Después de que Vanessa salió de la habitación, el silencio entre Adrian y yo se volvió insoportable.
Durante siete años había aprendido a leer cada una de sus expresiones.
Sabía cuándo estaba preocupado.
Sabía cuándo mentía.
Sabía cuándo quería decir algo y no encontraba las palabras.
Pero esa noche había algo diferente.
Por primera vez, parecía darse cuenta de que podía perderme.
—Clara, no puedes pensar que todo lo que hemos vivido no significa nada.
Lo miré mientras intentaba colocarse las palabras correctas.
—No dije eso.
—Entonces, ¿por qué hablas de una boda como si yo quisiera casarme con Vanessa?
Bajé la mirada hacia mi brazo vendado.
—Porque durante siete años me pediste paciencia.
Adrian se quedó callado.
—Siete años esperando que llegara el momento correcto.
Me reí suavemente.
—Pero el momento correcto siempre estaba más adelante.
Él dio un paso hacia mí.
—Estaba protegiéndote.
Esa frase me hizo levantar la mirada.
—¿Protegiéndome de qué?
No respondió.
Porque ambos sabíamos la verdad.
No me estaba protegiendo.
Estaba protegiendo su propia imagen.
Adrian Cross era el joven empresario que había construido un imperio.
El heredero perfecto.
El hombre que todos querían ver junto a una mujer de una familia poderosa.
Y yo era la persona que estuvo a su lado cuando no tenía nada.
La mujer que conocía sus fracasos.
Sus miedos.
Sus noches sin dormir.
Pero también era la mujer que no encajaba en la fotografía perfecta que quería mostrar al mundo.
—Clara…
Su voz se suavizó.
—Te amo.
Durante años esas palabras habían sido suficientes.
Pero esa noche ya no.
—Adrian, ¿sabes qué es lo peor?
Él me miró.
—No es que salvaras a Vanessa.
Hice una pausa.
—Si alguien está en peligro, cualquiera merece ser ayudado.
Su expresión cambió.
—Entonces, ¿qué es?
Lo miré directamente.
—Que incluso en el momento en que pensé que iba a morir, seguí siendo alguien que tenías que esconder.
No tuvo respuesta.
Al día siguiente, la noticia del accidente seguía circulando.
Pero algo cambió.
Un periodista publicó una investigación sobre el vínculo entre Cross Group y Reed Capital.
Todos hablaban de la posible alianza entre Adrian y Vanessa.
Y por primera vez, yo no sentí celos.
Sentí alivio.
Porque entendí que nunca había estado compitiendo contra Vanessa.
Había estado esperando que Adrian eligiera entre su miedo y nuestra historia.
Y él ya había elegido.
Solo que nunca lo había admitido.
Una semana después, regresé a la oficina.
Todos me miraban diferente.
Algunos sentían pena.
Otros curiosidad.
Pero yo solo fui a recoger mis cosas.
Cuando salía del edificio, Adrian apareció frente a mí.
—¿Te vas?
Asentí.
—Sí.
—¿Sin hablar conmigo?
Sonreí.
—Hablamos durante siete años, Adrian.
Él bajó la mirada.
—Puedo arreglarlo.
Negué lentamente.
—No necesito que me presentes ahora porque tienes miedo de perderme.
Sus ojos se llenaron de tristeza.
—Entonces, ¿qué quieres?
Tomé mi bolso.
—Quiero estar con alguien que no necesite siete años para decidir que soy importante.
Pasé a su lado.
Esta vez no me detuvo.
Porque ambos sabíamos que algunas cosas no terminan cuando alguien deja de amar.
Terminan cuando alguien finalmente aprende cuánto vale.
Y mientras caminaba hacia la salida, recibí un mensaje inesperado.
No era de Adrian.
Era de Vanessa.
Solo decía:
“Necesito hablar contigo. Hay algo que nunca te contó.”
Y cuando abrí el mensaje siguiente, entendí que la historia entre Adrian y yo todavía guardaba un secreto que podía cambiarlo todo.
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