No grité.
No pregunté por qué Olivia llevaba mis pantuflas.
Tampoco pregunté por qué Lucas había permitido que una mujer entrara en mi apartamento sin consultarme.
Simplemente saqué el teléfono.
—Chloe, cambio de planes. Después de la cirugía me quedaré contigo.
Lucas frunció el ceño.
—¿Por qué?
Miré el cuarto de invitados.
—Porque está ocupado.
Olivia se quitó rápidamente las pantuflas.
—Emma, puedo irme.
—No hace falta.
—Entonces deja de comportarte como si hubiéramos cometido un crimen —dijo Lucas—. Solo serán unos días.
Aquello me hizo sonreír.
—Exactamente.
Fui al dormitorio y saqué una maleta.
Lucas me siguió.
—¿Ahora qué haces?
—Preparándome.
—Emma, tu operación es mañana. Te dije que la cambiaras.
—Y yo te dije que ya decidí.
Se quedó inmóvil.
—¿Desde cuándo haces todo sin hablar conmigo?
Cerré la maleta.
—Desde que entendí que pedirte opinión te parecía una carga.
Por primera vez no tuvo respuesta.
A la mañana siguiente Chloe me acompañó al hospital.
La intervención salió según lo previsto y, cuando desperté, ella estaba sentada junto a mi cama sosteniendo mi teléfono.
—Tienes treinta y siete llamadas.
—¿De quién?
No necesitaba preguntar.
Lucas.
Después llegó él personalmente.
Todavía llevaba la bata médica.
—¿Por qué nadie me avisó que ya estabas en quirófano?
Chloe levantó una ceja.
—Porque Emma sí avisó a las personas que necesitaba.
Lucas me miró.
—Quiero hablar contigo a solas.
—No.
Aquella palabra pareció dolerle.
—Emma, soy tu novio.
—Por ahora.
Su rostro cambió.
Saqué del cajón una carpeta.
—Dentro de cinco semanas me voy a Singapur.
—¿Qué?
—Acepté el traslado.
—¿Durante cuánto tiempo?
—Seis meses.
—¿Y cuándo pensabas decírmelo?
Lo miré.
—Pensé que estas oportunidades no necesitan consultarse. Tú me enseñaste eso.
Lucas palideció.
—Eso es diferente.
—Siempre lo es cuando soy yo.
Se marchó sin responder.
Creí que finalmente había entendido.
Me equivocaba.
Tres días después, mientras me recuperaba en casa de Chloe, recibí una llamada de Recursos Humanos.
—Emma, tenemos un problema con su traslado.
Me incorporé.
—¿Qué ocurrió?
—Recibimos una solicitud médica recomendando aplazar su incorporación seis meses.
—¿Qué solicitud?
Me enviaron una copia.
Hospital St. Matthew.
Departamento de Neurocirugía.
Doctor Lucas Bennett.
Sentí que la sangre me hervía.
Llamé inmediatamente.
—¿Intentaste cancelar mi traslado?
—Aplazarlo.
—Sin preguntarme.
—Acabas de operarte.
—Mi cirujano autorizó el viaje dentro de cinco semanas.
—Emma, estoy intentando cuidarte.
Me reí.
—¿Ahora?
Silencio.
—Retira esa recomendación.
—No.
—Entonces hablará mi abogado con el hospital.
La línea quedó muda.
Una hora después, Recursos Humanos confirmó que Lucas había retirado la solicitud.
Pero aquello despertó mi curiosidad.
Pedí una copia completa de los documentos utilizados.
Y encontré algo extraño.
Lucas había accedido a información de mi expediente que no pertenecía a su especialidad ni a mi tratamiento actual.
No era la primera vez.
Según el registro, su cuenta profesional había consultado partes de mi historial varias veces durante los últimos dieciocho meses.
Cuando se lo enseñé a Chloe, dejó de sonreír.
—¿Por qué haría eso?
No lo sabía.
Así que presenté una solicitud formal para aclararlo.
Dos días después me llamó la oficina de cumplimiento del hospital.
—Señorita Carter, necesitamos hablar con usted.
Habían encontrado accesos realizados desde la cuenta de Lucas.
Pero Lucas estaba fuera del país en algunas de aquellas fechas.
Alguien más había utilizado sus credenciales.
Y la mayoría de los accesos coincidían con otra cuenta.
Olivia Carter.
Me quedé helada.
Olivia no tenía ninguna razón profesional para consultar mis datos.
Cuando el hospital la llamó para aclararlo, negó haberlo hecho.
Entonces apareció Lucas.
Por primera vez parecía realmente asustado.
—Emma, tenemos que hablar.
—¿Sobre qué?
Sacó una carpeta de su bolso.
—Sobre por qué Olivia se acercó a mí.
—¿Qué significa eso?
—Encontré esto entre sus cosas después de que abandonara tu apartamento.
Era una fotografía mía.
Tomada desde lejos.
Yo salía del edificio de mi empresa.
La fecha escrita detrás era de hacía cuatro años.
Un año antes de que Lucas y yo empezáramos nuestra relación.
Debajo había una frase:
“Confirmado. Emma Carter es la beneficiaria.”
Sentí frío.
—¿Beneficiaria de qué?
Lucas abrió la carpeta.
Dentro había documentos relacionados con una fundación médica creada por mi abuelo.
Una fundación cuya existencia yo desconocía.
—Olivia no entró en mi equipo por casualidad —dijo Lucas—. Alguien la puso allí.
—¿Quién?
Pasó la última página.
Había un correo enviado dos años antes de que Olivia empezara a trabajar con él.
El remitente era el padre de Lucas.
Doctor Richard Bennett.
“Haz que Olivia permanezca cerca de Lucas. Mientras Emma confíe en él, podremos saber cuándo descubre el fideicomiso.”
Levanté lentamente la mirada.
Lucas estaba blanco.
—Yo nunca había visto esto.
Pero había algo todavía peor.
El archivo original incluía una lista de personas que conocían el fideicomiso.
Mi abuelo.
Un abogado.

Richard Bennett.
Y Lucas.
Su nombre aparecía junto a una fecha de hacía tres años.
Exactamente una semana antes de nuestra primera cita.