PARTE 2: LA NOCHE QUE NUNCA RECORDÓ

Adrian se quedó de pie junto a la mesa, mirando los restos del vaso como si acabara de descubrirlos por primera vez.

—¿Qué bebé? —repitió.

Lo miré durante unos segundos.

—Nuestro bebé.

Chloe dejó lentamente los palillos sobre la mesa.

Sophie se llevó una mano a la boca.

Nadie volvió a hablar.

Adrian se sentó.

—Emma, yo no sabía que estabas embarazada.

—Lo sé.

—¿Cómo puedes decirlo con tanta tranquilidad?

—Porque durante tres años tuve tiempo suficiente para entenderlo.

Su rostro se contrajo.

—Aquella noche me llamaste.

—Sí.

—Me dijiste que estabas enferma.

—Te dije que necesitaba que vinieras.

Adrian cerró los ojos.

—Pensé que era otra discusión.

—Yo también pensaba que nuestro matrimonio podía salvarse.

Él levantó la mirada.

—¿Qué ocurrió después?

Le conté lo que había pasado sin apartar los ojos de él.

La caída.

El hospital.

La espera.

La noticia de que el embarazo se había perdido.

Y, sobre todo, la llamada que hice desde aquella habitación.

—Te llamé diecisiete veces.

Adrian palideció.

—Mi teléfono estaba apagado.

—Lo sé.

—Estaba con Chloe.

Chloe bajó la cabeza.

—Pero él no sabía que…

—No —la interrumpí—. Tú tampoco sabías.

Ella negó rápidamente.

—Yo pensé que estaba allí porque mi madre se lo había pedido.

Miré a Adrian.

—¿Por qué nunca me preguntaste qué había pasado aquella noche?

Él no respondió.

—Porque cuando regresaste a casa dos días después, ya habías decidido que yo era una mujer distante que no quería hablar contigo.

Adrian apretó las manos.

—Después de eso dejaste de hablarme.

—Porque no sabía cómo explicarte que había perdido a nuestro hijo mientras tú estabas con otra persona.

—¡Pero yo no sabía que existía!

Su voz hizo que todos se quedaran quietos.

—Exactamente —respondí—. Ese es el problema.

Adrian bajó la cabeza.

Por primera vez, parecía comprender que nuestros dos años de silencio no habían comenzado con una pelea.

Habían comenzado con una tragedia que ninguno de los dos supo explicar.

Chloe se levantó.

—Voy a salir.

Adrian la detuvo.

—No.

Ella lo miró.

—Esto no tiene nada que ver contigo.

Chloe tragó saliva.

—Sí tiene que ver conmigo.

Se volvió hacia mí.

—Emma, yo creía que Adrian estaba divorciado.

Mi expresión cambió.

—¿Qué?

—Me dijo que su matrimonio llevaba años terminado.

Adrian cerró los ojos.

—Chloe…

—No —dijo ella—. Ahora quiero saber la verdad.

Sacó su teléfono.

—Porque hace tres meses encontré algo en el estudio de tu casa.

Adrian se quedó inmóvil.

—¿Qué encontraste?

Chloe abrió una fotografía.

Era una caja pequeña de madera.

Dentro había un sobre antiguo.

En la esquina aparecía una fecha.

La misma fecha de aquella noche.

Mi corazón comenzó a latir con fuerza.

—¿Dónde estaba esto?

—En el cajón inferior del escritorio.

Chloe amplió la fotografía.

El sobre tenía mi nombre.

Pero debajo había otra anotación escrita a mano.

Adrian se levantó lentamente.

—Eso no puede ser.

—¿Por qué? —pregunté.

Él no contestó.

Tomé el teléfono de Chloe.

Miré la imagen otra vez.

Entonces reconocí la letra.

Era de Adrian.

Y debajo de mi nombre había una frase que nunca había visto:

“Entregar cuando Emma esté preparada para saber toda la verdad.”

Levanté la mirada.

—¿Qué significa esto?

Adrian parecía incapaz de responder.

Finalmente dijo:

—Que alguien sabía del embarazo.

—¿Quién?

Silencio.

—Adrian.

Él respiró profundamente.

—Mi madre.

Sentí que el restaurante desaparecía a mi alrededor.

—¿Tu madre lo sabía?

Adrian asintió lentamente.

—La noche que regresé a casa, ella me llamó.

—Me dijo que tú estabas descansando y que no querías verme.

—Me dijo que habías perdido el bebé antes de que yo pudiera llegar.

Lo miré fijamente.

—Pero yo nunca hablé con tu madre.

Adrian levantó los ojos.

—Entonces alguien mintió.

Y en ese instante comprendí que nuestros dos años de silencio quizá no habían sido una decisión de ninguno de los dos.

Alguien había construido aquel silencio por nosotros.

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