PARTE 2: LA BODA CANCELADA

Adrián me miró como si acabara de escuchar una amenaza absurda.

—Elena, estás alterada. Mañana hablaremos después de la ceremonia.

—No habrá ceremonia.

Sofía soltó una pequeña risa.

—¿De verdad crees que puedes humillar a la familia Gu y marcharte?

No tuve que responder.

El ascensor se abrió.

Entraron seis personas.

Dos agentes de seguridad institucional, un médico, un abogado y dos funcionarios que mostraron sus identificaciones antes de ordenar:

—Nadie toque nada.

La sonrisa de Sofía desapareció.

Uno de los funcionarios observó las coronas funerarias, mi fotografía y las manchas de sangre.

Después miró al perro.

—¿Quién autorizó esto?

Sofía señaló a Adrián.

—Él me dio permiso para decorar.

Adrián reaccionó inmediatamente.

—Para decorar una vivienda nupcial. Nunca autoricé esto.

Sofía giró hacia él.

—¡Pero dijiste que podía hacer lo que quisiera!

—No dije que atacaras a Elena.

Ahí estaba.

Cinco minutos antes la defendía.

Ahora empezaba a salvarse.

El médico examinó mi brazo mientras uno de los agentes solicitaba las grabaciones de seguridad.

Adrián intentó acercarse.

—Elena, podemos resolver esto en privado.

—Ya intentaste resolverlo en privado.

Levanté el brazo herido.

—Me pediste que me disculpara con ella.

No pudo responder.

Entonces apareció en el teléfono del agente la grabación del pasillo.

Sofía soltando deliberadamente la correa.

El perro abalanzándose sobre mí.

Los guardias sujetándome.

Después las bofetadas.

Y finalmente Adrián entrando y negándose a revisar las cámaras.

El silencio se volvió insoportable.

—Eso está fuera de contexto —murmuró Sofía.

El agente ni siquiera la miró.

—Conservaremos una copia completa.

Mi superior apareció poco después.

El director Han era un hombre de cabello gris que rara vez levantaba la voz.

Al verme, su expresión cambió.

—Doctora Shen.

—Estoy bien.

Miró mi brazo.

—Eso lo decidirá el médico.

Adrián pareció confundido.

—¿Doctor Han?

El hombre lo reconoció.

—Señor Gu.

—Mi abuelo habla mucho de usted.

—Y el suyo me habló mucho de esta boda.

La esperanza apareció inmediatamente en los ojos de Adrián.

—Entonces comprenderá que esto es un malentendido.

—No.

El director Han dejó una carpeta sobre la mesa.

—Comprendo que una investigadora que acaba de regresar después de cuatro años de servicio especial fue agredida dentro de una vivienda institucional asignada bajo mi responsabilidad.

Sofía retrocedió.

—¿Investigadora?

El director la miró.

—La “campesina” que usted describió ha pasado los últimos años dirigiendo un proyecto nacional cuya existencia usted no tiene autorización para conocer.

Adrián me observó como si me viera por primera vez.

—Nunca me dijiste eso.

—Nunca preguntaste.

Aquellas tres palabras parecieron dolerle más que cualquier explicación.

Entonces sonó mi teléfono.

Mi madre.

Contesté.

—Elena, ¿qué ocurrió? La familia Gu dice que quieres cancelar la boda.

—Correcto.

—¡La ceremonia es mañana!

—Por eso estoy avisando hoy.

Mi madre guardó silencio.

Después habló mi abuelo desde algún lugar cercano.

—¿Estás segura?

Miré a Adrián.

Recordé sus palabras.

“No necesito revisar cámaras para saber cómo eres.”

—Completamente.

—Entonces vuelve a casa.

Nada más.

Sin presión.

Sin preguntas.

Adrián palideció.

Probablemente había esperado que mi familia me obligara a cumplir el compromiso.

Sofía perdió el control.

—¡Todo esto es ridículo! ¡Adrián ni siquiera quería casarse con ella!

El salón quedó inmóvil.

Adrián giró.

—Sofía.

Pero ella ya estaba furiosa.

—¡Tú mismo dijiste que después de casarte encontrarías una forma de divorciarte!

Silencio.

—¡Cállate!

—¿Por qué? ¿Ahora tienes miedo porque descubriste que ella es importante?

Aquella pregunta terminó de destruirlo.

El director Han me miró.

Yo no sentí rabia.

Solo alivio.

Había estado a menos de doce horas de casarme con un hombre que planeaba divorciarse antes de pronunciar los votos.

Me quité lentamente el anillo de compromiso.

Lo coloqué sobre una corona funeraria.

—Curiosamente, Sofía hizo algo útil esta noche.

Adrián frunció el ceño.

—¿Qué?

Miré mi fotografía rodeada de cintas negras.

—Preparó el funeral de nuestro matrimonio antes de que naciera.

Caminé hacia el ascensor.

Adrián me siguió.

—¡Elena!

Las puertas comenzaron a cerrarse.

Metió una mano entre ellas.

—Dame una oportunidad.

—Tuviste una.

—Podemos hablar.

—También pudimos hacerlo cuando te llamé.

Bajó la voz.

—Mi empresa tiene un proyecto pendiente con tu unidad.

Finalmente entendí.

No estaba pensando en mí.

Estaba pensando en las consecuencias.

Sonreí.

—Entonces mañana tendrás una reunión mucho más importante que una boda.

Las puertas se cerraron.

A las ocho de la mañana siguiente, mientras cientos de invitados esperaban una novia que nunca llegaría, Adrián recibió dos documentos.

El primero confirmaba oficialmente la cancelación del matrimonio.

El segundo suspendía temporalmente la evaluación de cooperación entre su empresa y el proyecto institucional.

Pero Sofía recibió algo peor.

Una citación relacionada con la agresión y la destrucción de propiedad dentro de la vivienda.

Y cuando la familia Gu creyó que aquella era la peor noticia posible, mi superior me entregó una copia del inventario recuperado del apartamento.

—Doctora Shen, tenemos un problema.

—¿Qué encontraron?

Colocó una fotografía frente a mí.

Debajo de una de las coronas funerarias había aparecido un pequeño dispositivo electrónico que no pertenecía a mi unidad.

—Esto no era parte de la decoración.

Sentí que mi expresión cambiaba.

—¿Qué es?

El director Han cerró la puerta.

—Un dispositivo de grabación.

Hizo una pausa.

—Y según las primeras imágenes, alguien de la familia Gu lo instaló tres semanas antes de que usted regresara.

Entonces comprendí que Sofía quizá solo había sido una distracción.

Porque alguien llevaba semanas esperando que yo entrara en aquel apartamento.

Related Posts

PARTE 2: EL TESTAMENTO QUE NUNCA DEBÍAN ENCONTRAR

A las ocho de la mañana llegué al antiguo local de reparación de relojes de mi padre. Llevaba cerrado casi dos años. Bajé la persiana, encendí las…

PARTE 2: LA GRABACIÓN QUE LO HUNDIÓ

Margaret no alcanzó a marcar. Olivia sacó lentamente la grabadora de debajo de la almohada. —Mamá. Margaret se detuvo. —Primero escucha esto. Ethan perdió el color. —Olivia,…

PARTE 2: LA BODA QUE LO CAMBIÓ TODO

La boda de Mark y Vanessa parecía diseñada para demostrarle a toda la ciudad que él había ganado. Flores blancas cubrían el salón. Había empresarios, funcionarios y…

PARTE 2: TODO ESTABA A MI NOMBRE

Daniel me miró como si acabara de aparecer una desconocida en su propia sala de juntas. —¿Firma falsificada? —repitió—. Ten cuidado con lo que estás diciendo. Mi…

PARTE 2: LOS VEINTE MINUTOS

Marcus sonrió. —¿Qué dijiste? Me apoyé contra la encimera, protegiéndome el costado. —Que ustedes tienen veinte minutos. Rachel soltó una carcajada. —Mamá, deja de hacerte la misteriosa….

PARTE 2: LA VERDAD SOBRE LOS TRES NIÑOS

Adrian se quedó inmóvil. —Evelyn. Cállate. Fue la primera vez aquella noche que escuché miedo en su voz. Me volví lentamente. —¿Qué verdad? Evelyn abrió la boca,…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *