PARTE 2: EL HIJO QUE NUNCA CONOCIÓ

—¿Dónde está?

La voz de Adrian tembló.

—Con una vecina. Vine sola porque… primero necesitaba saber si aceptarías conocerlo.

Adrian me miró incrédulo.

—¿Aceptar?

Se acercó.

—Luna, me quitaste cuatro años con mi hijo. ¿Y todavía crees que tendría que pensarlo?

Bajé la cabeza.

—Vas a casarte. No quiero destruir tu vida.

Su expresión cambió.

—Mi boda no es el problema ahora.


Una hora después llegamos al pequeño apartamento donde vivía.

Leo abrió la puerta corriendo.

—¡Mamá!

Se abrazó a mis piernas.

Entonces vio a Adrian.

El niño se quedó quieto.

Adrian también.

Era como mirar dos versiones de la misma persona separadas por treinta años.

Leo me susurró:

—¿Quién es ese señor?

Sentí que me faltaba el aire.

Me agaché.

—Es tu papá.

Adrian cerró los ojos.

Leo lo observó durante varios segundos.

Después hizo la pregunta que terminó de romperlo.

—¿Tú eres el papá que mamá decía que estaba muy lejos?

Adrian se arrodilló frente a él.

—Sí.

—¿Por qué nunca viniste?

Adrian me miró.

Tenía los ojos rojos.

—Porque no sabía que existías.

Leo pareció pensarlo.

Luego sacó un dibujo arrugado de su bolsillo.

Había tres personas tomadas de la mano.

—Siempre te dibujaba aunque no sabía tu cara.

Adrian dejó de contenerse.

Abrazó a su hijo.


Esa noche, mientras Leo dormía, Adrian me enfrentó.

—Voy a buscarte el mejor tratamiento disponible.

Negué.

—No regresé para que me salvaras.

—Pues qué pena.

Su voz se quebró.

—Ya decidiste sola una vez y me quitaste cuatro años. No volverás a decidir sola que tienes que morir.

—¿Y tu prometida?

Adrian guardó silencio.

Después sacó su teléfono.

—No existe ninguna prometida.

Lo miré confundida.

—Dijiste que ibas a casarte.

—Mentí.

—¿Por qué?

Sus ojos se clavaron en los míos.

—Porque quería saber si habías vuelto por mí.

Sentí que el corazón se detenía.

Adrian miró hacia la habitación donde dormía Leo.

—Pero ahora ya no importa por qué regresaste.

Tomó la pequeña mochila de nuestro hijo y la dejó junto a la puerta.

—Mañana iremos al hospital.

—Adrian…

—Cuatro años te busqué sin encontrarte.

Su voz bajó.

—Esta vez sé dónde estás.

Me miró fijamente.

—Y no pienso perderlos a ninguno de los dos otra vez.

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