PARTE 2: EL DINERO QUE NUNCA SUPO QUE ERA MÍO

Ethan se quedó inmóvil.

—Olivia, no.

—Sí.

—Podemos hablar.

—Ya hablamos durante tres años. Tú simplemente nunca escuchaste.

Tomé mi bolso y caminé hacia la puerta.

Él me siguió.

—¿Qué quieres para no divorciarte?

Me detuve.

—Nada.

—¿Una casa? ¿Acciones? ¿Dinero?

Me giré lentamente.

—Ethan, sigues sin entender.

Saqué mi teléfono y marqué un número que él jamás había visto.

—Señora Whitmore —respondió una voz inmediatamente—, ¿debemos ejecutar la transferencia?

Ethan frunció el ceño.

—¿Qué transferencia?

No respondí.

—Sí. Háganlo.

Colgué.

Ethan me miró confundido.

—¿Qué acabas de hacer?

—Retirar mi inversión.

Su rostro cambió.

—¿Qué inversión?

Sonreí.

—La que mantiene vivo a Whitmore Group.

Ethan soltó una risa nerviosa.

—Eso es imposible.

—¿Recuerdas Horizon Capital?

Asintió lentamente.

—La firma que ha financiado tu expansión durante los últimos tres años.

—Sí.

—No pertenece a un grupo de inversionistas.

Saqué una carpeta de mi bolso y la dejé sobre la mesa.

—Pertenece a una sociedad que yo controlo.

Ethan abrió la carpeta.

Leyó el primer documento.

Después el segundo.

Sus manos comenzaron a temblar.

—No…

—Treinta mil millones no eran un regalo para tu empresa.

Pasé una página.

—Eran mi dinero.

El silencio fue absoluto.

Ethan levantó la mirada.

—¿Quién eres?

Lo observé durante unos segundos.

—La mujer que no llevabas a tus galas porque pensabas que no tenía nada que aportar.

Su teléfono comenzó a sonar.

Una vez.

Dos.

Cinco.

Después llegaron mensajes de sus directivos.

La junta exigía explicaciones.

El banco había congelado una línea de crédito.

Tres inversionistas querían renegociar.

Y finalmente apareció un mensaje de Sophie.

“Ethan, ¿qué está pasando?”

Él no respondió.

Solo me miró.

—Olivia, por favor.

Era la primera vez que escuchaba esa palabra en su boca.

Por primera vez no sonaba como una orden.

Sonaba como miedo.

—No me dejes.

Tomé las llaves de la mesa.

—Tú me dejaste mucho antes de esta mañana.

Abrí la puerta.

Antes de salir, escuché su voz detrás de mí.

—¿Entonces por qué te casaste conmigo?

Me detuve.

No me giré.

—Porque durante un tiempo pensé que me amabas.

Hice una pausa.

—Ahora sé que solo amabas lo que creías que yo era.

Y cerré la puerta.

No sabía que, menos de una hora después, Ethan descubriría algo todavía peor.

Porque la transferencia de treinta mil millones no era la única orden que había firmado esa mañana.

También había firmado la compra de la empresa que él llevaba años intentando adquirir.

Y el nuevo nombre del propietario ya aparecía en todos los documentos:

Olivia Whitmore.

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