Penélope dio un paso hacia la niña.
—Margarita…
La pequeña quiso correr hacia ella, pero el alguacil se agachó y le habló con suavidad.
La jueza Barrett no permitió que nadie la interrogara directamente desde las mesas.
—Primero averiguaremos qué ocurrió y si corresponde escucharla formalmente.
Gabriel se levantó.
—¡Esto es absurdo! Es una niña de seis años.
—Precisamente por eso tendrá cuidado con sus palabras —respondió la jueza.
Margarita apretó su conejo.
—Papá dijo que no debía contarle a Penny.
Penélope sintió un escalofrío.
Margarita era hija de la relación anterior de Gabriel, pero durante cinco años había vivido con ellos.
La niña siempre la había llamado Penny.
—¿Contarme qué, cariño?
Gabriel golpeó la mesa.
—¡No respondas!
La jueza lo fulminó con la mirada.
—Señor Albright, una interrupción más tendrá consecuencias.
Margarita comenzó a llorar.
—La señora mala puso algo en los papeles de Penny.
Bianca palideció.
El abogado de Penélope se incorporó.
—¿Qué papeles?
Margarita señaló a Bianca.
—Los que estaban en el escritorio.
—Margarita —susurró Gabriel—. Estás confundida.
La niña negó con fuerza.
—No.
Abrazó más fuerte al conejo.
—Papá dijo que cuando Penny firmara, la casa sería de ustedes y ella se iría antes de que naciera el bebé.
Penélope dejó de respirar.
Su abogado abrió inmediatamente la carpeta del acuerdo.
—Su Señoría, solicito que se suspenda cualquier aprobación de esta renuncia patrimonial.
Bianca se levantó.
—¡Esto es ridículo!
El alguacil avanzó hacia ella.
Entonces Margarita añadió:
—También tengo la foto.
Toda la sala quedó inmóvil.
Metió dos dedos en una costura abierta del conejo y sacó un pequeño teléfono viejo.
Gabriel cerró los ojos.
Penélope reconoció el aparato.
Era el teléfono que le había dado a Margarita para jugar y hacer fotografías.
La jueza ordenó que nadie lo tocara hasta que pudiera preservarse adecuadamente.
—¿Qué fotografiaste, Margarita?
La niña miró a Penélope.
—Los papeles que papá quemó.
Gabriel se quedó blanco.
—¿Qué papeles? —preguntó Penélope.
Margarita señaló su vientre.
—Los del bebé.
El silencio fue absoluto.
Después añadió algo que hizo que Bianca retrocediera.
—La señora mala dijo que, cuando destruyeran el original, Penny nunca descubriría quién había cambiado el resultado.
Penélope llevó ambas manos a su vientre.
—¿Qué resultado?
Margarita abrió la galería.
En la pantalla apareció una fotografía tomada desde detrás de una puerta.
Gabriel sostenía un informe médico.

Bianca estaba junto a él.
Y en la parte superior del documento se distinguía claramente el nombre de Penélope.
Debajo había una línea que ninguno de ellos esperaba volver a ver:
PRUEBA DE PATERNIDAD PRENATAL.