PARTE 2: DAVID YA LO SABÍA

La imagen de David permaneció inmóvil unos segundos.

Luego continuó:

—Sarah, si estás ahí, quiero que recuerdes lo que te dije. Confía en Sterling.

Sentí que las piernas me temblaban.

Eleanor dio un paso hacia el proyector.

—Esto es absurdo. Apáguenlo.

Sterling no se movió.

En la grabación, David tomó una carpeta.

—Hace seis meses descubrí que alguien de mi familia estaba preparando documentos para impugnar mi matrimonio y apartar a Sarah de mi patrimonio si algo me ocurría.

Los murmullos comenzaron de nuevo.

Chloe palideció.

—También descubrí que alguien había solicitado una prueba genética utilizando mi nombre.

Eleanor dejó de respirar.

David levantó un documento hacia la cámara.

—Por eso hice algo que nadie sabía.

Sterling abrió una de sus carpetas.

—El señor Whitmore dejó muestras verificadas bajo custodia legal y ordenó una prueba independiente.

Sacó un sobre.

—El resultado establece que David Whitmore es compatible como padre biológico del bebé de Sarah.

Todas las miradas cayeron sobre Eleanor.

Yo miré el informe que ella había arrojado sobre el ataúd.

—Entonces este es falso.

Sterling negó.

—No exactamente.

Aquello fue todavía peor.

—El laboratorio existe. La prueba también.

Hizo una pausa.

—Pero la muestra masculina presentada no pertenecía a David.

Eleanor retrocedió.

Chloe la miró.

—Mamá… ¿qué hiciste?

Sterling continuó:

—Estamos investigando quién proporcionó esa muestra y quién autorizó utilizar la identidad del señor Whitmore.

Eleanor explotó.

—¡David estaba confundido! ¡Esa mujer lo manipuló!

Entonces la grabación continuó.

—Mamá, sabía que dirías eso.

La catedral entera quedó paralizada.

David parecía estar respondiéndole desde el ataúd.

—Por eso Sarah no controla directamente mi patrimonio.

Eleanor sonrió de nuevo.

Solo durante un segundo.

—Mi patrimonio principal fue transferido meses atrás a un fideicomiso irrevocable.

Sterling colocó otra carpeta frente a mí.

—Sarah es beneficiaria vitalicia. Su hijo será beneficiario sucesor.

Eleanor se tambaleó.

—¿Y nosotros?

La voz de David respondió desde la pantalla:

—Cualquier familiar que intente expulsar a Sarah, falsificar pruebas contra ella o cuestionar fraudulentamente la filiación de nuestro hijo perderá todos los beneficios que yo le hubiera dejado.

Chloe miró el anillo que todavía sostenía.

Lo soltó sobre el banco como si quemara.

Eleanor se volvió hacia Sterling.

—¡Soy su madre!

—Y precisamente por eso el señor Whitmore dejó instrucciones muy específicas.

Sterling abrió el último sobre.

La casa donde Eleanor vivía pertenecía al fideicomiso.

También el automóvil que utilizaba.

Sus gastos mensuales.

Sus tarjetas.

Incluso las participaciones empresariales de las que recibía dividendos.

David llevaba meses reorganizando todo.

No porque quisiera castigarla.

Porque sabía que algo estaba ocurriendo.

La grabación todavía no había terminado.

David bajó la mirada durante unos segundos.

Cuando volvió a levantarla, su expresión era distinta.

—Sarah, hay algo más.

Sentí frío.

—Si mi muerte fue presentada como un accidente automovilístico, Sterling tiene instrucciones de entregar inmediatamente una segunda carpeta a las autoridades.

Eleanor se quedó completamente inmóvil.

Sterling cerró lentamente el maletín.

Y entonces comprendí.

El ADN.

La herencia.

La humillación durante el funeral.

Todo aquello era importante.

Pero David había estado investigando algo mucho más grave.

Sterling se acercó a mí.

—Señora Whitmore, antes de morir, su esposo descubrió movimientos financieros realizados sin su autorización.

—¿Por quién?

Sterling miró hacia Eleanor.

Después hacia Chloe.

—Todavía no puedo afirmarlo.

Eleanor comenzó a caminar hacia la salida.

Dos investigadores que habían permanecido discretamente al fondo se acercaron.

—Señora Whitmore —dijo uno—, necesitamos hacerle algunas preguntas.

Ella giró hacia mí.

—¡Esto es culpa tuya!

Por primera vez aquella mañana, hablé con firmeza.

—No.

Puse una mano sobre mi vientre.

—David hizo todo esto antes de morir.

La grabación llegó a sus últimas palabras.

—Y Sarah…

Miré la pantalla.

Los ojos de mi esposo parecían estar mirándome directamente.

—No permitas que conviertan tu dolor en miedo. Protege a nuestro hijo. Sterling tiene todo lo demás.

La pantalla quedó negra.

No lloré hasta entonces.

Sterling se acercó y abrió la mano.

Sobre su palma estaba mi anillo.

Chloe lo había dejado caer.

Lo tomé.

Pero antes de colocármelo nuevamente, Sterling susurró:

—Hay una última cosa que David me pidió que no revelara hasta después del video.

—¿Qué cosa?

Sacó una pequeña memoria cifrada.

—Las grabaciones del automóvil.

Lo miré.

—Pensé que el coche cayó por el acantilado.

—Cayó.

Sterling bajó la voz.

—Pero David había enviado automáticamente una copia de los datos antes del impacto.

Sentí que todo el aire desaparecía.

—¿Qué muestran?

Sterling miró hacia las puertas por donde los investigadores acababan de llevarse a Eleanor.

—Que su esposo no estaba solo en ese automóvil.

Y de repente aquel funeral dejó de ser únicamente una despedida.

Se convirtió en el comienzo de una investigación por la muerte de David.

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