PARTE 2: AHORA LLÁMAME TÍA

Adrián se quedó rígido.

Valeria soltó lentamente su brazo.

Yo no necesité girarme.

Reconocería aquella voz en cualquier lugar.

Lucas Walker caminó hacia nosotros con el uniforme impecable y varios oficiales detrás.

Adrián palideció.

—Tío Lucas…

Lucas ni siquiera respondió al saludo.

Se detuvo a mi lado y colocó una mano suavemente sobre mi espalda.

—Perdona la demora.

—Dijiste que tenías una reunión.

—Terminó antes.

Entonces sus ojos descendieron hacia el colgante de jade.

Después miró a Adrián.

—Repite lo que acabas de pedirle a mi esposa.

El aeropuerto quedó en silencio.

Adrián me miró.

Luego a Lucas.

Otra vez a mí.

—¿Tu… esposa?

Valeria negó rápidamente.

—Eso no puede ser.

Lucas levantó mi mano izquierda.

Las alianzas que llevábamos cinco años usando quedaron completamente visibles.

—Sofía Walker. Mi esposa.

Adrián retrocedió un paso.

—Pero ella estaba comprometida conmigo.

—Estaba.

Lucas enfatizó la última palabra.

—Hasta que abandonaste una misión oficial y desapareciste durante cinco años.

El rostro de Adrián se endureció.

—Yo regresé para cumplir mi promesa.

No pude evitar reír.

—Adrián, una mujer no es una maleta que puedes dejar guardada cinco años y recoger cuando regreses.

Valeria intervino:

—Él hizo cosas importantes en las montañas.

Lucas la miró.

—Eso no cambia cómo se marchó.

Adrián apretó los puños.

—¿El abuelo permitió esto?

Lucas sacó el teléfono.

—Puedes preguntárselo esta noche.

—¿Esta noche?

—Cena familiar.

Hizo una pausa.

—El abuelo quiere conocer el informe completo sobre tus cinco años de ausencia.

Adrián perdió todavía más color.

Por primera vez parecía comprender que regresar no significaba recuperar automáticamente la vida que había abandonado.

Entonces Valeria señaló mi collar.

—Pero ese jade…

Lucas tocó delicadamente la pieza.

—Se lo entregó mi padre el día de nuestra boda.

Después la miró directamente.

—Pertenece a la señora Walker de mi generación.

—No a la prometida de mi sobrino.

Valeria bajó la mano.

Adrián parecía incapaz de procesarlo.

—Sofía… ¿realmente te casaste con mi tío?

—Hace cinco años.

—¿Por qué?

Lo pensé unos segundos.

—Al principio, porque necesitaba dejar de esperarte.

Lucas me miró.

Yo continué:

—Después descubrí que había elegido al hombre correcto.

La mandíbula de Adrián se tensó.

—Entonces todo esto empezó por despecho.

Lucas dio un paso hacia él.

Pero sujeté su manga.

No necesitaba que me defendiera de aquella acusación.

—Quizá comenzó así —admití—. Pero tú sigues cometiendo el mismo error.

—¿Cuál?

—Creer que mi vida se detuvo cuando tú desapareciste.

Adrián guardó silencio.

Tomé la mano de Lucas.

—Mi vida continuó.

—Simplemente dejó de incluirte.

Nos marchamos.

Habíamos avanzado varios metros cuando escuchamos a Adrián detrás.

—¡Sofía!

Me detuve.

—¿Qué?

Su rostro estaba rojo.

—¿Y nuestro compromiso?

Lo miré por última vez.

—Terminó el día que elegiste marcharte sin preguntarme cuánto tiempo estaba dispuesta a esperarte.

Lucas entrelazó sus dedos con los míos.

Entonces añadió tranquilamente:

—Y Adrián.

Mi ex levantó la vista.

Lucas señaló hacia mí.

—La próxima vez que hables con mi esposa, recuerda tu lugar dentro de la familia.

Una pausa.

—Debes llamarla tía.

Uno de los oficiales detrás de nosotros tuvo que disimular una sonrisa.

Adrián parecía haber recibido un golpe.

Yo tiré suavemente de la mano de Lucas.

—Vamos.

—¿A casa?

Sonreí.

—A casa.

Cinco años atrás había creído que el peor día de mi vida fue aquel en que Adrián me abandonó por otra mujer.

Ahora comprendía que aquel día simplemente había dejado libre el lugar para alguien que nunca me pediría esperar mientras elegía a otra persona.

Y mientras salíamos del aeropuerto, escuché a Lucas murmurar:

—Por cierto, querida.

—¿Sí?

—Si mi sobrino vuelve a pedirte mis regalos para su amiga…

Me miró con absoluta seriedad.

—Avísame.

Sonreí.

—¿Para qué?

Lucas abrió la puerta del automóvil para mí.

—Para enseñarle personalmente la diferencia entre regresar a una familia…

Su mirada pasó hacia Adrián.

—y seguir perteneciendo a ella.

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