PARTE 2: LA RAZÓN POR LA QUE JAMES LA RECONOCIÓ

Veinte minutos después, el restaurante olía a mantequilla, pan caliente y romero.

James Moretti regresó de la cocina cargando tres platos.

Chloe abrió los ojos como si estuviera viendo un milagro.

—¿Todo eso es para nosotros?

—Principalmente para ti —respondió James.

Había preparado pasta, pollo y verduras.

Nada extravagante.

Solo comida caliente.

Chloe comenzó a comer inmediatamente.

Yo apenas podía tocar el tenedor.

—Señor Moretti…

—James.

—No sé cómo agradecerle esto.

Él me observó.

—Come.

Había algo extraño en su mirada.

No era lástima.

Parecía reconocimiento.

Como si intentara recordar dónde me había visto.

Chloe levantó un trozo de pan.

—¿Tú también tienes una niña?

La mesa quedó en silencio.

Uno de los hombres de James bajó la mirada.

James tardó en responder.

—Tuve una hermana pequeña.

—¿Dónde está?

—Ya no está conmigo.

Chloe aceptó la respuesta con la sencillez de sus seis años.

—Entonces puedes cenar con nosotras.

James se quedó inmóvil.

Finalmente tomó asiento.

Cuando terminamos, me levanté.

—Debo terminar el suelo.

—No.

—Mi encargado revisará todo mañana.

James miró hacia uno de sus hombres.

—Marco.

El hombre sacó el teléfono.

—Ya está solucionado.

Me puse tensa.

—¿Qué significa eso?

—Que tu encargado no te despedirá.

Aquello debería haberme tranquilizado.

No lo hizo.

—No quiero deberle nada.

James me miró directamente.

—No te he pedido nada.

—Los hombres como usted siempre piden algo.

Marco casi se atragantó.

James, en cambio, sonrió ligeramente.

—Quizá los rumores sobre mí son peores de lo que pensaba.

—Quizá no.

Su sonrisa desapareció.

Pero no parecía ofendido.

Parecía impresionado.

Entonces Chloe sacó algo de su mochila.

Una fotografía doblada.

—Mira. Este era mi papá.

Mi respiración se detuvo.

—Chloe.

Demasiado tarde.

James tomó la fotografía.

Y todo su rostro cambió.

Mi esposo, Daniel Bennett, aparecía sosteniendo a Chloe cuando era bebé.

Había muerto tres años atrás.

Accidente de automóvil.

Eso decía el informe.

James se puso de pie lentamente.

—¿Daniel Bennett era tu marido?

—Sí.

—¿Cuándo murió?

—Hace tres años.

Marco se acercó.

Miró la fotografía.

Después miró a James.

—Jefe…

—No.

Aquella sola palabra lo silenció.

James me devolvió la foto.

—¿Qué sabes del accidente?

Sentí un escalofrío.

—¿Por qué pregunta?

—Grace.

—Me dijeron que perdió el control del coche.

—¿Quién te lo dijo?

—La policía.

James y Marco intercambiaron una mirada.

—¿Conocía a Daniel?

James no respondió inmediatamente.

—Trabajó para una de mis empresas.

Me quedé helada.

Daniel siempre había dicho que trabajaba como contable independiente.

—Eso es imposible.

—No lo es.

James sacó el teléfono.

Buscó algo.

Después me mostró una fotografía antigua.

Daniel estaba junto a varios empleados frente a un edificio del puerto.

—Trabajaba revisando cuentas.

—Nunca me contó nada.

—Porque encontró algo que no debía encontrar.

Sentí que el aire desaparecía.

—¿Qué?

James miró a Chloe antes de responder.

—No delante de ella.

Una hora después, uno de sus hombres nos llevó a casa.

No era exactamente como yo había dicho.

Todavía teníamos techo.

Pero el aviso de desalojo estaba pegado a la puerta.

James lo vio.

No hizo ningún comentario.

Solo fotografió el nombre de la empresa propietaria.

Mientras Chloe dormía, nos sentamos en la pequeña cocina.

James colocó una carpeta sobre la mesa.

—Daniel descubrió que alguien estaba desviando dinero utilizando empresas relacionadas con mis negocios.

—¿Usted?

—No.

Su respuesta fue inmediata.

—Él iba a entregarme las pruebas la noche que murió.

Sentí que mis manos empezaban a temblar.

—¿Está diciendo que su accidente no fue un accidente?

—Estoy diciendo que nunca creí que lo fuera.

No era una certeza.

Pero bastó para que todo mi pasado comenzara a moverse.

—¿Por qué nunca me buscó?

James bajó la mirada.

—Porque después de su muerte desapareciste.

—No desaparecí. Perdí nuestra casa y me mudé.

—Mis hombres buscaron a Grace Bennett.

—Volví a usar mi apellido de soltera durante un tiempo.

Entonces comprendí.

—¿Por eso me miraba así en el restaurante?

James asintió.

—Me parecías familiar.

Sacó otro documento.

—Daniel dejó instrucciones por si algo le ocurría.

Mi nombre estaba escrito allí.

Y también el de Chloe.

—¿Qué es esto?

—Una cuenta protegida.

Lo miré sin comprender.

—¿Cuánto?

James respondió.

Sentí que había escuchado mal.

—Dos millones de dólares.

Me levanté de golpe.

—Eso es imposible.

—El dinero sigue intacto.

—Entonces ¿por qué he pasado tres años contando monedas para comprar leche?

James permaneció en silencio.

—¿Quién administraba la cuenta?

Su mandíbula se tensó.

—Un abogado llamado Peter Walsh.

Conocía ese nombre.

Era el hombre que había gestionado el patrimonio de Daniel después de su muerte.

El mismo que me había asegurado que mi marido había dejado deudas.

El mismo que había vendido nuestra casa.

James hizo una llamada.

Diez minutos después, Marco entró con información nueva.

—Tenemos otro problema.

Dejó una tableta sobre la mesa.

La empresa propietaria de mi apartamento pertenecía a una sociedad.

La sociedad estaba administrada por Peter Walsh.

Sentí frío.

—¿Mi abogado es también mi casero?

—Indirectamente —respondió James.

Marco pasó a la siguiente página.

Allí aparecía una solicitud presentada seis meses atrás para liberar la cuenta de Daniel.

La petición afirmaba que Chloe y yo habíamos fallecido.

Mi boca se secó.

—¿Quién firmó eso?

James amplió la última página.

Había dos firmas.

La primera pertenecía a Peter.

La segunda me dejó sin respiración.

Reconocí aquel nombre.

Era el detective que había venido a mi puerta tres años atrás para decirme que Daniel había muerto.

James se quedó mirando la pantalla.

Y cuando habló, su voz ya no tenía ninguna suavidad.

—Grace, creo que alguien no solo ocultó el dinero de tu marido.

Levantó los ojos hacia mí.

—Creo que llevan tres años intentando borrar legalmente a toda tu familia.

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