Volví a mirar la pantalla.
No había ninguna posibilidad de confusión.
Ese modelo lo había construido yo para Westbridge Advisory durante casi seis meses.
Nunca había sido público.
Nunca había pertenecido a Ethan.
—¿Cómo llegó aquí? —pregunté.
Mi madre cerró la puerta del despacho.
—Eso es precisamente lo que Compliance intenta descubrir.
Sentí un vacío en el estómago.
Entonces recordé algo.
Tres semanas antes de su entrevista final, Ethan había usado mi computadora porque la suya dejó de funcionar.
Yo estaba preparando la cena cuando me pidió:
—¿Puedo imprimir mi currículum?
—Claro.
Mi portátil permaneció con él casi una hora.
En ese momento no sospeché nada.
Ahora entendía demasiado.
—Lo tomó de mi ordenador.
Victoria no reaccionó.
—¿Puedes demostrarlo?
Abrí mi teléfono.
Busqué nuestros mensajes.
Ahí estaba.
Ethan:
“Tu laptop me salvó la vida. Ya terminé todo.”
Fecha.
Hora.
Exactamente la noche anterior a que Sterling recibiera su ejercicio.
Mi madre llamó a Diane.
—Quiero a Legal, Compliance y Seguridad Informática.
Después me miró.
—Tú no vas a intervenir.
—Pero el archivo es mío.
—Precisamente.
Veinte minutos después, un especialista confirmó que el documento entregado por Ethan conservaba metadatos anteriores a la fecha en que Sterling había enviado el ejercicio de selección.
Peor aún, contenía información interna de Westbridge.
Información que Ethan no tenía autorización para utilizar.
Ya no estábamos hablando de una ruptura.
Estábamos hablando de material confidencial.
Y entonces apareció algo todavía peor.
Ethan no solo había utilizado mi modelo.
Había presentado partes como trabajo realizado anteriormente por él.
Incluso había descrito durante la entrevista cómo supuestamente había desarrollado determinadas fórmulas.
Mi madre dejó el informe sobre la mesa.
—Ahora sí existe un motivo profesional para actuar.
No sentí satisfacción.
Solo una decepción extrañamente tranquila.
—¿Lo despedirás?
—Yo no.
Victoria pulsó el intercomunicador.
—Lo hará el procedimiento que él mismo activó con sus decisiones.
A las 2:15 de la tarde, Ethan recibió una invitación para una reunión extraordinaria.
A las 2:22 me escribió.
“¿Estás ocupada?”
No respondí.
“Necesito preguntarte algo sobre aquel modelo que hiciste.”
Sonreí sin humor.
Ahora sí lo recordaba.
A las 2:31 llegó otro mensaje.
“Elena, llámame. Es urgente.”
A las 2:47:
“¿Tú hablaste con alguien de Sterling?”
Apagué la pantalla.
A las 3:10, Ethan estaba sentado frente a Compliance.
Le mostraron el archivo.
Negó haberlo robado.
Dijo que yo se lo había regalado.
Entonces le enseñaron el sello:
MATERIAL CONFIDENCIAL.
Cambió la versión.
Dijo que solo lo había utilizado como referencia.
Después reprodujeron parte de su entrevista.
Su propia voz afirmaba:
—Este modelo fue desarrollado íntegramente por mí.
Silencio.
Ethan pidió hablar con un abogado.
A las 4:03 salió de Sterling Group acompañado hasta la recepción.
Su acceso había sido suspendido mientras continuaba la investigación interna.
Yo estaba esperando un automóvil en el vestíbulo cuando lo vi.
Él también me vio.
Se detuvo.
—Fuiste tú.
—No.
—¡Claro que fuiste tú!
Varias personas giraron la cabeza.
Ethan bajó la voz.
—¿Hiciste que tu madre me echara porque terminé contigo?
Lo miré.
—Mi madre se negó a despedirte por dejarme.
Eso pareció desconcertarlo.
—Entonces ¿por qué…?
—Porque robaste mi trabajo.
Su rostro se endureció.
—Éramos pareja.
—Eso no te convertía en propietario de mis archivos.
—¡Te ayudé durante años!
Casi me reí.
—¿Ayudarme?
Yo revisé tus currículums.
Preparé tus entrevistas.
Te expliqué modelos financieros que no entendías.
Y cuando finalmente entraste en la empresa de tus sueños, utilizaste mi trabajo para hacerlo.
Ethan miró alrededor.
—Podemos arreglarlo.
—No hay nada que arreglar entre nosotros.
—Elena, por favor.
Entonces escuchamos unos tacones detrás de nosotros.
Una mujer joven se acercó.
La reconocí.
Sophia Grant.
Analista sénior del equipo de Ethan.
Ella lo miró.
—¿Qué está pasando?
Ethan palideció.
Sophia me observó.
Después miró a Ethan.
—Me dijiste que ella era una ex obsesionada que no aceptaba que llevábamos meses separados.
Ahí estaba.
La pieza que me faltaba.
Lo miré.
—¿Meses?
Sophia sacó su teléfono.
—Ethan y yo llevamos saliendo seis semanas.
Cuatro de ellas mientras él todavía dormía en mi apartamento.
Ethan intentó tomarle la mano.
—Sophia, puedo explicarlo.
Ella retrocedió.
—También me dijiste que ese modelo era tuyo.
Silencio.
Sophia se quitó lentamente la tarjeta de acceso temporal que Ethan le había prestado aquella mañana.
—No vuelvas a llamarme.
Se marchó.
Ethan quedó frente a mí sin trabajo, sin amante y sin la historia que había inventado para justificarlo todo.
Pero todavía faltaba algo.
Mi madre apareció junto a los ascensores.
Ethan se puso rígido.
—Señora Sterling…
Victoria ni siquiera redujo el paso.
—Señor Cole, cualquier comunicación futura relacionada con la investigación debe dirigirse a Legal.
Él la siguió dos pasos.
—¡Solo necesito una oportunidad para explicarlo!
Mi madre se detuvo.
—Ya tuvo varias.
Lo miró directamente.
—Una cuando recibió material que no era suyo.
—Otra cuando decidió utilizarlo.
—Y otra cuando afirmó que lo había creado.
Las puertas del ascensor se abrieron.
Antes de entrar, Victoria añadió:
—Mi hija no le costó su carrera.
—Usted lo hizo.
Ethan se quedó inmóvil.
Yo entré en el ascensor junto a ella.
Cuando las puertas empezaron a cerrarse, Ethan me miró.
—Elena.
No respondí.
—¡Cuatro años! —gritó—. ¿No significan nada?
Extendí la mano hacia el botón.
—Sí.
Lo miré por última vez.
—Significaron cuatro años en los que confundí ayudarte a crecer con tener que cargarte.
Las puertas se cerraron.
Mi madre permaneció en silencio unos segundos.
Después preguntó:
—¿Quieres cenar conmigo?
La miré.
—¿Eso es un abrazo en idioma Victoria Sterling?

—No exageres.
Me reí por primera vez en ocho días.
Ethan había conseguido entrar en la empresa de sus sueños.
Solo necesitó siete días para perderme.
Y menos de ocho para demostrar que nunca había llegado allí por sus propios méritos.