Brody dejó caer el teléfono sobre la mesa.
Durante varios segundos, ninguno de los dos pudo moverse.
La pantalla seguía iluminada.
El mensaje seguía ahí.
El número de Samantha.
La misma mujer cuyo funeral habían celebrado unas horas antes.
—Esto es imposible —susurró Brenda.
Su voz ya no tenía la seguridad de siempre.
Brody tomó el teléfono con manos temblorosas y volvió a revisar el mensaje.
Pensó que era una broma.
Pensó que alguien había encontrado el teléfono.
Pensó en cualquier explicación menos en la única que parecía imposible.
Samantha estaba viva.
—Tenemos que irnos —dijo Brenda rápidamente.
Pero Brody no respondió.
Porque por primera vez en casi un año, sintió miedo de verdad.
No miedo a perder dinero.
No miedo a ser descubierto.
Miedo a la persona que creía haber enterrado.
Mientras ellos discutían qué hacer, Samantha estaba en una habitación de hospital bajo vigilancia.
Tenía la piel pálida y apenas podía moverse, pero sus ojos estaban completamente despiertos.
Frente a ella, el detective Marcus Hill revisaba los documentos que habían encontrado en su casa.
—Señora Prescott, necesitamos entender algo.
Samantha lo miró.
—¿Qué cosa?
El detective colocó una carpeta sobre la mesa.
—Durante meses, alguien intentó hacer parecer que su estado era causado por una enfermedad natural.
Abrió varios informes.
—Pero los análisis muestran otra cosa.
Samantha apretó la sábana con fuerza.
Ahora todas las piezas encajaban.
Las conversaciones que se detenían cuando ella entraba en una habitación.
Las miradas entre Brody y Brenda.
Las excusas sobre sus mareos.
Todo.
—¿Por qué me enterraron viva? —preguntó en voz baja.
El detective guardó silencio unos segundos.
—Creían que usted no despertaría.
Pero Samantha sabía algo que ellos habían olvidado.
Ella había construido una empresa desde cero.
Había sobrevivido a crisis financieras.
Había enfrentado personas que intentaron destruirla.
No iban a desaparecerla tan fácilmente.
Esa tarde, Samantha envió un segundo mensaje.
Esta vez no a Brody.
A todos los miembros de la junta directiva de su compañía.
Solo decía:
“Estoy viva. No confíen en nadie hasta que llegue.”
En menos de una hora, el mundo de Brody comenzó a derrumbarse.
Las cuentas que pensaba controlar fueron bloqueadas.
Los abogados que esperaba manipular dejaron de responder.
Y entonces recibió una llamada desconocida.
Contestó lentamente.
—¿Quién es?
Al otro lado de la línea hubo unos segundos de silencio.
Después escuchó una voz débil, pero perfectamente reconocible.
—Hola, Brody.
Su rostro perdió todo color.
Era Samantha.
—Pensaste que me llevarías todos mis secretos a la tumba.
Hizo una pausa.
—Pero olvidaste algo importante.
Brody no podía hablar.
—Yo siempre guardaba una copia de todo.
Y en ese momento entendió que el verdadero problema no era que Samantha hubiera sobrevivido.
Era que mientras él intentaba enterrarla…
ella había dejado preparado un plan para enterrarlo a él.
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