No bajé del avión buscando pelea.
La orden del general Hale había sido clara.
Volver por Emily.
Dejar que los investigadores hicieran el resto.
Aun así, ver aquellas patrullas esperando hizo que algo dentro de mí se tensara.
Mi teléfono sonó.
Era Hale.
—No hables con los agentes locales. Hay investigadores federales esperándote dentro de la terminal.
—Cameron conoce mi hora de llegada.
Silencio.
—Eso no debería ser posible.
Cuando bajamos, los ayudantes del sheriff avanzaron hacia nosotros.
—Blake Dean.
Uno mostró una orden.
—Necesitamos hacerle unas preguntas.
Antes de que pudiera responder, dos investigadores se acercaron desde el edificio.
La conversación terminó allí.
Una hora después estaba junto a Emily.
No describiré cómo se veía.
Solo diré que estaba despierta.
Eso bastaba.
Tomé su mano.
—Estoy aquí.
Emily abrió los ojos.
—Blake… ellos buscaban algo.
—¿Qué?
—Mi teléfono viejo.
Antes del ataque, Emily había grabado parte del incidente que involucraba a Cameron.
Pero había algo más.
—Escuché a uno de los hombres —susurró—. Dijo que necesitaban encontrar “la lista”.
No conocíamos ninguna lista.
Los investigadores sí.
Durante las semanas anteriores habían estado siguiendo pagos sospechosos vinculados a empresas de Richard Voss.
Algunos llegaban a personas relacionadas con autoridades locales.
Cameron aparentemente creyó que Emily había obtenido información mucho mayor de la que realmente tenía.
Entonces uno de los investigadores me mostró el mensaje enviado a mi teléfono.
Habían rastreado su origen lo suficiente para confirmar algo inquietante.
No provenía de Cameron.
—¿Entonces quién lo envió?
—Eso estamos intentando averiguar.
Esa noche Hale me llamó nuevamente.
—Blake, revisamos quién podía conocer tu itinerario.
Mi estómago se cerró.
—¿Cuántas personas?
—Muy pocas.
Hubo una pausa.
—Y alguien consultó tu movimiento horas antes de que aterrizaras.
—¿Quién?
—Un usuario con credenciales militares.
Me quedé inmóvil.
El enemigo ya no estaba solamente en Virginia.
A la mañana siguiente, Emily recordó otra cosa.
Antes de perder el conocimiento había escuchado a uno de los atacantes decir:
—Su marido volverá. El coronel nos prometió eso.
No conocíamos ningún coronel relacionado con los Voss.
Hasta que Hale envió una fotografía.
La abrí.

Reconocí al hombre inmediatamente.
Había servido conmigo años atrás.
Y oficialmente llevaba muerto desde hacía seis años.