El mayor de los niños me miró a través del espejo.
—Señor, ¿está bien?
No pude responder.
Tenía mis ojos.
El segundo tenía la pequeña hendidura de mi barbilla.
El tercero levantaba una ceja exactamente como mi padre.
Y el cuarto llevaba una pulsera con cuatro letras grabadas.
HALE.
Mi apellido.
Entonces se abrió la puerta.
—Niños, su madre está esperando…
La mujer se quedó paralizada.
El mundo desapareció alrededor de nosotros.
—Claire.
No había pronunciado aquel nombre en seis años.
Claire Morgan.
La mujer con quien había planeado casarme antes de que desapareciera de Boston sin despedirse.
Ella palideció.
—Nathan.
Miré a los cuatro niños.
Después a ella.
—Dime que estoy equivocado.
Claire cerró los ojos.
—No lo estás.
Sentí que el suelo desaparecía.
—¿Son míos?
—Sí.
Cuatrillizos.
Seis años.
Exactamente el tiempo que llevaba creyendo que Claire me había abandonado por otro hombre.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
Su expresión cambió.
—Te lo dije.
Sacó su teléfono.
Había correos.
Cartas.
Incluso fotografías de las primeras ecografías.
Todas enviadas después de nuestra separación.
—Tu madre respondió la última carta.
Me mostró una fotografía.
Reconocí inmediatamente la letra de Eleanor Hale.
“Nathan no desea tener ningún vínculo contigo ni con esos niños.”
Sentí náuseas.
—Yo jamás escribí eso.
—Ahora lo sé.
Claire había intentado contactarme durante meses.
Después dejó de hacerlo porque mi familia le aseguró que yo había elegido borrarlos.
Saqué el teléfono.
Tenía diecisiete llamadas perdidas.
Mi madre.
Mi padre.
Sloane.
La propuesta.
El anillo seguía dentro de mi chaqueta.
Llamé a Sloane primero.
—No puedo hacerlo.
Hubo silencio.
—¿Qué ocurrió?
Miré a mis hijos.
—Acabo de descubrir que tengo cuatro niños de seis años.
Sloane no gritó.
Solo respondió:
—Entonces ve con ellos.
Aquella noche confronté a mis padres.
Mi madre terminó confesando.
Claire había quedado embarazada justo cuando Hale Industries negociaba una fusión con los Barrett.
Mi relación con ella complicaba el acuerdo.
—Pensábamos que terminarías agradeciéndonoslo —dijo mi padre.
—Me robaron seis años.
Pero Claire todavía guardaba algo.
Dos días después me entregó una carpeta.
—Esto llegó poco antes de que nacieran.
Era un acuerdo preparado por los abogados de mi familia.
Le ofrecían cinco millones de dólares para desaparecer.
Claire nunca firmó.
Entonces vi la última página.
Había una cláusula sobre los niños.
Si alguna vez se demostraba que eran descendientes biológicos míos, cada uno tendría derechos sobre el fideicomiso familiar Hale.
Levanté la mirada.
—Mis padres lo sabían.
Claire negó lentamente.
—Hay algo peor, Nathan.
Señaló una firma al pie del documento.
No pertenecía a mi madre.
Era de Robert Barrett.
El padre de Sloane.

La familia de la mujer a la que debía proponerle matrimonio aquella noche sabía desde hacía seis años que mis cuatro hijos existían.