PARTE 2: El nombre de la empresa que Ethan reconoció al instante

—Sé que suena mal —continuó Ethan—. Pero solo quería asegurarme de que el mensaje fuera real.

Clara apretó a Lily contra su pecho.

—¿Y por eso vino hasta aquí?

Ethan levantó las bolsas.

—Por esto.

Clara miró la fórmula.

Su expresión cambió inmediatamente.

La vergüenza desapareció.

Solo quedó el alivio de una madre que acababa de encontrar comida para su hija.

Quitó la cadena.

—Gracias.

No hubo lágrimas dramáticas.

No intentó abrazarlo.

Tomó una lata, leyó la etiqueta dos veces y fue directamente a preparar el biberón.

Ethan permaneció cerca de la puerta.

El apartamento era todavía peor de lo que había imaginado.

Casi no había muebles.

Pero estaba limpio.

Sobre la mesa había facturas ordenadas en pequeños montones y una vieja laptop cubierta de hojas de cálculo.

Clara volvió con Lily bebiendo ansiosamente.

—Le devolveré los cincuenta dólares el viernes.

Ethan la miró.

—Clara, traje bastante más de cincuenta dólares.

Ella bajó la vista hacia las bolsas.

—Entonces tardaré más.

Por primera vez aquella noche, Ethan sonrió.

—No tienes que devolverme nada.

—Sí tengo.

Su respuesta fue inmediata.

—No pedí caridad. Pedí un préstamo.

Aquello le recordó tanto a su madre que Ethan tuvo que apartar la mirada.

Entonces vio el logotipo impreso sobre uno de los documentos de la mesa.

Harmon Financial Services.

—Trabajabas allí.

Clara se tensó.

—¿También investigó eso?

—Sí.

—Entonces probablemente también sabe que me despidieron.

—Sé lo que dice el expediente. Reestructuración.

Clara soltó una risa seca.

—Claro.

Ethan señaló las hojas.

—¿Qué encontraste?

Ella dejó de moverse.

—Nada.

—No parece nada.

—Señor Mercer, agradezco la fórmula. De verdad. Pero no quiero problemas.

Ethan reconoció aquella mirada.

Miedo.

No miedo a él.

Miedo a alguien más.

—¿Te amenazaron?

Clara sostuvo a Lily un poco más fuerte.

—Buenas noches, señor Mercer.

Ethan entendió el límite.

Dejó una tarjeta sobre la mesa.

—Si vuelves a necesitar algo, llama.

—No lo haré.

—Eso imaginaba.

Se marchó.

Pero a las dos y diecisiete de la madrugada su teléfono sonó.

Clara.

Contestó inmediatamente.

—¿Qué ocurre?

Su voz era apenas un susurro.

—Dijo que podía llamarlo.

—Sí.

—¿Mercer Capital tiene inversiones en Harmon Financial?

Ethan se incorporó.

—Tenemos una participación minoritaria.

Silencio.

—Entonces necesito enseñarle algo.

Una hora después, Clara estaba sentada en una sala privada del edificio Mercer con Lily dormida en brazos.

Había traído la vieja laptop.

—Cuando me despidieron, pensé que habían borrado todo —explicó—. Pero durante meses trabajé desde casa algunos viernes. Encontré una copia automática de varias hojas de cálculo.

Abrió un archivo.

—Harmon pagaba a proveedores que no existían.

Ethan observó las cifras.

Millones.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque revisé las direcciones fiscales. Varias empresas compartían el mismo domicilio. Después seguí las transferencias.

Abrió otra pestaña.

El dinero pasaba de una compañía a otra hasta terminar en un fondo privado.

Ethan se inclinó hacia la pantalla.

—Amplía eso.

Clara obedeció.

Northbridge Strategic Partners.

Ethan dejó de respirar.

—¿Conoce esa empresa?

No respondió inmediatamente.

Claro que la conocía.

Mercer Capital había estado negociando durante seis meses la adquisición de Harmon Financial.

Northbridge era el intermediario encargado de certificar sus cuentas antes de cerrar una operación de casi cuatro mil millones de dólares.

Si Clara tenía razón, alguien estaba intentando venderle una empresa con enormes irregularidades ocultas.

—¿Quién sabía que estabas revisando esto?

—Mi supervisor, Recursos Humanos y el director financiero.

—¿Nadie más?

Clara dudó.

—Un hombre vino a mi escritorio dos días antes de que me despidieran. Nunca se presentó.

—Descríbelo.

Ella lo hizo.

Traje gris.

Cabello canoso.

Una cicatriz pequeña junto a la ceja izquierda.

Ethan sintió que el estómago se le cerraba.

Sacó su teléfono y mostró una fotografía.

—¿Era él?

Clara palideció.

—Sí.

Ethan bloqueó la pantalla.

—Se llama Victor Lang.

—¿Trabaja para Harmon?

—No.

—Entonces ¿quién es?

Ethan tardó unos segundos en responder.

—Mi director financiero.

Clara quedó inmóvil.

El hombre que supervisaba las cuentas de Mercer Capital había estado en Harmon antes de su despido.

Antes de que Ethan pudiera decir nada, el teléfono de Clara vibró.

Número desconocido.

Un mensaje.

Lo abrió.

Había una fotografía tomada aquella misma noche.

Clara abriendo la puerta de su apartamento.

Ethan de pie frente a ella con las bolsas.

Debajo solo aparecía una frase:

TE DIJIMOS QUE DEJARAS DE HACER PREGUNTAS.

Clara levantó los ojos, aterrorizada.

Pero Ethan estaba mirando otra cosa.

La hora de la fotografía.

23:58.

Mucho antes de que Marcus terminara de localizar la dirección de Clara.

Eso significaba que alguien ya estaba vigilando su apartamento antes de que Ethan recibiera aquel mensaje enviado por error.

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