Alyssa recorrió el contrato con los ojos.
—Aquí dice “venta en el estado actual”. ¿Qué significa?
—Que papá decidió vender una propiedad que no era suya sin investigar qué estaba vendiendo.
Raymond golpeó la mesa.
—¡Deja los juegos, Sabrina!
Lo miré.
—¿Recuerdas que Wyatt reparaba personalmente aquella casa?
—Era un obsesivo.
—No. Era ingeniero geotécnico.
La sonrisa de Alyssa desapareció.
Wyatt había comprado aquella propiedad años antes de conocerme. Una parte del terreno sufría movimientos estacionales y necesitaba controles periódicos.
Pero eso no era lo que me hacía reír.
—Hace dieciocho meses —continué—, Wyatt descubrió algo durante una inspección.
Mi padre palideció ligeramente.
—¿Qué?
—Algo que nunca llegó a pertenecerle al comprador de la casa.
Saqué mi teléfono y abrí una carpeta digital que Wyatt había preparado antes de morir.
Planos.
Informes.
Una escritura separada.
—La vivienda y una parte del terreno podían venderse juntas. Pero Wyatt había separado legalmente una franja posterior del lote después de descubrir que una empresa de servicios quería negociar derechos de acceso subterráneo.
Alyssa dejó caer los documentos.
—¿Y eso qué tiene que ver con nosotros?
—Todo.
Aquellos derechos seguían dentro del patrimonio sucesorio de Wyatt.
A mi nombre como beneficiaria.
Mi padre había vendido únicamente lo que figuraba en la escritura que falsificó.
Y al hacerlo había llamado la atención de alguien.
Mi teléfono sonó.
Era mi abogado, Michael Grant.
Contesté en altavoz.
—Sabrina, encontramos al comprador.
Raymond se inclinó hacia delante.
—¿Quién es?
Michael hizo una pausa.
—Northfield Development.
Sentí que mi sonrisa desaparecía.
Conocía ese nombre.
Era una promotora que llevaba meses comprando terrenos en aquella zona.
—Hay algo más —continuó Michael—. Ellos sí conocían los problemas geológicos.
Fruncí el ceño.
—Entonces ¿por qué pagaron en efectivo sin inspección?
—Porque no compraron la casa por la casa.
La habitación quedó completamente silenciosa.
—¿Qué querían?
—La ubicación.
Michael explicó que Northfield llevaba tiempo intentando reunir varias parcelas para un proyecto mayor.
Pero mi propiedad era la pieza central.
Sin aquella franja separada por Wyatt, el acceso que necesitaban quedaba incompleto.
Alyssa se volvió hacia papá.
—¿Nos pueden quitar mi casa?
Raymond no respondió.
Michael sí.
—El problema inmediato es otro. La venta original contiene una autorización presuntamente firmada por Sabrina. Si ella no firmó, tendremos que impugnarla y revisar qué ocurrió con los $182,000.
Alyssa se puso de pie.
—¡Ese dinero ya está en mi casa!
—Precisamente —dije.
Mi padre me señaló.
—No vas a destruir el futuro de tu hermana por una casa vieja.
—Tú utilizaste una firma que no era mía.
—¡Lo hice por la familia!
Entonces Michael interrumpió.
—Sabrina, necesito enviarte algo.
Llegó un correo.
Abrí el archivo.
Era una carta de Northfield fechada seis semanas antes de la venta.
Dirigida a Raymond.
Mi padre dejó de respirar.
—Papá…
La carta ofrecía $182,000 por la vivienda.
Pero debajo había un segundo párrafo.
Si Raymond conseguía también mi firma para transferir la franja separada, Northfield pagaría otros $1.4 millones.
Miré lentamente a mi padre.
Alyssa leyó por encima de mi hombro.
—¿Un millón cuatrocientos mil?
Raymond se levantó.
—Sabrina, escúchame.
Pero seguí leyendo.
Al final aparecía una nota manuscrita del representante de Northfield:
“Según nuestra conversación, entendemos que su hija desconoce el valor independiente de la parcela posterior.”
Ya no me reía.
Mi padre no había vendido la casa por ignorancia.
Sabía exactamente que Wyatt había dejado algo mucho más valioso.
Y los $182,000 para Alyssa solo habían sido el primer paso.
