Tomé las llaves del apartamento de Margaret y salí sin decir una palabra.
Ethan creyó que había ganado.
Creyó que su amenaza de divorcio había funcionado.
Pero mientras conducía hacia el edificio de mi suegra, miré una vez más el recibo que había encontrado sobre la mesa.
450 dólares.
Una limpieza profesional.
Pagada tres días antes.
A nombre de Ethan.
Eso no tenía sentido.
Si su madre necesitaba que alguien limpiara, ¿por qué exigía que yo lo hiciera?
La respuesta estaba detrás de esa puerta.
Abrí el apartamento de Margaret.
Esperaba encontrar polvo.
Platos sucios.
Un baño desordenado.
Pero lo primero que vi fue una carpeta negra sobre la mesa del salón.
Y encima había varios recibos.
Facturas.
Transferencias.
Documentos bancarios.
Me acerqué lentamente.
Entonces entendí por qué Ethan insistía tanto en que yo viniera sola.
No quería que limpiara.
Quería que encontrara algo.
O mejor dicho…
quería que creyera que nunca lo encontraría.
Dentro de la carpeta había extractos de cuentas donde aparecía el nombre de Ethan.
Grandes cantidades de dinero.
Mes tras mes.
También había contratos de préstamos personales que yo nunca había firmado.
Pero lo más extraño estaba en una hoja doblada al final.
Era un documento de separación de bienes.
Con una fecha de seis meses atrás.
La fecha exacta en la que Ethan perdió su empleo.
Me quedé mirando la firma.
No era la mía.
Pero alguien había escrito mi nombre al final del documento.
Falso.
Ethan no solo había estado desempleado.
Había estado preparando una salida.
Escuché entonces un ruido detrás de mí.
La puerta se cerró.
Me giré.
Margaret estaba allí.
Y por primera vez desde que la conocía, no parecía una mujer indefensa.
Parecía atrapada.
—Rachel…
Su voz tembló.
—No deberías haber encontrado eso.
Dejé la carpeta sobre la mesa.
—¿Qué estaba planeando tu hijo?
Margaret bajó la mirada.
Durante varios segundos no respondió.
Después susurró:
—Ethan no te pidió que limpiaras mi apartamento.
—Te mandó aquí porque necesitaba saber si todavía confiabas en él.
Sentí un frío recorrerme.
—¿Por qué?
Margaret apretó sus manos.
—Porque mañana pensaba presentar la demanda de divorcio.
—Pero no por las razones que te dijo.
Me quedé inmóvil.
Ella tomó aire.
—Quería divorciarse antes de que descubrieras las deudas.
—Todas las deudas.
Entonces sacó otro documento del cajón.
Un documento que llevaba mi nombre.
Y cuando lo vi, comprendí que la amenaza de Ethan nunca había sido una amenaza.
Había sido una distracción.
Porque mientras él me decía que limpiara el apartamento de su madre…
alguien estaba intentando dejarme responsable de un problema mucho más grande.