender tratamiento.”

Debajo aparecía el nombre del médico consultor.

Doctor Victor Hale.

Sentí que me faltaba el aire.

Victor no era médico.

Nunca lo había sido.

Llamé a Natalie.

—Necesito la verdad.

Hubo silencio.

—Ven mañana.

—Ahora.

Una hora después estaba en su apartamento.

Los gemelos dormían.

Natalie colocó una caja sobre la mesa.

—Guardé esto porque sabía que algún día preguntarías.

Dentro había cartas.

Correos impresos.

Resultados médicos.

Y una fotografía.

Victor y Natalie discutiendo frente a nuestra antigua clínica.

—Él vino a verme después de una de tus pruebas —dijo.

—¿Por qué?

—Me ofreció dinero para dejarte.

La miré.

—¿Qué?

—Dijo que nuestro matrimonio estaba interfiriendo con ciertos negocios. Que necesitaba que tú te casaras con alguien de una familia concreta.

Sentí un escalofrío.

Evelyn.

Su padre controlaba uno de los mayores fondos de inversión que financiaban nuestra empresa.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

Natalie me miró con los ojos húmedos.

—Lo hice.

Sacó varias cartas.

Todas dirigidas a mí.

Todas devueltas.

—Victor controlaba tu correspondencia empresarial. Después empezó a controlar mucho más.

Me dejé caer en una silla.

—Entonces nuestro divorcio…

—No ocurrió porque yo fuera estéril, Luca.

Su voz se quebró.

—Ocurrió porque alguien necesitaba separarnos.

Miré hacia los gemelos.

—¿Y ellos?

Natalie permaneció callada.

—Has dicho que no son míos.

—No lo son.

—Pero el niño tiene una marca genética de mi familia.

Natalie cerró los ojos.

—Porque su padre pertenece a tu familia.

Me levanté.

—¿Quién?

Ella abrió un cajón y sacó otro sobre.

Dentro había una prueba de ADN.

—Después del divorcio conocí a alguien. No sabía quién era realmente hasta que quedé embarazada.

Tomé el documento.

Mis manos empezaron a temblar.

—¿Quién es?

Natalie me sostuvo la mirada.

—Tu hermano.

Me quedé sin respiración.

—Yo no tengo hermanos.

—Eso mismo creía él.

La puerta del apartamento sonó.

Natalie palideció.

—No esperaba a nadie.

Volvió a sonar.

Entonces escuchamos una voz masculina desde el pasillo.

—Natalie, abre. Soy yo.

Conocía aquella voz.

La había escuchado prácticamente todos los días durante veinte años.

Me acerqué lentamente a la puerta.

Miré por la mirilla.

Y sentí que el mundo se partía en dos.

Victor estaba al otro lado.

Natalie susurró detrás de mí:

—Luca, hay algo que todavía no entiendes.

Me giré.

Ella señaló la prueba de ADN que seguía en mi mano.

—Victor no es solamente el hombre que destruyó nuestro matrimonio.

Tragó saliva.

—Es tu hermano gemelo.

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