PARTE 2: EL APELLIDO QUE NUNCA CONOCIÓ

Ethan llegó a Monroe Global a las once de la mañana.

Claire venía con él.

Cuando entraron en la sala de juntas, Ethan tardó varios segundos en reconocerme.

Yo estaba sentada en la cabecera.

Mi madre a mi derecha.

Seis directivos alrededor de la mesa.

Y detrás de mí, en la pantalla, aparecía:

ISABELLA MONROE — DIRECTORA DE EXPANSIÓN INTERNACIONAL

Ethan palideció.

—¿Monroe?

Claire dejó de sonreír.

Me levanté.

—Bienvenido a Londres.

—Tú… ¿trabajas aquí?

Mi madre soltó una risa fría.

—Mi hija no trabaja simplemente aquí, señor Blake. Ayudó a construir nuestra expansión asiática antes de cometer el error de abandonar su carrera por usted.

Ethan me miró como si acabara de conocerme.

—¿Por qué nunca me dijiste quién eras?

—Porque quería descubrir si podías amarme sin saberlo.

Hice una pausa.

—Ya tengo la respuesta.

Claire reaccionó primero.

—Esto no cambia nada. Ethan sigue siendo el padre de Mia.

—Correcto.

Deslicé una carpeta hacia ellos.

—Por eso todo lo relacionado con nuestra hija se resolverá legalmente.

Ethan ni siquiera tocó los documentos.

—Isabella, vine a llevarlas a casa.

—Ya estamos en casa.

Su mandíbula se tensó.

—Entonces tendremos una guerra.

—Ya la empezaste.

Mi director legal encendió la pantalla.

Aparecieron registros digitales de la campaña contra Monroe Global.

Transferencias.

Direcciones IP.

Correos.

Una de las empresas utilizadas pertenecía a Whitmore Capital.

Claire perdió el color.

—Eso no demuestra que yo hiciera nada.

—Todavía no.

Pasamos a la siguiente página.

Un correo enviado desde su cuenta corporativa autorizaba el pago a la agencia responsable de difundir el rumor.

Ethan giró lentamente hacia ella.

—Claire…

—Mi padre maneja esas empresas. Yo firmo cientos de cosas.

—¿También firmaste esto sin leer?

Claire abrió la boca.

No respondió.

Entonces entendí algo.

Ethan realmente no lo sabía.

Claire había utilizado su conflicto conmigo para atacar a Monroe Global, creyendo que podía obligarme a regresar antes de que mi verdadera identidad saliera a la luz.

Mi madre cerró la carpeta.

—Nuestros abogados ya iniciaron las acciones correspondientes.

Claire se levantó.

—Ethan, vámonos.

Pero él no se movió.

Por primera vez, no corrió detrás de ella.

Me miraba a mí.

—¿De verdad vas a divorciarte?

Saqué los documentos.

—Ya los presenté.

Su rostro se quebró.

—Fue una bofetada, Isabella.

La sala quedó completamente silenciosa.

Lo miré durante varios segundos.

—Exactamente.

—¿Vas a destruir cuatro años por un error?

Negué lentamente.

—No me fui por una bofetada.

Me levanté.

—Me fui por todas las veces que elegiste a Claire antes que a tu esposa. La bofetada simplemente consiguió que dejara de inventarte excusas.

Ethan bajó la mirada.

Claire intentó tocarle el brazo.

Esta vez él se apartó.

Pero ya era demasiado tarde.

Dos meses después, el divorcio estaba en marcha.

La campaña contra Monroe Global terminó convirtiéndose en un desastre para Whitmore Capital cuando la investigación interna llegó hasta sus directivos.

Yo recuperé mi antiguo puesto.

Mia empezó el jardín infantil en Londres.

Y Ethan descubrió finalmente algo que jamás había entendido durante nuestro matrimonio.

Yo nunca necesité su apellido.

Había renunciado voluntariamente al mío para construir una vida con él.

La última vez que nos vimos, después de una reunión con los abogados, Ethan me detuvo en el pasillo.

—Si hubiera sabido quién eras…

Me giré.

—Ese es precisamente el problema.

Él guardó silencio.

—Nunca debiste necesitar saber quién era mi familia para respetarme.

Tomé mi bolso.

—Solo necesitabas recordar que era tu esposa.

Y me marché.

Doce horas después de aquella bofetada, Ethan creyó que había perdido a una mujer enfadada.

Tardó mucho más en comprender la verdad.

Había perdido a una mujer que había dejado un imperio entero por él.

Y que jamás volvería a abandonarse a sí misma para recuperarlo.

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