PARTE 2: NUNCA FUIMOS ESPOSOS

Durante los siguientes tres días no discutí con Kevin.

Al contrario.

Cada vez que hablaba de dinero, sonreía.

—¿Crees que podríamos pedir otro préstamo? —preguntó una noche—. Lily necesitará un departamento cuando llegue al extranjero.

—Claro.

Sus ojos brillaron.

—Sabía que casarme contigo era la decisión correcta.

Yo también.

Porque mientras Kevin soñaba con gastar mi sueldo, mi abogado confirmaba algo mucho más importante.

Nuestro matrimonio nunca había sido registrado.

Legalmente, Kevin Zhao seguía soltero.

Y yo también.


El cuarto día cambié las cerraduras de mi casa.

Transferí mis ahorros a una cuenta protegida.

Cancelé cualquier autorización que Kevin hubiera tenido sobre mis tarjetas.

Después puse todas sus pertenencias en cajas.

Cuando regresó del trabajo, encontró sus maletas junto a la puerta.

—¿Qué significa esto?

—Que terminamos.

Kevin se rio.

—Estamos casados.

Saqué el documento que mi abogado había conseguido del Registro Civil.

—No.

Su sonrisa desapareció.

Leyó la primera página.

Luego la segunda.

—Esto no puede ser.

—El sistema falló. Nunca completamos el registro.

Su madre, que había venido con él, comenzó a gritar.

—¡Pero celebramos el matrimonio!

—Celebrar no crea un registro legal.

Kevin palideció.

Entonces comprendió lo verdaderamente importante.

—El préstamo…

Sonreí.

—Exactamente.

—Tú tienes que ayudarme a pagarlo.

—¿Por qué?

—¡Porque lo pedí después de casarnos!

Levanté el documento.

—Nunca nos casamos.


Lily apareció media hora después.

—¡El dinero ya está en mi cuenta!

—Perfecto —respondí—. Entonces tú y tu hermano pueden explicar al banco qué hicieron con él.

Kevin me miró desesperado.

—Sofía, no puedes dejarme con ocho millones de deuda.

—Yo no te dejé ninguna deuda.

Me acerqué.

—Tú pediste ocho millones sin consultarme porque creíste que habías conseguido acceso permanente a mi salario.

Su madre señaló mi casa.

—¡Mi hijo tiene derecho a la mitad!

—También es propiedad de mis padres.

Silencio.

Aquella familia había calculado mi sueldo.

Las pensiones de mis padres.

Mis propiedades.

Incluso cuánto podía gastar mensualmente.

Pero nunca comprobaron qué les pertenecía realmente.


Kevin intentó convencerme durante semanas.

Primero pidió perdón.

Después me culpó.

Finalmente dijo que siempre me había amado.

No respondí.

Mi abogado se encargó de cualquier asunto que realmente me involucrara.

El préstamo y la transferencia quedaron sometidos a revisión entre Kevin, Lily y las entidades correspondientes.

Yo no pagué un solo yuan.


Meses después me encontré casualmente con Kevin.

Parecía agotado.

—Sofía.

Seguí caminando.

—Espera.

Me giré.

—¿Qué quieres?

—Si aquel día el sistema hubiera funcionado… ¿habrías pagado conmigo?

Pensé en ello.

Después negué.

—No.

—¿Entonces qué habría cambiado?

Lo miré directamente.

—Habría necesitado un divorcio para descubrir exactamente la misma verdad.

—¿Cuál?

Sonreí.

—Que no querías una esposa.

—Querías una fuente de ingresos.

Lo dejé allí.

Kevin había pedido ocho millones pensando que acababa de asegurar veinte años de mi salario.

Su hermana creyó que el dinero ya era suyo.

Su madre incluso había empezado a administrar las pensiones de mis padres.

Todos hicieron cálculos perfectos.

Solo olvidaron verificar el dato más importante.

Nunca había existido una señora Zhao.

Y jamás existiría.

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