—Sí —respondí tranquilamente—. Julián es mi marido.
Claudia soltó el brazo de Marcos.
Julián la saludó con educación antes de mirar a mi exmarido.
—Marcos. Nos veremos el lunes por la operación.
Aquellas palabras hicieron que Marcos palideciera todavía más.
—Señor Roldán, yo no sabía que Elena…
—¿Que mi esposa era Elena? —terminó Julián—. Curioso. Hablas mucho de una mujer de la que aparentemente sabes muy poco.
Emma tiró de la manga de Julián.
—Papá, mis zapatos.
Él se agachó inmediatamente para ponérselos.
Marcos observó la escena como si acabara de descubrir un mundo que no podía comprender.
Entonces miró a Emma.
—¿Cuatro años?
Comprendí inmediatamente qué estaba calculando.
—No —dije—. No es tu hija.
El alivio cruzó fugazmente su rostro.
Duró poco.
—Pero hay algo que deberías saber sobre aquello de que yo “nunca podría tener hijos”.
Saqué el teléfono y busqué un documento que había conservado durante años.
Durante nuestro matrimonio, Marcos había repetido que nuestros problemas para concebir eran culpa mía.
Su madre también.
Claudia incluso había utilizado aquello para humillarme.
Después del divorcio, consulté a otros especialistas.
El diagnóstico cambió toda la historia.
—Mis pruebas nunca demostraron que fuera estéril, Marcos.
Su expresión se congeló.
—Eso es imposible.
—El informe que tú me enseñaste no era mío.
Claudia giró lentamente hacia él.
—¿Qué?
Marcos apretó la mandíbula.
Yo tampoco había descubierto la verdad completa hasta meses después de marcharme.
Alguien había sustituido parte de mi documentación clínica.
Julián se incorporó.
—Elena, no tienes que hablar de esto aquí.
—Lo sé.
Miré a Marcos.
—Pero él acaba de utilizar una mentira de hace cinco años para intentar humillarme otra vez.
Claudia comenzó a apartarse.
—Marcos, ¿tú sabías esto?
Él no respondió.
Y su silencio respondió por él.
En ese momento, el teléfono de Julián vibró.
Leyó el mensaje y su expresión cambió.
—Tenemos un problema.
—¿Qué ocurre?
Me mostró la pantalla.
Su equipo de revisión había encontrado una irregularidad durante el análisis previo de la empresa de Marcos.
Una transferencia antigua.
Una sociedad intermediaria.
Y un apellido que yo conocía demasiado bien.
El de mi antiguo médico.
Levanté la mirada hacia Marcos.
Él ya no parecía arrogante.
Parecía asustado.
—¿Qué tiene que ver tu empresa con mi médico? —pregunté.
Claudia lo miró también.
Marcos dejó la copa sobre una mesa.
—Elena, esto no es lo que parece.
Sonreí sin humor.
Cinco años atrás creí que nuestro matrimonio había terminado por una infidelidad.

Ahora empezaba a sospechar que Claudia solo había sido la parte de la traición que yo debía descubrir.
Porque alguien había manipulado mis informes médicos mucho antes del divorcio.
Y Marcos acababa de demostrar que sabía exactamente por qué.