PARTE 2 — EL HEREDERO QUE BORRÓ

Alejandro apareció al final del pasillo como si los cinco años anteriores no hubieran existido.

Dos asistentes intentaban seguirlo.

El director del programa caminaba detrás, pálido.

Yo cerré la puerta de la habitación de Leo.

—No des un paso más.

Alejandro se detuvo.

Sus ojos recorrieron mi rostro antes de bajar hacia la puerta.

—¿Es mío?

Ni siquiera saludó.

Sonreí con amargura.

—Sigues creyendo que todo lo que deseas te pertenece.

—Elena.

—No pronuncies mi nombre como si no hubieras pagado para borrarlo.

Su mandíbula se tensó.

—Pregunté si Leo es mi hijo.

—Y yo te pregunto dónde estabas cuando nació.

Silencio.

—¿Dónde estabas cuando tuvo fiebre por primera vez?

Di otro paso hacia él.

—¿Cuando aprendió a caminar? ¿Cuando empezó la escuela?

Alejandro no respondió.

Entonces la puerta se abrió.

Leo apareció medio dormido, abrazando su canica azul.

—Mamá…

Alejandro quedó inmóvil.

Leo lo observó con curiosidad.

La semejanza era imposible de ignorar.

—¿Quién es ese señor?

Sentí que Alejandro contenía el aire.

Me agaché.

—Alguien que conocí hace mucho tiempo.

Leo asintió y volvió tranquilamente a la cama.

Cuando cerré la puerta, Alejandro parecía diferente.

—Me robaste cinco años.

Aquello terminó con mi paciencia.

—Tú me quitaste mi carrera, mi reputación y cualquier posibilidad de defenderme.

Lo miré directamente.

—No vengas ahora a contar lo que perdiste.

A la mañana siguiente, el escándalo ya estaba en todas partes.

Pero ocurrió algo que Alejandro no esperaba.

La gente empezó a recuperar entrevistas antiguas.

Contratos cancelados.

Fechas.

Rumores que habían comenzado exactamente después de nuestro divorcio secreto.

Y alguien filtró un documento interno de Fuentes Entertainment.

Una lista de productores a quienes se les había ordenado no contratarme.

La firma digital pertenecía a Alejandro.

Las marcas comenzaron a llamar.

Directores que llevaban años ignorándome querían reuniones.

Entonces Valeria publicó un comunicado negándolo todo.

Fue su peor error.

Porque Leo, sin entender la guerra que ocurría alrededor, hizo una pregunta frente a las cámaras:

—Mamá, si ese señor es mi papá, ¿por qué hizo que nadie quisiera trabajar contigo?

El clip alcanzó millones de reproducciones.

Esa noche Alejandro regresó.

Solo.

—Quiero arreglarlo.

—No puedes devolver cinco años.

—Puedo devolverte tu carrera.

Negué lentamente.

—Ya volvió sin tu permiso.

Entonces puse sobre la mesa una carpeta.

Alejandro la abrió.

Su rostro cambió.

Dentro estaba la prueba de que conservé cada correo, amenaza y contrato cancelado durante cinco años.

Pero debajo había algo más.

Una oferta de adquisición.

El programa que convirtió a Leo en tendencia pertenecía a un grupo que estaba comprando acciones de Fuentes Entertainment.

Y el nombre del representante hizo que Alejandro palideciera.

Era el mío.

Durante cinco años él creyó que me había borrado de su industria.

Nunca imaginó que yo estaba preparándome para regresar como una de las personas que decidirían su futuro dentro de ella.

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